<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446</id><updated>2011-12-08T10:55:33.747+01:00</updated><category term='TOMITÚ-N.L.'/><category term='TOMITÚ C.M.'/><category term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Mariposas Amarillas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>70</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2833270373676721434</id><published>2011-12-06T22:57:00.002+01:00</published><updated>2011-12-08T10:55:33.757+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Septiembre también existe</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La carretera es una autovía que sale de la capital como otra cualquiera. Dos carriles a cada lado que serpentean entre polígonos industriales y centros de ocio; altos edificios acristalados de oficinas, aviones que ensombrecen el cielo cuando se cruzan con el sol. Al cabo de un rato, después de que Luis y yo especulemos sobre las alternativas para llegar, bajo el mismo puente que recordaba a la altura de Alcolea del Pinar, aparece la indicación: Teruel. Las letras como si las acabaran de añadir, como puestas con prisa por alguien que las hubiera olvidado en el último momento. Desde ahí el paisaje cambia. Se vuelve uno solo: campo de trigo que amarillea con la luz intensa de la mañana. La ruta es una recta que no parece llevar a ningún lado. No hay horizonte; sólo la vena azulada por la que transita el coche y que corta la paz del llano. Incomprensiblemente guardamos silencio. Luis y yo no hemos parado de hablar desde que le recogí en la estación, sobre los amigos que volveremos a encontrar en la reunión de antiguos alumnos del colegio. Hace veinte años que no nos vemos. A mi lado, mi compañero escucha. Sonríe y no habla. Tal vez imagina otros chicos ahora agostados, esos con los que de niño jugaría junto a un guadual, y le arrebatarían mangos a un árbol bajo la mirada atenta del sol del trópico. Martín, mi hijo, no para de preguntar. Quiere saber por qué nos juntamos, para qué sirve verse después de tanto tiempo. Quiere acordarse de cuando estuvo en Teruel por última vez, pero le cuesta. Han pasado cuatro años de los ocho que tiene. Tras el desvío todos callamos. El motor del coche es un somnífero agradable que nos permite seguir imaginando todo.&lt;br /&gt;Pasado un tiempo que no puedo determinar Martín me llama en un grito: ¡mira mamá, en el cielo! Una sombra alargada avanza sobre nosotros. Me agacho tratando de no perder la atención en la carretera y las veo: un gran número de cigüeñas vuelan en bandada con idéntico rumbo que nosotros. Agitan sus alas a cámara lenta y son tan numerosas que es difícil de creer. Todos las miramos pero ninguno se atreve a nombrarlas. Sus largas patas acostadas en el viento, los cuellos estirados como queriendo mostrar algo: hablan por sí solas. Martín se queda esperando una explicación. Yo le hubiera dicho que esos pájaros, volando así, inesperadamente juntos, acompañándonos en nuestro silencio, deben de traer algo. Pero no sé cómo empezar a hablar. Sobre todo cuando un recuerdo me ha llegado de pronto y siento esa congoja. Casi no lo recordaba, pero es Teruel a dónde vamos, el Teruel de hace veinte años, el Teruel del colegio, de cuando niños. Y quiero nombrarlo, a Cantín, pero casi no lo recuerdo, necesito ensayarlo en voz alta. Entre Luis y yo hemos hecho un recorrido por todos los nombres que hemos sido capaces de recordar: Maripi, Gema, Dani, Patricia, Bernardo, Leo, Gonzalo, Maite, Toya…hemos especulado sobre quién nos encontraremos en las escaleras de atrás del colegio, donde nos hemos citado para hacernos una foto. La misma que año tras año nos hacían al acabar el curso. Luis López, Sergio Monforte, Valenciano…Pero yo no encuentro la forma de nombrarle a él. Que ya no está, como no está Cerdá y Luis sí ha sido capaz de dedicarle unos minutos de su memoria.&lt;br /&gt;Después, como una letanía, van llegando esos pueblos: Maranchón, el de las calles heladas; Molina de Aragón con la muralla que atraviesa el monte desde la lejanía, Monreal del campo: con mis padres solíamos parar a cenar cuando volvíamos los domingos de Madrid en El Botero. En el sótano había una discoteca a la que acudían los jóvenes de los alrededores, incluidos los de Teruel, y sobre los que mi padre solía decir que venían a emborracharse y buscar chicas que luego se llevaban a las habitaciones del Hostal que se erigía sobre el salón comedor donde cenábamos, y los hombres solos en las mesas miraban concentrados la televisión, el resumen de Estudio Estadio. Yo, hasta donde me alcanzaba mi necesidad de niña, me imaginaba el amor como algo mucho más dulce y sosegado que las discotecas y hombres descendidos de camiones.&lt;br /&gt;Ese último tramo hasta Teruel en aquel entonces era muy tedioso. Con mucha circulación y adelantamientos eternos. Ahora la nacional que llegaba desde Zaragoza ha sido transformada en una autovía como otra cualquiera que ha entrado en la provincia de Teruel para traer la civilización y la igualdad con el resto de España.&lt;br /&gt;¿Cuánto falta? Poco, le digo a mi hijo. Y otra vez estamos hablando.  &lt;br /&gt;Ahora que vuelvo, después de algún tiempo, siento que la nostalgia va más allá de los meros recuerdos. Es como enfrentar a la niña que fui con la mujer que soy. Las responsabilidades de ahora con las limpias ilusiones de entonces. Las prisas, los atascos, la vida bulliciosa de la ciudad en la que vivo, con las noches vacías de domingo del Teruel aquél, envejeciendo en la fuente Torán y en la Glorieta habitada apenas por las palomas.&lt;br /&gt;Luis habla como si no hubiera pasado el tiempo. Le brillan los ojos cada vez que se acuerda de algo nuevo. El hermano Gregorio. Las convivencias de Segorbe. Una mesa larga simulando la última cena. No somos ni de lejos los mismos. El es funcionario de prisiones en Lanzarote y yo farmacéutica en Madrid. Pero en esas convivencias estábamos todos. Y ¿cuántos años teníamos? ¿Trece? A Cantín ya le había pasado aquella fatalidad, y yo vagamente recuerdo haber intentado escribir sobre aquello. Lo que pasa es que uno nunca sabe bien si ese pantano de los recuerdos que es la niñez abraza también lo nunca sucedido, lo sólo imaginado y tal vez deseado. Lo que pasó y lo que no, parece sólo niebla, como la niebla de Unamuno. Pero prefiero no tratar de aclarar nada. Espero por si Luis se acuerda de él.&lt;br /&gt;En la carretera es la recta final. Llegan más pueblos, muy cerca ya de Teruel: Villarquemado, Cella…y le pregunto a Luis si él estuvo en excursiones como la del Monasterio de Piedra, o la de Ojos Negros esperando una explosión que nunca llegaba en una mina que ya no existe. O la del matadero. Yo me acuerdo de los trenes le digo, de los trenes llenos de carbón y nunca de pasajeros, cuando iba a la Moratilla. De coger moras con Maripi y Gema y Patricia junto al río, que siempre llevaba aguas marrones. Del olor de los plataneros con las ramas muy juntas que daban fresquito en verano. Del sabor de la Mirinda y las bolsas de papas, porque eran papas y no patatas como en Madrid, como las pipas eran La Cumbre y nunca más las volví a ver en la capital. Eso era cuando todavía mis veranos no eran de mar, sólo eran de Teruel.&lt;br /&gt;Ya enfilamos la recta con los cruces del polígono industrial que está a las afueras de la ciudad. El restaurante El Milagro donde se celebraban las comuniones. ¿Y la confirmación? En la confirmación también estábamos todos. La hicimos en San José, en la iglesia nueva. Con Don Pío. Don Pío que venía a cenar un par de veces al año a mi casa y después se quedaba jugando a las cartas con mis padres y llenaba la casa con sus risotadas. Y ahora, que me quedan tan a desmano las iglesias, ahora que mi hijo ni siquiera va a hacer la comunión, hasta eso lo recuerdo con cariño. Después de la confirmación a algunos nos quedaba poco para marcharnos. Para separarnos. Como a Luis, como a Guillermo Larraz, como a Mayka, la sevillana, como a mí. Como a nosotros que nuestros padres no eran de Teruel, pero la casualidad nos había llevado a aquel mismo rincón frío y cálido a la vez.&lt;br /&gt;Mi hijo, mi amor, Luis y yo, todos atentos porque en el horizonte ya se ven algunas torres más altas que anuncian que hemos llegado. En seguida tratamos de explicar Luis y yo las torres mudéjares: su número, su nombre, su historia. Pero no nos podemos de acuerdo. También se ve el seminario, algo de la catedral. Nos desviamos por la primera entrada y dejamos el parador a la izquierda. Martín me pregunta ¿y qué vamos a hacer nosotros mientras vosotros vais a comer mamá? Qué aburrimiento. Pero yo confío en la curiosidad de mi querido amor, que quiere ver ese torico del que yo le he hablado, y que sin saberlo los turolenses, trasciende fronteras; los amantes que yo le he recitado “por vos viví, por vos muero”. Y no paramos en ningún sitio porque vamos con la hora justa. Directos al colegio. Y aunque queremos hablar, Luis y yo otra vez callamos. Subimos por la Cuesta de San Francisco y aparece un Óvalo muy cambiado. Para mí no tanto porque hasta hace pocos años he seguido viniendo, pero Luis no entiende nada. Para poder llegar al viaducto nuevo (que Luis tampoco conoce), tenemos que subir obligatoriamente por la calle Joaquín Arnau, girar bajo la escalinata y llegar al colegio de médicos, donde está la entrada del parking de la Plaza de San Juan. Un parking dice Luis. No sabía. Sí que ha crecido Teruel. Pero no ha crecido. Hemos crecido nosotros, y aún así queremos volver a vernos. Cruzamos el viaducto nuevo y Luis le cuenta a Martín la vieja leyenda de la mujer que se tiró del puente antiguo y la diferencia que hay entre un viaducto y un acueducto. Y la visión de La Salle se hace fuerte desde allí arriba y aminoro el paso y nos volvemos a callar. Las mismas montañas arcillosas rodeando el colegio. Salimos a la avenida de Sagunto y yo me acuerdo de donde vivía Bernardo y se lo digo a Luis, y él me recuerda dónde vivía él, un poco más arriba de la tienda donde comprábamos chuches y flases en verano antes de entrar a clase por la tarde. Casi, casi, frente a la entrada del colegio y yo le digo si no sería vecino él de Maria José Colmenero. La hija del dueño del taller de al lado. Cerca del edificio donde vivían Mayte y Elena. Y al nombrarla me sorprendo yo misma de acordarme de su nombre, como me sorprendo al recordar cualquier otra cosa desde que salí de Madrid. Como si todas y cada una de las cosas que nombro en mi relato hubieran estado dormidas más de 20 años.&lt;br /&gt;Por fin encaramos la cuesta que sube a La Salle. Entonces detengo el coche. Martín protesta. Quiero mirar bien esa cuesta. Esas escaleras. Y sucede. Sucede que todo me parece muy pequeño. Muy cortita la cuesta. Demasiado cortita para lo larga que se le hacía a mi madre cuando la tenía que subir en primera tirando del aire para que no se le calara el Ford fiesta en el que nos llevaba las mañanas heladas de invierno. Me parecen cortitas las escaleras que se me hacían eternas de subir y gloriosas de bajar cuando iba y venía caminando al colegio. Y me da brinquitos el corazón, como cuando uno sabe que algo bueno va a suceder inevitablemente, como esperar un beso con trece años en la umbría de un portal. Subimos. ¡Subamos, subamos! me dicen, me exigen. Sí, va, ya subimos. Y al ir llegando e ir viendo poco a poco aparecer las escaleras, el lugar del encuentro, los vemos a ellos, desordenados, saludándose, riéndose, sorprendidos, confundidos, desconocidos: nuestros amigos. Los niños que fuimos todos nosotros.&lt;br /&gt;Luis y yo nos bajamos corriendo del coche, buscamos en cada cara un nombre, un abrazo, un recuerdo. Mi amor nos observa, cómplice de mi alegría. Martín es el único que se ha quedado en el coche. Con la frente apoyada en el cristal es el único que embobado se queda mirando las cigüeñas que han llegado con nosotros sin saberlo. Vuelan, y con su vuelo dibujan una flecha en el cielo. Ordenaditas, castellanas, aragonesas, quieren decirnos algo, quieren traernos algo.Tal vez un septiembre distinto, que como Teruel, también existe.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2833270373676721434?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2833270373676721434/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2833270373676721434&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2833270373676721434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2833270373676721434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2011/12/septiembre-tambien-existe.html' title='Septiembre también existe'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5211002118400526975</id><published>2011-11-01T19:40:00.003+01:00</published><updated>2011-11-01T19:50:43.086+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Más allá del amor</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt; Todo nos amenaza:&lt;br /&gt;el tiempo, que en vivientes fragmentos divide&lt;br /&gt;al que fui&lt;br /&gt;      del que seré,&lt;br /&gt;como el machete a la culebra...&lt;br /&gt;Octavio Paz&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La miró a los ojos, la escrudiñó, pero no vio ese brillo de otros años. Sólo vio la desolación en su mirada; la historia ininterrumpida de sufrimientos que ahora traía en ellos. La miró y descubrió sus desamores, esos golpes bajos de la vida; su soledad infinita; la tragedia del ser humano en un mundo repleto de traición y de mentiras; de maldad y de odio; de engaño y de muerte; de drogas y de deseos nunca satisfechos. Donde los deseos de los hombres son superiores a todo sentimiento valioso. La siguió mirando y descubrió la tundra de su desgracia. No supo qué decir. Ella, sin llegar a verlo, le mantuvo firme su mirada perdida, su mirada glacial; una mirada que quizás en otros tiempos abrigó el fuego del amor. Era una mirada tan parecida a la de un ciego abandonado en medio de la calle. Él creyó, por un momento, reconocer que en sus ojos ese rayo apagado podría volver a iluminar la esperanza de la vida y que podría de alguna manera brindar una última ayuda, pero se sintió torpe e impotente. Se quedó clavado en su sitio viendo como ella se perdía entre la bruma.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5211002118400526975?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5211002118400526975/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5211002118400526975&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5211002118400526975'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5211002118400526975'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2011/11/mas-alla-del-amor.html' title='Más allá del amor'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5817885279291607197</id><published>2011-04-09T23:03:00.000+02:00</published><updated>2011-04-09T23:04:06.711+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ-N.L.'/><title type='text'>Prima aprilis</title><content type='html'>Hoy prometieron&lt;br /&gt;grandes cosas:&lt;br /&gt;se acabará la inflación,&lt;br /&gt;los pobres&lt;br /&gt;dejarán de ser pobres,&lt;br /&gt;(de los ricos&lt;br /&gt;no dijeron nada),&lt;br /&gt;cada mujer &lt;br /&gt;recibirá una rosa azul,&lt;br /&gt;no habrá&lt;br /&gt;más torturados,&lt;br /&gt;ni más violaciones,&lt;br /&gt;se cumplirá&lt;br /&gt;el quinto mandamiento.&lt;br /&gt;Se acabará el racismo,&lt;br /&gt;(de la xenofobia&lt;br /&gt;tampoco dijeron nada),&lt;br /&gt;todos seremos &lt;br /&gt;del mismo color,&lt;br /&gt;el pan&lt;br /&gt;será más barato,&lt;br /&gt;la vida&lt;br /&gt;más alegre,&lt;br /&gt;los árboles&lt;br /&gt;más verdes,&lt;br /&gt;cada niño&lt;br /&gt;tendrá &lt;br /&gt;un juguete nuevo.&lt;br /&gt;¿Cuándo empezarán&lt;br /&gt;estas proezas?&lt;br /&gt;¡Prima aprilis poeta!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5817885279291607197?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5817885279291607197/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5817885279291607197&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5817885279291607197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5817885279291607197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2011/04/prima-aprilis.html' title='Prima aprilis'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6766851214884384929</id><published>2011-01-13T23:17:00.009+01:00</published><updated>2011-01-14T22:44:18.268+01:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Como la cigarra&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ayer murió Maria Elena Walsh. La conocí porque alguien me acercó su música cuando de bebé mi hijo me reclamaba canciones para dormir. Me conmovía a mí misma susurrándole cuentos tiernos, como El adivinador y La vaca estudiosa a ritmo de carnavalito o de vidala. Después, de pura curiosidad, descubrí que era una suerte de poetisa- juglar. Y que además de escribir poesía y componer canciones infantiles, publicó un buen número de novelas. Al otro lado del mundo, hoy la colman de homenajes. Aquí tal vez la demos a conocer tímidamente a través de una hermosa canción cantada por muchos. Todavía hoy, cuando muy de vez en cuando, mi hijo de nueve años me pide que le cante algo para dormir, me sorprendo habiendo olvidado todo lo de mi infancia. Y él ya no espera La tarara, sino el Jacarandá.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tantas veces me mataron,&lt;br /&gt;tantas veces me morí,&lt;br /&gt;sin embargo estoy aquí&lt;br /&gt;resucitando.&lt;br /&gt;Gracias doy a la desgracia&lt;br /&gt;y a la mano con puñal&lt;br /&gt;porque me mató tan mal,&lt;br /&gt;y seguí cantando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cantando al sol como la cigarra&lt;br /&gt;después de un año bajo la tierra,&lt;br /&gt;igual que sobreviviente&lt;br /&gt;que vuelve de la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tantas veces me borraron,&lt;br /&gt;tantas desaparecí,&lt;br /&gt;a mi propio entierro fui&lt;br /&gt;sola y llorando.&lt;br /&gt;Hice un nudo en el pañuelo&lt;br /&gt;pero me olvidé después&lt;br /&gt;que no era la única vez,&lt;br /&gt;y volví cantando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tantas veces te mataron,&lt;br /&gt;tantas resucitarás,&lt;br /&gt;tantas noches pasarás&lt;br /&gt;desesperando.&lt;br /&gt;A la hora del naufragio&lt;br /&gt;y la de la oscuridad&lt;br /&gt;alguien te rescatará&lt;br /&gt;para ir cantando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la cigarra, 1972&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Letra María Elena Walsh, cantan Renato Teixeira y León Gieco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=3d171fc" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6766851214884384929?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6766851214884384929/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6766851214884384929&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6766851214884384929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6766851214884384929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2011/01/vuelo-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2659748394758180227</id><published>2010-12-18T23:29:00.007+01:00</published><updated>2010-12-19T13:28:38.771+01:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Vamos a ver&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Música Iberoamericana del Mundo. Así rezan las siglas de un sello que corona el último disco de Osvaldo Ciccioli. Mi amigo. Compañero tal vez de otros tiempos: tiempos de guitarra al hombro, de puestito en el Retiro, tiempo de perder trenes, de leer a Inodoro Pereyra y cebar mates con los dedos helados frente a un estanque yerto…Las canciones de Voy y vuelvo —será esa la letanía eterna de los que se van lejos de su tierra— tienen “aires” folclóricos, que hacen de su música de autor una mezcla valiosa, que creo yo, habría que defender a toda costa. Al fin y al cabo en la mezcla (así se llamó su primer disco “Mezcla, en Libertad”, haciendo referencia al conocido café madrileño) está la riqueza. Por supuesto esos aires llegan del norte argentino: chacareras, huaynos, zambas… porque Osvaldo nació a los pies de la cordillera andina. Pero tal vez podría (junto con otros muchos músicos) estar abriendo una nueva grieta en la música de autor, una suerte de corriente musical que albergase otras mezclas, otros ritmos provenientes de cualquier país de habla hispana para compartirlos con el mundo. ¿Sería posible una ambición más hermosa, o una hermosura más ambiciosa? Vendría a ser una especie de revolución bolivariana o sanmartiniana musical. Como dice Osvaldo en una de sus canciones: Vamos a ver…&lt;br /&gt;Chicho presenta su disco "Voy y vuelvo" en la sala Galileo Galilei el  martes 21 de diciembre   de 2010 (&lt;a href="http://www.salagalileo.es/programa/programa.php?p=1&amp;amp;s=1/"&gt;www.salagalileo.es/programa/programa.php?p=1&amp;amp;s=1&lt;/a&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Letra y música: Osvaldo Ciccioli; voces: Osvaldo Ciccioli y León Gieco&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=170b8b6" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2659748394758180227?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2659748394758180227/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2659748394758180227&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2659748394758180227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2659748394758180227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/12/vuelos-mariposas.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4123513977168526730</id><published>2010-12-06T22:48:00.009+01:00</published><updated>2010-12-18T23:30:25.314+01:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Juan Manuel Ramos&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;La otra orilla&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Carmen, Conchi, Ignacio, Nacianceno&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;A la otra orilla del mar,&lt;br /&gt;Más allá de la bruma de los barcos,&lt;br /&gt;Pasean mis amigos por plazas azules,&lt;br /&gt;Calles amarillas y callejones secretos&lt;br /&gt;Color carmín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tierra poblada de torres y almenas                                         &lt;br /&gt;Donde se asoma el pasado,       &lt;br /&gt;Sombra suplicante,                                               &lt;br /&gt;Anhelo de reconquista,&lt;br /&gt;De un mítico reino&lt;br /&gt;Cubierto de diáfano velo.&lt;br /&gt;                                                                              &lt;br /&gt;Línea difusa del tiempo                                        &lt;br /&gt;Por la que se vislumbran,                                                                                                                                                                             &lt;br /&gt;Desdibujados,&lt;br /&gt;Molinos de viento y nubes.&lt;br /&gt;Guerreros vigilantes&lt;br /&gt;De nuestro blanco camino&lt;br /&gt;Poblado de signos verdes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Campo de flores naranjas y amarillas,                     &lt;br /&gt;Donde las horas se detienen                             &lt;br /&gt;A contemplar su danza.&lt;br /&gt;Sonata del sol y el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rojo intenso que transfigura&lt;br /&gt;La nieve perpetua de la historia,&lt;br /&gt;En verdor liberado de las sombras,&lt;br /&gt;Recintos de erotismo y misticismo,&lt;br /&gt;Poesía geométrica que invita al silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la otra orilla del mar,&lt;br /&gt;Bajo la sombra de las violetas,&lt;br /&gt;Como suave brisa, pasean mis amigos,&lt;br /&gt;Por arcos de luz, caminos, enredaderas,&lt;br /&gt;Eterno retorno a la fuente cristalina,&lt;br /&gt;Prodigioso encuentro con el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Savia por la que fluye la intensidad,                                                             &lt;br /&gt;Esa que impulsa al niño&lt;br /&gt;A jugar con las palomas en la tarde.&lt;br /&gt;Aves que al volar,&lt;br /&gt;Iluminan el cielo de azul, rosa y blanco.&lt;br /&gt;Aleteo del que surgen signos, trazos y sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento, con suave soplo,&lt;br /&gt;Las convierte en palabras encantadas,&lt;br /&gt;Para luego dejarlas caer,&lt;br /&gt;Como fina lluvia,&lt;br /&gt;Transformadas en trigo, flores y vino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la otra orilla del mar,&lt;br /&gt;Más allá de la bruma de los barcos,&lt;br /&gt;Pasean mis amigos por&lt;br /&gt;Atardeceres de sonrisas encendidas,&lt;br /&gt;Mesas cubiertas de flores&lt;br /&gt;Amarillas, rojas y blancas,&lt;br /&gt;Plazas llenas de bullicio,&lt;br /&gt;Aroma de café, botellas jubilosas,&lt;br /&gt;Melodía de cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí,&lt;br /&gt;Caminé una tarde,&lt;br /&gt;Solitario,&lt;br /&gt;Bajo un cielo luminoso,&lt;br /&gt;Azul y rosado.&lt;br /&gt;La primavera&lt;br /&gt;No tenía prisa en irse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Instante de luz,&lt;br /&gt;Portal del tiempo,&lt;br /&gt;Por el que surgieron&lt;br /&gt;Mis amigos,&lt;br /&gt;Con ojos bañados de quietud,&lt;br /&gt;Para cobijarme&lt;br /&gt;Con su cálida compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al caer la noche,&lt;br /&gt;Rodeado de libros y&lt;br /&gt;Palabras extraviadas,&lt;br /&gt;Me llegan destellos,&lt;br /&gt;Susurros,&lt;br /&gt;De aquella tierra&lt;br /&gt;Pintada de colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dirás que desde esta orilla,&lt;br /&gt;Solo se alcanza a mirar&lt;br /&gt;La inmensidad del cielo&lt;br /&gt;Tatuado de estrellas.&lt;br /&gt;Pero la otra orilla,&lt;br /&gt;Donde viven mis amigos,&lt;br /&gt;La llevo escondida, como piedra preciosa,&lt;br /&gt;En la palma de mi mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset; background-color: rgb(17, 51, 85); background-image: none; background-repeat: repeat; background-attachment: scroll; background-position: 0% 0%; -moz-background-size: auto auto; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es un placer para nosotros invitar a pasar a Juan Manuel Ramos a este espacio, donde siempre será bien recibido. Él vino de México, compartimos calles, literatura, risas. Y luego nos regaló unos versos que hablan de la amistad, de la distancia que con palabras mágicas como estas se puede hacer desaparecer... y como de todos es sabido que uno debe dar lo que espera, para que el círculo se cierre, ahí los queremos compartir, con nuestros lectores, conocidos y anónimos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4123513977168526730?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4123513977168526730/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4123513977168526730&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4123513977168526730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4123513977168526730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/12/de-otras-plumas.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2041115336336962456</id><published>2010-11-16T20:47:00.001+01:00</published><updated>2010-11-16T20:50:37.461+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ-N.L.'/><title type='text'>Cuando por fin llegues</title><content type='html'>Cuando por fin llegues,&lt;br /&gt;ya no serás ni carne,&lt;br /&gt;ni sangre, ni huesos;&lt;br /&gt;serás acaso una foto,&lt;br /&gt;un recuerdo,&lt;br /&gt;un suspiro,&lt;br /&gt;un grito de dolor;&lt;br /&gt;las lágrimas&lt;br /&gt;que me calcinan:&lt;br /&gt;serás sólo eso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2041115336336962456?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2041115336336962456/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2041115336336962456&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2041115336336962456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2041115336336962456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/11/cuando-por-fin-llegues.html' title='Cuando por fin llegues'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-523365393291275656</id><published>2010-11-10T00:02:00.008+01:00</published><updated>2010-11-13T11:54:33.092+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Es de mar</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Marina  recorre el trecho desde la puerta  de la casa hasta la valla del jardín con pasos cortos y rápidos. Al momento siente tras de sí una presencia cálida y húmeda que roza sus tobillos desnudos. Vuelve la cabeza con sobresalto y el flequillo dorado le cubre por completo los ojos.&lt;br /&gt;—¡Chssss! No puedes venir conmigo, Truco —el corazón se le ha acelerado de pronto y agita una mano de atrás hacia adelante, al tiempo que se aprieta el dedo índice contra los labios temblorosos.&lt;br /&gt;El labrador de pelo amarillo inclina las orejas, obediente, se sienta sin apartar la vista de la niña, que aprovecha para salir disparada. El perro se acuesta y reposa la cabeza sobre sus patas delanteras emitiendo un gemido lacónico. La puerta metálica  —con la pintura cobalto desvaída— se queda batiendo con la brisa que llega del mar.&lt;br /&gt;Dentro de la casa sólo hay quietud. En la oscuridad interior se filtran los primeros rayos del día por las rendijas de las persianas como si fueran los agujeros de un colador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía dos años que habían comprado la casa. Entonces las paredes exteriores eran de un azul anodino y desgastado por el viento y la sal; todavía la encontraron con el cartel de se vende cuando llegaron. Lo primero que hicieron Fran y María el día que se fueron a vivir junto al faro fue pintar la casa de azul añil, como el cielo de los días claros de invierno; como el extenso mar que se perdía tras el acantilado, en cuyo filo descansaba la casa, expuesta a los fuertes vientos del sureste.&lt;br /&gt;Al principio Marina tuvo miedo. No alcanzaba a entender por qué su padre había aceptado un trabajo tan extraño como cuidar de un faro, si él mismo le había explicado que aquella gigantesca linterna era controlada de forma mecánica, y la mano del hombre no era necesaria para asegurar su correcto funcionamiento. Por las noches el viento aullaba con un quejido siniestro y cuando la luna estaba llena, su claridad era lo  único que parecía tranquilizar a la niña, que se quedaba dormida contemplando aquella redondez enmarcada en la ventana de su habitación. Desde su cama también podía divisar el faro: una torre alta de ladrillo coronada por la luz giratoria que nunca cesaba. Se imaginaba los barcos bogando en la noche hipnotizados por el haz de luz que crecía de repente. En una conversación había escuchado a sus padres hablar de un transatlántico que había zozobrado frente a aquellas costas hacía más de un siglo, donde casi todo el pasaje había perecido.&lt;br /&gt;Un día no pudo más y se metió en la cama de su hermano.&lt;br /&gt;—Martín, me da miedo el viento.&lt;br /&gt;—El viento sólo es viento. Además, ya va siendo hora de que te hagas mayor.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, mientras su madre conducía de camino a la ciudad descendiendo por el sendero abierto entre las chumberas y las siemprevivas, la cabeza de Marina volaba hacia otro lugar. Pensaba en la propuesta que le había hecho su hermano. Una especie de conjuro para ahuyentar el miedo y convertirse en parte de aquel lugar dominado por las olas y el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Truco sigue tumbado frente a la puerta. No se moverá hasta que ella regrese. Desde hace semanas, casi cada domingo, mientras sus amos duermen, el perro ve salir a la niña ignorante de su paradero. Le tiemblan las patas y el pecho, nervioso, las ganas de seguirla contenidas, el sol obligándole a guiñar los ojos, los charranes gritando en la lejanía.&lt;br /&gt;Marina corre hacia el camino que discurre a los pies del faro, ahora es fácil encontrar el lugar que le mostró su hermano. Sabe que tiene el tiempo justo, antes de que sus padres se despierten y la echen en falta. El cielo todavía está cubierto de brumas y el mar salpicado de veleros, que se pierden insignificantes en el horizonte. El faro se levanta como estampado en un lienzo de fondo azul. Se deja resbalar por un terraplén hasta llegar a la playa de piedras formada algún día de manera natural. Inspira con fuerza hasta llenarse el pecho de aire, cuenta hasta tres y echa a correr. Al final de la ensenada se alzan las rocas que dibujan el perfil del acantilado. En seguida llega a  la base del promontorio; está muy agitada y casi no puede contener la risa. El miedo se ha esfumado, es valiente y eso le hace reír en voz alta. Su hermano le dijo que ella, como todos los suyos es de mar, y por eso no puede evitar repetirlo una y otra vez.&lt;br /&gt;Coloca las manos en una piedra que sobresale y empieza a trepar. Estira los brazos y se ayuda de los pies. Poco a poco avanza entre las rocas filamentosas entibiadas por el sol. Al rato se detiene a tomar aliento y al levantar la cabeza para continuar sus ojos se tropiezan con unos ojos amarillos que le observan inquietos. Es una gaviota posada a la altura de su cara. A esa breve distancia se le antoja enorme. El pájaro se sacude la humedad gris de las plumas sin dejar de observar a Marina.&lt;br /&gt;—Tranquila amiguita. Voy a saltar.&lt;br /&gt;La gaviota se despelucha y sacude la cabeza al tiempo que lanza un graznido corto.&lt;br /&gt;La niña se sienta para juntar valor y echa un vistazo a su casa: las ventanas del piso de arriba con las persianas bajadas. “Truco me estará esperando con las orejas tiesas. Seguro”. Busca al perro, pero desde allí no lo ve. Se imagina su regreso, empapada y con la cara salada. Se tirará al suelo sobre las baldosas calientes. Se dejará lamer por el animal para que borre el rastro del mar en su piel. Ahogará en un grito las cosquillas que le hará con su lengua áspera y blanda. El perro cerrará los ojos mientras lame el sabor dulce de su piel de niña.&lt;br /&gt;Es el momento: se coloca sobre la piedra plana que hay frente a ella y se mira los pies: ya se han secado. “Lo más importante es tener los pies secos” se dice recordando las palabras de su hermano. Da un paso adelante, aprieta los brazos contra el cuerpo y levanta la mirada. Hay un grupo de islas pequeñas en el mar que parecen hormigas. En el centro destaca una con un pequeño torreón que parece ser la reina. Siente un escalofrío,  el viento empieza a refrescar. Ese viejo enemigo que ya no es sino viento. Viento que silba, que canta, viento que habla… sólo ella puede escuchar sus propias palabras que se sorprende diciendo en voz alta.&lt;br /&gt;Se levanta sobre las puntas de los pies, toma impulso y salta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Relato modificado del original &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Es de mar&lt;/span&gt;, publicado en el IV Libro de la Escuela de Escritores de Madrid, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Arena en los zapatos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-523365393291275656?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/523365393291275656/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=523365393291275656&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/523365393291275656'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/523365393291275656'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/11/es-de-mar.html' title='Es de mar'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5199970874552237319</id><published>2010-11-10T00:02:00.006+01:00</published><updated>2010-11-10T08:57:50.405+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Se busca</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sé por qué se lo permití, si nunca lo había dejado ir solo a un baño público. Ese día mi mujer estaba harta de todo: el calor, los mosquitos, las hormigas que se subían por las paredes de la casa de mis amigos donde nos hospedamos. Luego sentada en el parque en una banca de losa, con ese calor insoportable de Pasorrial, sintió cómo se le subían pierna arriba las hormigas (menos mal que no picaban) y esa fue la gota que rebosó el vaso. Ni siquiera se inmutó porque dejé ir a mi hijo Santi solo a ese maldito baño. De todos modos yo caminé unos pasos y  me paré, desde donde controlaba con la mirada, la salida del baño. Mi mujer en cambio, siguió su camino sin esperarnos, acompañada de nuestra hija Andrea. Estuve mucho tiempo parado, con los ojos puestos en el lugar por donde esperaba ver salir a Santiago. A veces, pero por un espacio corto, desviaba la mirada al lugar donde estaba mi mujer mirando vitrinas y se iba alejando cada vez más. Eso era lo que más la entretenía, mirar las vitrinas y las revistas de moda repletas de modelos flacuchentas que siempre me dejaban la impresión de que se iban a desbaratar en cualquier momento. Ya había empezado a preocuparme por la tardanza de Santi, pero pensaba que le debía dar tiempo; primero porque quizás había cola y segundo porque después de hacer pipi, cumpliría con ese ritual, tan escaso en la gente, de lavarse las manos con agua y jabón como las leyes del aseo personal mandan. Santiago vivía lavándose las manos todo el día; creo que exageré con esa costumbre de limpieza. En el parque, cada vez que tocaba la arena y se le pegaba a sus manitas, corría a lavarse las manos. Recuerdo mucho lo que nos decía la abuela Deyanira « ¡Ay mijito! Pobres, pero limpios».&lt;br /&gt;No he podido entender qué fuerza me tuvo amarrado al suelo sin reaccionar, qué me llevó a permanecer tan tranquilo durante tanto tiempo al ver que Santi no salía de ese jodido baño. Mi mujer desde lejos me hacía señas con la mano para que apurara. La calle ardía de gente que me estrujaba al pasar. De repente me vi contra la corriente y empecé a caminar en dirección de los baños a donde había entrado mi hijo.&lt;br /&gt;Había mucho movimiento de gente que entraba y salía, pero Santi no salía. Yo le había dicho que lo esperaría afuera. Empecé a caminar a zancadas para alcanzar la salida de los baños; salida para los que salían y la entrada para los que entraban, pero el ímpetu de la muchedumbre me dificultaba llegar. Era como un río de aguas turbulentas. Parecía como si la calle se hubiese enloquecido, como las hormigas alborotadas que van y vienen a gran velocidad, con la única diferencia de que las hormigas no se estrellan entre sí y a mí la gente parecía no verme. Los hombres no saben caminar en tumulto, o se tropiezan a cada rato o te empujan. Cuando por fin logré llegar a la entrada, me metí al baño  y busqué entre la gente a Santiago. No estaba en los orinales, ni sentado en los inodoros, porque tocaba en cada puerta y lo llamaba por su nombre «¡Santi, Santi, Santi», lo repetía en voz alta. Las personas que estaban allí en el mismo recinto me miraban como miran a un loco que grita.&lt;br /&gt;De eso hace quince años cuando Santi se esfumó en un baño público de la calle Pedro de Heredia. Era jueves, recuerdo. Lo buscamos por todas partes, ofrecimos recompensas y pusimos avisos en los periódicos y en la radio y pegamos fotografías, con el maldito se busca, por todas las calles sin ningún resultado. No obstante cada cierto tiempo voy por allí con la esperanza de encontrarlo. Si alguien sabe del paradero de un hombre que cuando niño se perdió en Pasorrial, pido que me lo informen de inmediato.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5199970874552237319?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5199970874552237319/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5199970874552237319&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5199970874552237319'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5199970874552237319'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/11/se-busca.html' title='Se busca'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6487091702135271944</id><published>2010-06-07T23:15:00.007+02:00</published><updated>2010-06-07T23:40:04.157+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>Las ausencias son a veces terribles. Y el abandonado, como dice González, puede convertirse en un ciego que estira los brazos contra el viento, o en un mero cuerpo: oscuro, torpe, malo. Pero también eso, como la poesía, es parte de la vida, o más allá, la vida misma…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Muerte en el olvido&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Yo sé que existo&lt;br /&gt;porque tú me imaginas.&lt;br /&gt;Soy alto porque tú me crees&lt;br /&gt;alto, y limpio porque tú me miras&lt;br /&gt;con buenos ojos,&lt;br /&gt;con mirada limpia.&lt;br /&gt;Tu pensamiento me hace&lt;br /&gt;inteligente, y en tu sencilla&lt;br /&gt;ternura, yo soy también sencillo&lt;br /&gt;y bondadoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;             Pero si tú me olvidas&lt;br /&gt;quedaré muerto sin que nadie&lt;br /&gt;lo sepa. Verán viva&lt;br /&gt;mi carne, pero será otro hombre&lt;br /&gt;-oscuro, torpe, malo- el que la habita...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=30bb634" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Me he quedado sin pulso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he quedado sin pulso y sin aliento&lt;br /&gt;separado de ti. Cuando respiro,&lt;br /&gt;el aire se me vuelve en un suspiro&lt;br /&gt;y en polvo el corazón de desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que sienta tu ausencia el sentimiento.&lt;br /&gt;Es que la siente el cuerpo. No te miro.&lt;br /&gt;No te puedo tocar por más que estiro&lt;br /&gt;los brazos como un ciego contra el viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo estaba detrás de tu figura.&lt;br /&gt;Ausente tú, detrás todo de nada,&lt;br /&gt;borroso yermo en el que desespero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no tiene paisaje mi amargura.&lt;br /&gt;Prendida de tu ausencia mi mirada,&lt;br /&gt;contra todo me doy, ciego me hiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=0bad603" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;Poemas de Ángel González&lt;br /&gt;Música de Pedro Guerra&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6487091702135271944?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6487091702135271944/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6487091702135271944&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6487091702135271944'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6487091702135271944'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/06/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-8798414110586789813</id><published>2010-05-17T23:32:00.016+02:00</published><updated>2010-11-15T23:02:19.154+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Zárate</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Relato modificado del original "Zárate", publicado en el II Libro de la Escuela de Escritores de Madrid, "Tusitala".&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El día que a Mauricio se le ocurrió viajar a Zárate amaneció lleno de nubes. Cuando me desperté supuse que la madrugada había llegado con una tregua frente al calor sofocante de los últimos días, ya que durante la noche alguien había cerrado la ventana del dormitorio, y las nubes negras que asomaban tras el cristal, cargadas de lluvia, no eran habituales en el verano porteño. La casa estaba en silencio, tan sólo percibí la respiración profunda de un bebé que me llenó de calma. A mi lado las sábanas arrugadas delataban la ausencia de mi compañero. Me asomé a los pies de la cama donde habíamos colocado la cuna de Mateo y lo vi durmiendo boca arriba con los brazos y las piernas trazando la silueta de un espadachín diminuto y tierno. Sonreí y pensé que las cosas, después de todo, no andaban tan mal. Me levanté y arrastré los pies hasta el humilde cuarto de aseo.&lt;br /&gt;—Nos vamos a ver a mi padre.&lt;br /&gt;Encontré a Mauricio con la cara llena de entusiasmo y de espuma de afeitar en el espejo. Me restregué los ojos y le empujé suavemente con la cadera haciéndome un sitio delante del lavabo, a la vez que giraba el grifo del agua fría para aumentar el caudal de la canilla. Él comenzó un gesto de protesta alzando las cejas, pero acabó siendo una sonrisa llena de malicia. Sentí su vientre que se apretaba contra mí.&lt;br /&gt;—¿EL enano duerme?—me dijo a modo de propuesta.&lt;br /&gt;Imaginé que habría tomado la decisión la noche antes, cuando se quedó hasta tarde conversando con su madre y Ana Julia después de la cena, pero no le pregunté nada. Yo había optado por retirarme a contarles un cuento a los niños y respetar esa intimidad que parece ligada a la sangre.&lt;br /&gt;Hacía más de diez años que Mauricio había emigrado a Madrid-entre nosotros llamábamos a las cosas por su nombre- y cinco que vivíamos juntos. En ese tiempo yo apenas le había escuchado hablar dos o tres veces con su padre por teléfono, una de ellas cuando le habían operado de una hernia que lo había tenido en cama durante meses. Nunca se habían vuelto a ver.&lt;br /&gt;Como en nuestras anteriores visitas a Buenos Aires, los días transcurrían en un clima perfecto. El hijo pródigo volvía, dejando claro que las oportunidades las brindaba Europa, las cosas nos iban muy bien y ni hablar de volver a la Argentina. Por el lado de ellas todo eran cariños, y orgullo por el hombre de la casa, conversaciones almibaradas sobre las virtudes de un hombre que se había educado en el liceo militar, en ausencia absoluta del padre, sólo ensombrecidas de vez en cuando por alguna puteada contra el gobierno, la inflación, y las dificultades para vivir dignamente en un país por momentos anacrónico. Yo, por lo general me autoexcluía de esas charlas, demasiado adulteradas por la irrealidad y el consenso familiar. La llegada de Pablo, el marido de Ana Julia, y los sobrinos de Mauricio suponía un soplo de aire nuevo en esas reuniones de sobremesa. Con el nacimiento de Mateo, las vacaciones transcurrían entorno a los chicos. Nos metíamos los ocho en la camioneta de Pablo, con carritos incluidos, quebrantando todas las leyes de tráfico y del sentido común —como sólo podían concebirse las cosas allá— y viajábamos hasta Pilar, donde alquilaban por temporadas un country, y disfrutábamos de un asado preparado con el cuidado y la calma de los ascetas.&lt;br /&gt;El triángulo Mauricio-mamá-Ana Julia jamás se rompía. Los demás girábamos alrededor como electrones desordenados, necesarios pero intercambiables, como si nunca hubiera existido un cuarto vértice, ahora imposible, que hiciese la figura inicialmente otra; una más cabal, menos perfecta pero más humana: Rubén. Mauricio hablaba poco de él, pero su mamá había ido filtrando la historia a lo largo de los años. Era un cuento conocido. Un padre arrastrado por la desocupación, por la falta de esperanza en el medio rural de un país ambiguo, que se había desentendido de sus hijos, tal vez traídos al mundo siendo demasiado jóvenes los dos. Alguien inconstante en el trabajo, siempre tentado por el dinero fácil. Y luego todo se había ido pudriendo, como una raíz húmeda, hasta la separación. Después la mamá de Mauricio había regresado a Buenos Aires con los chicos, alejándose por fin de un sur que jamás pudo comprender. Yo nunca había acertado a adivinar dónde escondía cada uno de los tres su dolor, aparentemente invisible, porque parecía que después de todo y en la actualidad la relación con Rubén era, aunque escasa, cordial.&lt;br /&gt;Mauricio hacía rato que había terminado de afeitarse, pero seguíamos frente al espejo, entonces escuchamos lloriquear a Mateo y yo me apresuré a colocarme el pijama que con tanto placer me había dejado quitar. Lo saqué de la cuna y me dirigí a la cocina. Para mi sorpresa ya todos estaban despiertos. Ana Julia, junto al fogón, calentaba agua para el mate. Recostada sobre la encimera, inspiraba con deleite el humo de su cigarro, echando bocanadas en dirección a una ventana amplia que se abría sobre la repisa de mármol veteado, como queriendo mantener el aire de la sala sin contaminar. Era una mujer bella. No se parecía físicamente a su hermano ni a su madre (ambos con unas facciones muy italianas), parecía de otra rama genética, más aindiada, una que yo desconocía. Su madre estaba sentada en la mesa larga de la cocina. Me saludó cariñosamente y me ofreció medias lunas de grasa de una bandeja enorme que reinaba sobre un mantel de colores andinos. Me contó que Pablo había salido con los chicos a comprar el diario.&lt;br /&gt;—Sentáte querida.&lt;br /&gt;Por fin pude comprender mejor la decisión inesperada de Mauricio. Era el cumpleaños de Rubén y quería presentarse en su casa de Zárate sin avisar. Caerle de sorpresa con el nieto en brazos; su tercer nieto. Él era de esas cosas: ilusionarse con facilidad, rumiar la escena con su corazón de niño, pensar y sentir sólo lo bueno que podía suceder. Luego no había forma de convencerle de lo contrario. Veía con demasiada facilidad el éxito, aunque la idea fuera descabellada. Su madre respetaba la decisión, con aparente prudencia, por miedo a contrariar a Ana Julia, cuyo carácter era capaz de arruinar cualquier ilusión de Mauricio, pero sin esfuerzo dejaba escapar ese gesto tan suyo de satisfacción, imaginándose también el reencuentro. Ana Julia permanecía en silencio, pensativa, tal vez molesta. De pronto, apagó el cigarro en el lavadero y se puso a hablar sobre los planes que habían hecho para ese día, y qué absurdamente los iban a romper por hacer algo que a todas luces iba a terminar en desastre. Hasta que su madre, al sentir los pasos de Mauricio, acercándose por el pasillo, golpeó la mesa para hacerla callar.&lt;br /&gt;Decidimos dejar a Mateo en Buenos Aires. Pablo nos prestó el coche y salimos de la ciudad. Enfilamos la nueve de julio y observé que las nubes seguían amontonándose en el techo del cielo,  y aunque seguía siendo temprano, el bochorno ya se sentía en el interior del vehículo, Mi opinión respecto a aquél viaje era inválida. Había aprendido a capear las ocurrencias sin fundamento de Mauricio, como un defecto tolerable, incluso cuando las consecuencias nos traían serios problemas. Si trataba de convencerle de lo contrario, argumentando ejemplos en los que el resultado había sido estrepitoso, me acariciaba la cara con las dos manos y me pedía que lo ayudase, que no lo dejase sólo, como si fuera un niño pequeño a la puerta de la escuela. Sin embargo, en esa ocasión, celebré en silencio que hubiera decidido visitar a su padre. Al fin y al cabo era su padre. A medida que íbamos dejando atrás las altas torres afiladas, el emblemático obelisco, el silencio se hizo fuerte entre nosotros. Lo último que me dijo Mauricio antes de llegar a Zárate me recordó que lo amaba con una locura incondicional.&lt;br /&gt;-¿Terminamos luego lo de antes?&lt;br /&gt;-Pero…&lt;br /&gt;En ese momento, algo confundida por la pregunta, entendí que íbamos a un lugar sin un plan establecido. ¿Nos quedaríamos a dormir? ¿Estaría él en su casa? ¿Qué pasaría cuando su otra familia nos viese llegar?&lt;br /&gt;Llegamos a la ruta 9 que se abría hacia el noroeste del país, y se perdía en Rosario. Mauricio conducía pensativo, y yo también trataba de imaginarme el encuentro. Llegaríamos a la hora de la cena, tal vez estuvieran festejando con los amigos, con la abuela, con el hermano, con los hermanastros de Mauricio y Ana Julia y la segunda esposa de Rubén. Cuando la carretera comenzaba a discurrir paralela al río Paraná apareció sobre nuestras cabezas un cartel verde con letras blancas que indicaban la salida de Zárate. Durante varios minutos, quizá media hora, estuvimos deambulando por lo que supuse era un barrio o las afueras de la ciudad. Calles desordenadas sin asfaltar, salpicadas con charcos de agua sucia, merodeados por nubes de mosquitos. Las casas bajas se sucedían con ese corte tan colonial, que en los barrios  clásicos de Buenos Aires rozaba la coquetería, pero que aquí evidenciaba más bien un cierto abandono. Algunos niños jugaban en la calle con los pies descalzos. Me alegré de no haber traído a Mateo. Sentí que hubiera sido un compromiso demasiado grande para Rubén, recibir a su hijo y a su nieto al mismo tiempo. El influjo del río se hacía presente por la humedad pegajosa que  comenzaba a hacernos transpirar.&lt;br /&gt;Justo cuando empezaba a pensar que estábamos perdidos, Mauricio rompió el silencio para explicarme que sabía el camino de memoria. Que había vivido allí hasta los ocho años, y que no recodaba haber llegado a aquella casa de otro modo distinto que caminando. Pero que igualmente no tenía ninguna duda de cómo llegar.  Me hubiera gustado que me contase más de aquella casa que fue de su abuela (ahora ella vivía unas calles más allá, me aclaró también), Hubiera querido fijarme en los números y compartir eso con él, pero su forma de hablar se imponía como un monólogo o un pensamiento en voz alta. Un día —me dijo acariciándome la pierna— tras dos días sin aparecer por la casa, su viejo se había presentado con la idea de llevarlos a vivir al sur, en la provincia de Santa Cruz, donde le habían prometido buen trabajo en la Swift.&lt;br /&gt;Sentí que Mauricio aminoraba la marcha al tiempo que agachaba la cabeza tratando de localizar los números de las puertas, o tal vez estimaba el tiempo que faltaría para que se largase a llover. De pronto frenó en seco. Se había detenido frente a una casa de un sólo piso similar a todas las de esa calle. Tenía una puerta alta y acristalada con ventanas pequeñas a los lados, que permanecían con la persiana baja. Así pues, desde el coche no se percibía movimiento alguno en el interior de la vivienda. Alrededor había un pequeño patio cercado por un enrejado negro,  donde crecían a su libre albedrío plantas rastreras que pujaban por tapar las baldosas desgastadas que hacían las veces de un camino. A la derecha el  jardín  se hacía más ancho  para dar cabida a un duraznero oloroso de cuya rama principal colgaba algo parecido a un columpio. La puerta del enrejado también estaba cerrada.  Me llamó la atención el hecho de que  sobre el tirador de la cancela exterior había enroscado un pequeño ramo de rosas blancas. Mauricio apagó el motor y respiró hondo antes de abrir la puerta. Sin bajar del coche tocó la bocina de forma repetida. Luego se hizo el silencio. Por unos instantes pensé que quizás no era esa la casa, o que habían salido a comer fuera. Mauricio se bajó sin decirme nada y atravesó  la primera puerta.  Avanzó hacia la casa, y se detuvo unos instantes, como si hubiera olvidado algo. Entonces un trueno sacudió el cielo, y lo vi estremecerse. Luego siguió caminando hasta la puerta de la casa y se quedó esperando. No llamó al timbre ni golpeó. Sólo volvió la cabeza hacia mí, que ya estaba fuera del coche y le hacía señas para que llamase al timbre.  Pero no lo hizo. Así estuvimos unos minutos. Callados. Sin hacer nada. Escuchando el barruntar de la lluvia. Por fin vi una sombra que se acercaba desde el fondo del pasillo al otro lado de los cristales. Abrió y se quedó mirando muy fijamente a Mauricio, como si le costase reconocerle. Era un hombre con el pelo blanco que sin distinguirlo con claridad me resultó familiar. Sin intercambiar palabra se abrazó a Mauricio y me pareció que sollozaba. Luego se volvió hacia el pasillo y comenzó a gritar.&lt;br /&gt;—Rubén, boludo, es el chico, el pibe.&lt;br /&gt;Mauricio me volvió a buscar con la mirada y me hizo un gesto para que fuese con él, pero no me moví. Lo vi asomarse por encima del hombre al que acababa de abrazar, ponerse de puntillas, volver a buscarme. Rompió a llover.&lt;br /&gt;Al rato un hombre que arrastraba una marcada cojera apareció también por el pasillo, seguido de tres o cuatro bultos más que no distinguí desde la calle. Con un hilo de voz le escuché decir:&lt;br /&gt;—Hola hijo.&lt;br /&gt;En ese primer instante me pareció un ser débil, como una figurita de papel a punto de llevársela el viento. Tenía el semblante serio, casi cansado. No encontré en su expresión, ningún parecido con Mauricio, sin embargo reconocí en sus ojos afilados la mirada de Ana Julia. Mauricio sonreía. Se reía con esa risa suya generosa, desmedida por la alegría. Se decían cosas, monosílabos. Se miraban de arriba a abajo. Ahí me di cuenta de que la lluvia era torrencial porque tenía los zapatos llenos de agua. Corrí, atravesando el jardín  hasta la puerta de la casa. En la fachada me pareció ver una cucaracha que trepaba asustada por el agua.&lt;br /&gt;Entonces, al llegar al lado de Mauricio y tomarle la mano, al mirar a su padre a los ojos, comprendí que algo había sucedido. Un pequeño cambio, casi imperceptible para un observador externo pero que trasmutó a los dos protagonistas en otros, y que tal vez cambió el curso de los acontecimientos esa noche. Fue un instante en el que el silencio pudo con todo, incluso con la fuerza de la lluvia y el zumbido de los mosquitos.  Incluso con el golpeteo del corazón de Mauricio que yo sentía en la palma de su mano. El hijo aflojó la sonrisa. Su papá le palmeó la espalda y comenzó a hablar con una fuerza nueva, como si hubiera rejuvenecido veinte años. Ahora el que se reía era él y pasó su brazo sobre los hombros de Mauricio.&lt;br /&gt;—Qué lindo que vinieron justo el día de mi cumpleaños. ¿Te acordaste? Qué lindo. Están todos: la abuela, los chicos, mi mujer. Se van a alegrar. Justo estábamos…¿Y ella? Ah, tu mujer. ¿Te casaste? No me invitaste mirá. Un gusto linda. ¿Te acordaste de traerme las moneditas? ¿Qué son allá, pesetas?&lt;br /&gt;Los vi adentrarse delante de mí en el contraluz del pasillo mientras el hombre que salió a abrir, sonriente, me sujetaba la puerta para que pasara. Tras nosotros las sombras del final del día comenzaron a extenderse por el barrio como los tentáculos de un pulpo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-8798414110586789813?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/8798414110586789813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=8798414110586789813&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8798414110586789813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8798414110586789813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/05/zarate.html' title='Zárate'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-783886899049131440</id><published>2010-05-17T23:32:00.015+02:00</published><updated>2010-05-19T11:44:13.638+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Lluvia de infancia</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De niño me agradaba escuchar la lluvia golpeando como granos de maíz sobre el techo de zinc. Desde la cama seguía los golpes: tra-tra, tra-tra, tra-tra. Todo tenía el color maduro de la noche a punto de acabar. La lluvia me arrullaba como alegres golpes del corazón, sencillos, firmes y constantes. Me di media vuelta en la cama y en posición fetal seguía aquel concierto de acordes fuertes sobre el zinc. Me llegaban de lo alto ruidos sonoros, lluvia fuerte y el techo exageraba más de lo debido y perdía la cuenta de cuántas gotas, casi como granizo, caían, gruesas, muy gruesas y de nuevo delgadas, y el viento arreciaba y eran golpes oblicuos, y de nuevo fuertes y más fuertes y se iba la lluvia fuerte. Y volvía a ser lenta. Y regresaba con más fuerza.&lt;br /&gt;Y al fondo, muy al fondo se escuchaba el tictac de un reloj ametrallando el tiempo. Un radio viejo y destartalado dejaba llegar apaciblemente la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart que se confundía con el graznar de las gotas de lluvia sobre el techo de zinc: pam pam, pam pam pam pam, pam pam, pam pam pam pam…&lt;br /&gt;Me sentía dichoso de poder vivir ese momento, como si fuera el último y sí fuera el último, valía la pena vivirlo. Sentirlo. Gozarlo. Me sacaba de mi letargo una nueva ráfaga de gotas gruesas sobre el techo de lata, quizás granizo, o no era granizo sino gotas gruesas que con fuerza volvían a golpear.&lt;br /&gt;Me imaginaba lo agradable que sería caminar bajo esa lluvia tibia, tan tibia como la lluvia del trópico, agua fresca, agua lluvia mojando los cabellos y rodando por la cara, y yo sacando la lengua para recoger los ríos que iban bajando por mis pómulos; la camisa empapada adhiriéndose poco a poco al cuerpo. Imaginaba los azotes de la lluvia ardiendo en mi cuerpo, quemándome  y yo huyendo despavorido como si hubiese visto un espanto.&lt;br /&gt;Sentía que el tiempo pasaba cariñosamente al compás de la lluvia, al calor de mi cobija. Dejaba pasar el tiempo como agua entre los dedos. Sentía la tranquilidad de no tener que hacer nada a la fuerza. Disfrutaba ese momento como si fuera el hallazgo de algo que siempre se quiso tener. Aspiraba profundo para que el corazón se inflara de alegría. Y tenía la mente en blanco por unos segundos y no me preocupaba de lo que podría pasar en los próximos minutos ni en las próximas horas ni en los próximos días ni en los próximos… Y me daba media vuelta y quedaba boca arriba y así podía estirar las piernas para que el cuerpo descansara y los músculos volvieran a ser como antes. Acariciaba melosamente la cobija y sentía el olor de ropa limpia recién aplanchada.&lt;br /&gt;El corazón se me encogía de sólo pensar que terminaba si la lluvia, mamá me llamaría enseguida para que me levantara y fuera a ayudarla en los trabajos del huerto. Era regio estar aquí en la cama, calientito, encorvado donde a duras penas se podía escuchar detrás de la lluvia la propia respiración. Sentía en los dedos los latidos  del corazón y no pensaba en otra cosa que quedarme allí acostado.&lt;br /&gt;Todo allá afuera era un vendaval, mientras que aquí adentro seguía la calma, una calma pegajosa, constante, asimétrica.&lt;br /&gt;Y de nuevo me entregaba a la ilusión de poder dormir y me daba media vuelta contra la pared. Dormía plácidamente al compás de la lluvia cayendo fuera de mi alcance.&lt;br /&gt;Y lo inevitable tenía que pasar, se acercaba la hora de levantarse, de enderezar el cuerpo y ponerlo en movimiento vertical rumbo a otros menesteres y empezaría por dejar el nido caliente con sus cuatro patas y vaya uno a saber que hace la cama cuando se queda sola.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-783886899049131440?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/783886899049131440/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=783886899049131440&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/783886899049131440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/783886899049131440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/05/lluvia-de-infancia.html' title='Lluvia de infancia'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5844272724181129392</id><published>2010-05-13T14:25:00.005+02:00</published><updated>2010-05-13T14:35:59.505+02:00</updated><title type='text'>Atlético de Madrid campeones de Europa</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S-vwZ6L0WMI/AAAAAAAAAH0/7jwhsK2AJlY/s1600/zona_mixta_final.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 214px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S-vwZ6L0WMI/AAAAAAAAAH0/7jwhsK2AJlY/s320/zona_mixta_final.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5470730500277819586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Atlético de Madrid&lt;br /&gt;¡Campeones, campeones, campeones!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué manera de sufrir, qué manera de ganar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Letra de Joaquín Sabina&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="385"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/R0fMsY3hpPk&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/R0fMsY3hpPk&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="288" height="231"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5844272724181129392?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5844272724181129392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5844272724181129392&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5844272724181129392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5844272724181129392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/05/atletico-de-madrid-campeones-de-europa.html' title='Atlético de Madrid campeones de Europa'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S-vwZ6L0WMI/AAAAAAAAAH0/7jwhsK2AJlY/s72-c/zona_mixta_final.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2493941846036767240</id><published>2010-04-18T00:12:00.011+02:00</published><updated>2010-04-18T00:40:35.804+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S8o1F00T-bI/AAAAAAAAAHc/gyYXFAJq3bQ/s1600/poe.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 258px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S8o1F00T-bI/AAAAAAAAAHc/gyYXFAJq3bQ/s320/poe.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461235872333822386" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Annabel Lee&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dicen que Virginia Clemm —su prima de trece años con la que contrajo matrimonio y vivió enamorado hasta su muerte— era la única que mantenía a Poe conectado con el mundo real. De todos es sabido que “Annabel Lee” arrastra la sombra alargada de aquella niña que también a él lo hizo niño. Es curioso como la obra de Edgar Allan Poe ha influenciado en la música de muchos grupos de rock duro o heavy, de cuyos abundantes ejemplos no daremos hoy ninguna cuenta. Me quedo, nos quedamos, con el tema de Radio Futura, que lleva el mismo nombre que el poema, cuyo sentido siempre me ha conmovido. Mírenle bien a los ojos, no me digan que no son los de un niño…&lt;br /&gt;(Por cierto, como un pequeño regalo a nuestro amigo Ignacio Cisneros, publicamos también el poema original en inglés).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue hace muchos,  muchos años,&lt;br /&gt;en un reino junto al mar,&lt;br /&gt;donde vivía  una doncella que tal vez conozcáis&lt;br /&gt;por el nombre de Annabel Lee;&lt;br /&gt;y esta doncella vivía sin otro pensamiento&lt;br /&gt;que amarme y ser amada por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una niña y yo era un niño,&lt;br /&gt;en aquel el reino junto al mar,&lt;br /&gt;pero amábamos con una amor,&lt;br /&gt;que era más que amor,&lt;br /&gt;yo y mi Annabel Lee;&lt;br /&gt;con un amor que los alados serafines del cielo&lt;br /&gt;nos envidiaban a ella y a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta fue la razón de que, hace tiempo,&lt;br /&gt;en aquel reino junto  al mar,&lt;br /&gt;surgiese un viento de una nube, helando&lt;br /&gt;a mi hermosa Annabel Lee;&lt;br /&gt;así que acudieron sus  parientes de alta cuna&lt;br /&gt;y la alejaron de mí&lt;br /&gt;para encerrarla en un sepulcro&lt;br /&gt;en aquel reino junto al mar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ángeles,  ni la mitad dichosos en el cielo,&lt;br /&gt;nos envidiaban a ella y a mí;&lt;br /&gt;¡Sí! Esa fue la razón (como todos saben,&lt;br /&gt;en aquel reino junto al mar)&lt;br /&gt;De que surgiese el viento de una nube, una noche,&lt;br /&gt;helando y matando a mi Annabel Lee&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era nuestro amor mucho más fuerte que el amor&lt;br /&gt;de los que eran mayores que nosotros,&lt;br /&gt;de muchos más sabios que nosotros,&lt;br /&gt;y ni los ángeles del cielo allá arriba&lt;br /&gt;ni abajo los demonios, bajo el mar,&lt;br /&gt;podrán jamás separa mi alma del alma&lt;br /&gt;de la hermosa Annabel Lee&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues la luna nunca luce sin traerme sueños&lt;br /&gt;de la hermosa Annabel Lee;&lt;br /&gt;y así, durante toda la noche yazgo tendido al lado&lt;br /&gt;de mi amada, mi amada, mi vida y mi desposada,&lt;br /&gt;en aquel sepulcro junto al mar,&lt;br /&gt;en su tumba junto al sonoro mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S8o4vKRVN9I/AAAAAAAAAHs/1FWNRYqkbSg/s1600/Dibujo7.bmp"&gt;&lt;img style="cursor: pointer; width: 30px; height: 34px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S8o4vKRVN9I/AAAAAAAAAHs/1FWNRYqkbSg/s320/Dibujo7.bmp" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461239881002203090" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;It was many and many a year ago,&lt;br /&gt;In a kingdom by the sea,&lt;br /&gt;That a maiden there lived whom you may know&lt;br /&gt;By the name of ANNABEL LEE;&lt;br /&gt;And this maiden she lived with no other thought&lt;br /&gt;Than to love and be loved by me.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;She was a child and I was a child,&lt;br /&gt;In this kingdom by the sea;&lt;br /&gt;But we loved with a love that was more than love-&lt;br /&gt;I and my beautiful Annabel Lee;&lt;br /&gt;With a love that the winged seraphs of heaven&lt;br /&gt;Coveted her and me.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;And this was the reason that, long ago,&lt;br /&gt;In this kingdom by the sea,&lt;br /&gt;A wind blew out of a cloud by night,&lt;br /&gt;Chilling my Annabel Lee;&lt;br /&gt;So that her high-born kinsmen came&lt;br /&gt;And bore her away from me,&lt;br /&gt;To shut her up in a sepulchre&lt;br /&gt;In this kingdom by the sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The angels, not half so happy in heaven,&lt;br /&gt;Went envying her and me-&lt;br /&gt;Yes!- that was the reason (as all men know,&lt;br /&gt;In this kingdom by the sea)&lt;br /&gt;That the wind came out of the cloud,&lt;br /&gt;Chilling and killing my Annabel Lee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;But our love it was stronger by far than the love&lt;br /&gt;Of those who were older than we-&lt;br /&gt;Of many far wiser than we-&lt;br /&gt;And neither the angels in heaven above,&lt;br /&gt;Nor the demons down under the sea,&lt;br /&gt;Can ever dissever my soul from the soul&lt;br /&gt;Of the beautiful Annabel Lee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;For the moon never beams without bringing me dreams&lt;br /&gt;Of the beautiful Annabel Lee;&lt;br /&gt;And the stars never rise but I see the bright eyes&lt;br /&gt;Of the beautiful Annabel Lee;&lt;br /&gt;And so, all the night-tide, I lie down by the side&lt;br /&gt;Of my darling- my darling- my life and my bride,&lt;br /&gt;In the sepulchre there by the sea,&lt;br /&gt;In her tomb by the side of the sounding sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tema de Radio Futura inspirado en el poema Annabel Lee de Edgar Allan Poe&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=6055ae1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2493941846036767240?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2493941846036767240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2493941846036767240&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2493941846036767240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2493941846036767240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/04/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/S8o1F00T-bI/AAAAAAAAAHc/gyYXFAJq3bQ/s72-c/poe.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-8307234390854291180</id><published>2010-04-04T23:12:00.000+02:00</published><updated>2010-04-04T23:14:10.367+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ-N.L.'/><title type='text'>La muerte de la princesa</title><content type='html'>Se apaga el sol en tus ojos de arena.&lt;br /&gt;Vienes a mí con tus labios de otoño.&lt;br /&gt;Buscas el fuego de mi corazón sangrado.&lt;br /&gt;Sólo quedan cenizas en tu piel de quimera.&lt;br /&gt;El invierno ha menguado &lt;br /&gt;la sangre de mis deseos.&lt;br /&gt;Te inclinas con tu última llama&lt;br /&gt;y en pavesas termina tu corazón de piedra.&lt;br /&gt;En la llanura la luna &lt;br /&gt;es sólo un recuerdo,&lt;br /&gt;y las ranas &lt;br /&gt;no entonan&lt;br /&gt;nuestra canción de amor.&lt;br /&gt;Nada tiene de mala &lt;br /&gt;tu angustia infinita,&lt;br /&gt;ni tu gracia &lt;br /&gt;de profunda tristeza.&lt;br /&gt;Este mar ya no arropa &lt;br /&gt;las olas inconstantes.&lt;br /&gt;Los barcos pierden el rumbo antes fijado.&lt;br /&gt;La última gaviota huye de su morada&lt;br /&gt;y nuestro albatros gris &lt;br /&gt;queda tendido sobre la playa.&lt;br /&gt;Se apaga el sol en tus ojos de arena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-8307234390854291180?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/8307234390854291180/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=8307234390854291180&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8307234390854291180'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8307234390854291180'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/04/la-muerte-de-la-princesa.html' title='La muerte de la princesa'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7674702729685896779</id><published>2010-03-26T23:14:00.020+01:00</published><updated>2010-04-11T22:30:02.679+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Vuelos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De lunes a viernes las mañanas siempre saben a lo mismo. A paladar reseco por el madrugón. A pereza pegajosa. A vagas ganas de largarlo todo a la mierda. En cuanto suena el despertador subo las escaleras; no sé bien si para encender la cafetera o preparar mi maletín y la mochila de mi hijo que duermen cerca de la puerta de la calle y así no quedar olvidadas entre tanta carrera. Están en la misma esquina que hace tiempo ocupó un carrito de bebé y una carpeta de planos de  arquitecto. Después bajo a mi habitación y luego vuelvo a subir. A veces lo hago para que no se me queme el pan en la plancha, o para remover el azúcar del café. Bajo para ducharme y subo para buscar los calcetines que me dejé cuando subí para sacar el pan. Y sigo con esa nausea en la garganta. Lo que no se me ocurre es levantar las persianas, o descorrer las cortinas como solía hacer en otra época o ahora los sábados. Para qué, si está oscuro todavía y no hay un rayo de luz que rescatar entre las sombras que deambulan  afuera y  adentro como gatos callejeros. Además apremian las prisas. Cada tanto miro el reloj tomándole el pulso a la hora límite. Sé que si me la salto el retraso se irá haciendo grande como los ovillos de lana que mi abuela construía pacientemente. Esos días en los que el llegar tarde se apodera de mí, podría salir a la calle con mi hijo de la mano, y encontrar en la puerta una manada de rinocerontes o al hombre más hermoso del planeta y no los vería nunca. Arrastraría al niño boquiabierto, abriéndome paso entre la belleza y la bestialidad hasta alcanzar mi coche. Porque esos días, lo único que sucede en mi vida es que no voy a llegar a tiempo. &lt;br /&gt;Una vez se pasó toda la noche nevando. Cuando salimos del portal nos hundimos hasta los tobillos en la nieve, pero yo no lo noté hasta que las ruedas del carrito se negaron a caminar. Habían acumulado dos palmos de nieve, y mi hijo se reía como un niño. Pero yo sólo fui capaz de mirar el reloj.&lt;br /&gt;Hoy no iba del todo mal con la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;horalímite.&lt;/span&gt; He terminado de preparar  las cosas diez minutos antes, y nos disponíamos a salir camino del colegio. Todavía no sé cómo he ahorrado seiscientos preciados segundos en esta mañana fría y húmeda de lunes. Quizás por eso, porque  todo iba viento en popa, no le he reñido al niño y me he mirado en el espejo de la entrada. Al salir, algo en la calle ha llamado mi atención. Los pájaros no cantaban, no se escuchaban a lo lejos el carraspeo de los coches ni el rumor de los aviones. Tal vez haya sido ese extraño silencio lo que me ha empujado a mirar al cielo. Estaba rojo. Por la lluvia, he supuesto,  pero al advertir su movimiento, he entendido que algo vivo flotaba en el ambiente. Desde el fondo del horizonte los pájaros rosados se iban acercando; eran flamencos. Flamencos inflamando el cielo de un pueblo madrileño, acostumbrado a las golondrinas o alguna que otra pareja de cigüeñas. Al principio eran sólo una mancha, una ondulación roja del cielo. A medida que crecían en tamaño, en proximidad, la bandada definía su vuelo en un zigzag casi militar, entonces he presentido que me traían algo. Sus cuellos largos, sus patas finas acostadas sobre el viento, el perfil negro de los picos corvos, el rímel en el plumaje de sus alas inquietas: algo debían de traer. Esta mañana una bandada de flamencos rosados ha sobrevolado mi casa y me ha sobrevolado a mí, mientras yo dejaba pasar el tiempo, quieta, mirándolos. Con la cabeza alzada, incrédula. Queriendo creer, sí. Pero sin fuerzas, con desgano.  Y no han dejado de pasar ni un sólo minuto, durante Dios sabe cuánto tiempo. Gritaban (entre su jolgorio, escuchaba a mi hijo protestar que llegaba tarde al colegio), felices llevaban un rumbo fijo y me lo querían demostrar. “Con el ritmo acordado de una orquesta” me susurra el poeta.&lt;br /&gt;Y he sabido que ellos, firmes, seguros, embarcados hacia el oriente, lejos de traerme nada, se llevaban mis últimas esperanzas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7674702729685896779?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7674702729685896779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7674702729685896779&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7674702729685896779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7674702729685896779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/03/vuelos.html' title='Vuelos'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-257853200323090364</id><published>2010-03-26T22:53:00.004+01:00</published><updated>2010-03-27T10:48:21.966+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>La magia de los números</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me gusta pensar en la magia de los números, en su fuerza, en sus formas, en sus diferentes significados. Atrapo el quinientos doce, lo acomodo en mi cabeza, lo miro, lo saboreo, lo palpo y lo desmenuzo: el cinco; cinco son los dedos de mi mano; uno, yo soy uno y por último el dos, ella y yo somos dos, dos que nos encontramos después de que la tierra sólo se detuviera para nosotros, para luego seguir con su movimiento de rotación. Yo venía del sur con mi mochila arahuaca y ella estaba en mi norte. Ella es mi norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mano con mis cinco dedos siguen la línea de su piel de manzana sobre su cuerpo extendido en el catre y recorro con mi mano, con mis dedos cada recodo de su cuerpo. Cierro los ojos para seguir el movimiento de mi mano que sube y baja por su geografía y cruza dos hermosas montañas de oriente a occidente y de norte a sur y mis dedos se entretienen en sus picos. Atraviesa los puertos, mares. Despacio. Sin prisa. Es un recorrido lento porque quiero memorizar cada rincón, cada lugar y quiero trazar a la vez el camino de regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El quinientos doce hace parte de mi vida y me gusta tenerlo cerca para recordar aquellos días cuando los dos nos dedicamos a cultivar la felicidad que puede tener el color de los claveles y del mar; la luna y los ríos; las montañas y las estrellas; la poesía y la música. Porque a veces me quedo solo como el uno. Y sólo la certeza de que pronto seremos dos me devuelve la ilusión de que el cinco estará otra vez de paseo por su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-257853200323090364?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/257853200323090364/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=257853200323090364&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/257853200323090364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/257853200323090364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/03/la-magia-de-los-numeros.html' title='La magia de los números'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5154331627778051146</id><published>2010-03-11T23:05:00.017+01:00</published><updated>2010-03-16T22:56:15.971+01:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Oda a la guitarra&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Dejemos que sea la guitarra quien hable por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Delgada&lt;br /&gt;                      &lt;span style="color: rgb(17, 51, 85);"&gt;---------&lt;/span&gt;línea pura&lt;br /&gt;de corazón sonoro,&lt;br /&gt;eres la claridad cortada al vuelo:&lt;br /&gt;cantando sobrevives:&lt;br /&gt;todo se irá menos tu forma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si el llanto ronco&lt;br /&gt;que de ti se desploma,&lt;br /&gt;tus toques de tambor, tu&lt;br /&gt;                                                                     &lt;span style="color: rgb(17, 51, 85);"&gt;----------------------------&lt;/span&gt;enjambre de alas,&lt;br /&gt;será de ti lo mío,&lt;br /&gt;o si eres&lt;br /&gt;en silencio&lt;br /&gt;más decididamente arrobadora,&lt;br /&gt;sistema de paloma&lt;br /&gt;o de cadera,&lt;br /&gt;molde que de su espuma&lt;br /&gt;resucita&lt;br /&gt;y aparece, turgente, reclinada&lt;br /&gt;y resurrecta rosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debajo de una higuera,&lt;br /&gt;cerca del ronco y raudo Bío Bío,&lt;br /&gt;guitarra,&lt;br /&gt;saliste de tu nido como un ave&lt;br /&gt;y a unas manos&lt;br /&gt;morenas&lt;br /&gt;entregaste&lt;br /&gt;las citas enterradas,&lt;br /&gt;los sollozos oscuros,&lt;br /&gt;la cadena sin fin de los adioses.&lt;br /&gt;De ti salía el canto,&lt;br /&gt;el matrimonio&lt;br /&gt;que el hombre&lt;br /&gt;consumó con su guitarra,&lt;br /&gt;los olvidados besos,&lt;br /&gt;la inolvidable ingrata,&lt;br /&gt;y así se transformó&lt;br /&gt;                    &lt;span style="color: rgb(17, 51, 85);"&gt;---------------------&lt;/span&gt;la noche entera&lt;br /&gt;en estrellada caja&lt;br /&gt;de guitarra,&lt;br /&gt;temblando el firmamento&lt;br /&gt;con su copa sonora&lt;br /&gt;y el río&lt;br /&gt;sus infinitas cuerdas&lt;br /&gt;afinaba&lt;br /&gt;arrastrando hacia el mar&lt;br /&gt;una marea pura&lt;br /&gt;de aromas y lamentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oh soledad sabrosa&lt;br /&gt;con noche venidera,&lt;br /&gt;soledad como el pan terrestre,&lt;br /&gt;soledad con un río de guitarras!&lt;br /&gt;El mundo se recoge&lt;br /&gt;en una sola gota&lt;br /&gt;de miel, en una estrella,&lt;br /&gt;todo es azul entre las hojas,&lt;br /&gt;toda la altura temblorosa&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(17, 51, 85);"&gt;----------------------------&lt;/span&gt;canta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la mujer que toca&lt;br /&gt;la tierra y la guitarra&lt;br /&gt;lleva en su voz&lt;br /&gt;el duelo&lt;br /&gt;y la alegría&lt;br /&gt;de la profunda hora.&lt;br /&gt;El tiempo y la distancia&lt;br /&gt;caen a la guitarra:&lt;br /&gt;somos un sueño,&lt;br /&gt;un canto&lt;br /&gt;entrecortado:&lt;br /&gt;el corazón campestre&lt;br /&gt;se va por los caminos a caballo:&lt;br /&gt;sueña y sueña la noche y su silencio,&lt;br /&gt;canta y canta la tierra y su guitarra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Poema de Pablo Neruda&lt;br /&gt;Música: Vicente amigo. Voces: Montse Cortés y Vicente Amigo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=3e65a26" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5154331627778051146?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5154331627778051146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5154331627778051146&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5154331627778051146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5154331627778051146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/03/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6757970280752292931</id><published>2010-02-21T23:30:00.001+01:00</published><updated>2010-02-21T23:33:59.970+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>El escondrijo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todos hemos jugado alguna vez a las escondidijas. En el apartamento  grande donde vivimos, mi madre, desde hace mucho que no nos permite  jugar a nuestro juego favorito.&lt;br /&gt;El nonagenario que nos vendió el  apartamento dejó un guardarropa enorme como un cuarto. Le pidió a mis  padres que no se deshicieran de él: «es la memoria de mis antepasados,  pero tampoco me lo puedo llevar». Hace muchos años cuando jugábamos, mi  hermanita Matilde se escondió en el guardarropa y nadie la pudo  encontrar. Ahora con más razón mis padres se niegan a deshacerse del  guardarropa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6757970280752292931?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6757970280752292931/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6757970280752292931&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6757970280752292931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6757970280752292931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/02/el-escondrijo_21.html' title='El escondrijo'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7233255825022480917</id><published>2010-02-21T23:23:00.010+01:00</published><updated>2010-02-22T15:00:41.423+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Ausencias</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A modo de conjuro:&lt;br /&gt;Que el azar me lleve hasta tu orilla,&lt;br /&gt;ola o viento, que tome tu rumbo,&lt;br /&gt;que hasta ti llegue y te venza mi ternura.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Darío Jaramillo Agudelo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Tengo la casa llena de ausencias. Te fuiste un domingo y las dejaste todas esparcidas al salir por la puerta. Yo te seguí. Detrás de ti iba sumisa, despierta pero dormida, soñando que era un sueño, que no te ibas. Borracha de ti, de dos días de ti, siguiendo la estela de tus besos. Te hubiera seguido hasta el último confín del mundo. Lo sabías ¿verdad?&lt;br /&gt;Pero nada se movió de su lugar, sólo tú y ese maldito avión sobrevolando el pueblo. Como los mirlos de las mañanas, que me acompañan cuando voy camino del trabajo y se posan ordenaditos en el cartel grande de la carretera. Y los miro todos iguales, negros como el oeste y me traen una certeza: la de mi vida. Mi vida sin ti. De lunes a domingo sin ti. Del uno al veintiocho sin ti.&lt;br /&gt;Luego volví a casa y me las encontré a todas, a todas tus ausencias esperándome. Casi pidiéndome explicaciones. ¿Por qué no te las llevaste? Ahora no sé bien qué hacer con ellas. Se pelean para llamar mi atención. ¡Qué tontas! Como si no las viera una por una, desfilando ante mi nostalgia, asistiendo a mi tristeza. Lo que pasa es que no sé qué hacer con ellas. Y me vienen a la mente los versos del poeta: las podría ordenar por colores, por tamaños…No encuentro tus pies desnudos debajo de la mesa cuando me siento a comer. No estás en mi ir y venir del salón a la cocina. Mis caderas no se tropiezan con tus manos en el pasillo ni en las escaleras. No está tu sonrisa en el espejo cuando me ducho, detrás de las gotas de agua de la mampara. No me dejo amar con los ojos cerrados, para luego abrirlos y encontrarme con los tuyos, diciéndome que me amas hasta nuestro palo de mango. No te escucho abajo cuando estoy arriba. No está tu voz en las esquinas. El velador está vacío de libros, tuyos, o míos, o tuyos para mí, o míos para ti. En el suelo no hay más que suelo. Nada de ropa enredada, confundida, que no encuentro. Me falta tu olor en las sábanas, no está tu pecho en mi cara.&lt;br /&gt;Tengo, amor, la casa llena de ausencias. Tal vez lo prefiera así. Sí, mejor que las dejases. Quizás las consiga ordenar, acostumbrarme a ellas. Tal vez acabe por necesitarlas. Me arrepiento de haberlas llamado tontas. Es posible que me hagan sentir menos sola, que me acompañen. Puedo cuidarlas con la devoción con que te cuidaría a ti.&lt;br /&gt;Al fin y al cabo son tuyas, y es lo único tuyo que tengo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7233255825022480917?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7233255825022480917/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7233255825022480917&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7233255825022480917'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7233255825022480917'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/02/ausencias.html' title='Ausencias'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-8177681478373512033</id><published>2010-02-12T23:18:00.004+01:00</published><updated>2010-02-12T23:53:04.861+01:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;El Negro Fontanarrosa&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque gran parte de la obra que dejó Roberto Fontanarrosa está plasmada en dibujos, yo siento que he encontrado entre sus cuentos claras pinceladas de un escritor de talento. Él decía que le importaba poco que se le reconociera más como un humorista gráfico que como un verdadero escritor. A mí me gusta imaginármelo en ese bar “El Cairo”, donde dicen que se sentaba a lo que él mismo titularía de forma literaria “la mesa de los galanes” a escribir y a conversar con los amigos: fuente de muchas historias. Me hace pensar en Cortázar acodado en la esquinita de un bistró de Paris mirando por la ventana y dejando fluir las palabras hasta su pluma prolífica. Y es que eso de sentarse a escribir en el rincón de un café con vidrieras que dan a calles por las que nunca dejan de pasar hombres y mujeres con semblantes y prisas y frío y maletines, siempre ha dado buen fruto. Habrá que dejarse llevar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Ulpidio Vega&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ulpidio Vega, te nombro. Y de la apagada sombra de tu nombre rescato tu paso tardo por el empedrado desprolijo de Saladillo y la cierta fama de guapo sin doblez que te persiguió sumisa, como la silenciosa y tenaz fidelidad de un perro.&lt;br /&gt;Quien te vio alguna vez por el Bajo, no te olvida. De callada mesura, sombrío el porte, mezquinabas palabras como si fueran monedas caras. Negros los ojos, en la negrura misma que sobre la frente escasa te tiraba encima el ala apenas curva de tu sombrero gris, tan conocido.&lt;br /&gt;Ulpidio Vega, te nombro. Y de tu nombre exhala un aliento a kerosén barato, a bizcochito, a queso de rallar y vino tinto.&lt;br /&gt;Aroma de almacén, de cambalache, que tuvo tu pobre viejo laburante por calle San Martín, casi en Tablada. Aroma a jabón pinche, a mate amargo, el mismo aquél que te alcanzaba la mano cordial de doña Cata, tu pobre vieja, que se cansó de mirar por la ventana.&lt;br /&gt;Ulpidio Vega, te nombro. Y se santiguan las cuatro esquinas bravas de Ayolas y Convención, las que salieron tantas veces escrachadas en letra de molde, cuando algún fiambre aparecía tirado en esa encrucijada.&lt;br /&gt;Rezan de apuro las jovatas de memoria larga al recordar tu estampa de figura fina, el caminar pesado, un gesto de disgusto en la cara aindiada y el cuerpo erguido por la faca que atrás, en la cintura, te entablillaba.&lt;br /&gt;Por trabajar en el Swift te habían llamado "El Matarife de Saladillo".&lt;br /&gt;¡Qué te iba a impresionar a vos la sangre, Ulpidio Vega! Si día a día degollabas animales y la cuchilla te era tan natural como un anillo, como un zarzo sencillo en el meñique.&lt;br /&gt;Pero eran dos los Vegas, Juan y Ulpidio. "El Vega chico" le decían al otro, que también trabajó en el frigorífico.&lt;br /&gt;Y por si fuera escaso el desmesurado coraje de Ulpidio en la pelea, el "Vega Chico" era también de púa veloz, y sin entrañas.&lt;br /&gt;De negro los dos, siempre, aun de mañana.&lt;br /&gt;Pero, como suele suceder en estas cosas, Ulpidio se metió con una mina que se levantó una noche de Carnaval en el Club Atlético Olegario Víctor Andrade. La mina era una reventada que hacía copas en el Panamerican Dancing, frente a Sunchales, y que ya le había borrado el estampadito floreado a las sábanas del Amenábar, de tanto frote. Pero una hembra que pasaba y dejaba el aire como embalsamado de perfume dulzón, y enardecido. Rosa se llamaba, y era justicia.&lt;br /&gt;Ulpidio Vega, te nombro. Y no me equivoco. Como se equivocó esa noche fatal la mina aquella cuando por llamarte "Ulpidio", "Juan" te dijo.&lt;br /&gt;¡Qué oscura mano de destino cabrón los puso frente a frente, Ulpidio Vega!&lt;br /&gt;¡Vos y tu hermano, inseparables siempre, enfrentados por el cariño falaz de una perdida!&lt;br /&gt;Tiempo estuvieron mordiéndose las ganas de agarrarse. De mirarse profundo, y sin palabras. De medirse con odio. Y de no hablarse. Todo el barrio sabía del bolonqui que rechinaba en los dientes de los Vega. Pero cuando más de una vez saltó la bronca, y la faca apareció brillando en ambas diestras, algo los amuraba al suelo y les clavaba la bronca a la vereda. Algo, que allá en la casa desde chicos les acariciara la frente, les planchara los lompa y les dejara los botines bien brillosos cuando se iban de milonga a Central Córdoba. Algo. La vieja.&lt;br /&gt;"Si no te mato", se lo dijo bien clarito Ulpidio a Juan, "sólo es por ella". "Si no te enfrío", le contestaba Juan, que no era lerdo, "es por la vieja".&lt;br /&gt;Y así andaban los dos, encajetados, sin poder ni dormir, más que hechos bolsa. Y encima la reventada de la Rosa les metía la cizaña de su labio, de sus promesas vanas, de sus mañas.&lt;br /&gt;Y no se pudo más. Aquella noche Ulpidio y Juan llegaron puntualmente hasta el campito. Era un potrero de pura tierra y matorrales que los mocosos usaban para jugar al fulbo. Pero esa noche había luna. Y no era un juego.&lt;br /&gt;Ulpidio peló una faca que tenía este largo. ¡Uy Dio, cómo brillaba la plata de la luna sobre el filo helado del acero!&lt;br /&gt;Y Juan, Juan peló también tremenda púa que de verla nomás, te entraba miedo.&lt;br /&gt;"¡Venite!"&lt;br /&gt;"¡Vení vos!", se supo después que se dijeron. Y fue cuando llegó doña Cata hasta el campito, de pálido rostro, ojos sufridos, de manos apretadas y pañuelo negro. Nunca se supo quién le pasó el dato. Tal vez fue esa mágica intuición de madre la que la llevó hasta allí en ese momento.&lt;br /&gt;No se oyó de su boca una palabra. Y tampoco en sus ojos lágrimas se vieron. Pero eso sí, sus manos agrietadas de lavar ropa ajena en el invierno, dibujaron en el aire asustado de la noche, un gesto: se agachó, se sacó una zapatilla y lo demás, frate mío, ni te cuento.&lt;br /&gt;A Juancito lo fajó hasta en el cogote, le deformó la sabiola a chancletazos, y le sacudió tantos palos por el lomo que lo dejó mormoso al pobrecito. Contaban los vecinos que lo oyeron, que tirado en el suelo, Juan rogaba y a la vieja pedía perdón a gritos.&lt;br /&gt;A Ulpidio, de las crenchas lo cazó la vieja aquella, y le arruinó la jeta a chancletazos porque le pegó media hora, de corrido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-8177681478373512033?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/8177681478373512033/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=8177681478373512033&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8177681478373512033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8177681478373512033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/02/de-otras-plumas.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7197222389708796745</id><published>2010-02-02T23:07:00.007+01:00</published><updated>2010-02-04T20:05:44.687+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ-N.L.'/><title type='text'>Romance entre nuestras cosas</title><content type='html'>Cuando tus libros&lt;br /&gt;empiecen a rodar sobre los míos&lt;br /&gt;y los míos sobre los tuyos&lt;br /&gt;sabré que he llegado a puerto seguro.&lt;br /&gt;Ellos se abrazarán con sus cubiertas&lt;br /&gt;y la caricia de los lomos será inevitable.&lt;br /&gt;Mis libros de poesía harán&lt;br /&gt;una tarde de recreo y quedará&lt;br /&gt;el rescoldo de esos sonetos de amor.&lt;br /&gt;Tus libros y los míos harán&lt;br /&gt;una gran fiesta.&lt;br /&gt;Me temo que empezará el intercambio&lt;br /&gt;de palabras y que lo más difícil&lt;br /&gt;estará por comenzar.&lt;br /&gt;Habrá charlas, carcajadas, risas, versos.&lt;br /&gt;Y tú y yo miraremos desde nuestros&lt;br /&gt;abrazos y besos el idilio&lt;br /&gt;entre nuestros libros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7197222389708796745?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7197222389708796745/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7197222389708796745&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7197222389708796745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7197222389708796745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/02/romance-entre-nuestras-cosas.html' title='Romance entre nuestras cosas'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4535609591112585417</id><published>2010-01-16T23:08:00.008+01:00</published><updated>2010-02-02T23:42:01.709+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Rituales</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lucas mira a través del cristal de la puerta de la calle y ve a su madre alejarse en la Transit blanca con la que su padre reparte pan de madrugada. No mueve un pelo. Tiene el abrigo puesto, la mochila en la espalda, la cabeza despeinada y los ojos pegados a los movimientos de ella. Le han dado carta blanca para quedarse ahí parado unos segundos todos los días. “Hasta que me pierda de vista por completo” le pidió su madre a la cuidadora de la guardería. &lt;/div&gt;—Déjele, total es un minuto. Una manía. Me quiere ver hasta el último instante. Ya sabe, como un ritual.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después le arriarán para dentro: que se quite el abrigo, que no moleste a los pequeños, que a desayunar y a lavarse las manos y a dejar la silla colocada…hasta que salga la ruta. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Son las siete de la mañana. Pura noche: el cielo está tapado de nubes y sopla un viento bajo y helado. En Madrid las clases empiezan a las nueve y media, pero en el cole de Wafaa hay servicio de desayuno. Ella sube la cuesta arrastrada por la mano de su madre. Se mira los pies y ríe sin hacer ruido porque le patinan hacia fuera con el hielo y sus rodillas chocan entre sí. Su progenitora, al sentir el juego, gruñe y le da un tirón del brazo. Pero el brillo hosco de sus ojos, arropados por la sombra del hijab, le transmite a la niña una seguridad que difícilmente podría explicar con su español parco. Al llegar a la esquina sabe que es el momento. Después, cuando la suelte del otro lado de la verja que rodea el colegio, no habrá besos ni abrazos. La mujer no volverá la cabeza—envuelta hoy en una tela gris que parece el reflejo del cielo— para decirle adiós. Wafaa le aprieta la mano tres veces con fuerza. Como si quisiera bombear agua o hacer morse. Son tres veces consecutivas, aún a riesgo de castigo. Tres veces separadas por tres segundos. A Wafaa le gusta el número tres y adora que en clase alguien le pregunte cuál es su número favorito, porque en general nadie le hace preguntas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Parece que la noche toca a su fin en Lavapiés. El barrio se despereza como un gato y algunos coches desfilan con lentitud como luciérnagas con el papel aprendido. Una furgoneta sale de un garaje lejano y en la acera de la calle del Amparo, tose el motor de un R-5 trasnochado justo frente del portal número 7. En el segundo piso Orlando revisa su mochila. A esas horas mira sin ver, para que cuando su hermano mayor le pregunte en el quicio de la puerta—a punto de salir camino del colegio—, el niño pueda decir sin mentiras que sí, me fijé y llevo todo. Pero sólo le interesa mirar por la ventana, echar a un lado las cortinas y ver la luna encaramada en lo alto de los edificios que se amontonan alrededor de ese en el que ellos viven. De todos modos, piensa, es la misma luna en todas partes. La misma que mira Valery desde Chiclayo y la misma que busca su madre por las vidrieras de la fábrica. Primero le guiña un ojo—sin controlar del todo el otro que se le queda medio cerrado—, después le dice: “sí, seré juicioso mami”, y por último le lanza un beso que vuela por la rendija de la ventana abierta. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El viento que se ha levantado al compás del sol se lo lleva lejos, viaja alto, por encima de las antenas de las casas. Avanza saltándose los semáforos en rojo y despabilando a las farolas. Juega porque es un beso de niño: se deja caer en picado y hace un luping en el moño de una señora que acaba de salir de un portal. Remonta el vuelo y busca el rastro de su destino a lo largo de la M-30 que discurre hacia el sur todavía limpia de atascos. Orlando le imprime velocidad como en los vuelos de sus sueños hasta alcanzar la torre más alta de la fábrica de cerveza que se despliega, antigua, junto al río.&lt;br /&gt;Más abajo, las alarmas de los relojes, móviles, radios y servicios de habitaciones se ponen de acuerdo para despertar a la ciudad. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4535609591112585417?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4535609591112585417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4535609591112585417&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4535609591112585417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4535609591112585417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/01/rituales.html' title='Rituales'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5587597993593312053</id><published>2010-01-16T23:08:00.007+01:00</published><updated>2010-02-02T23:40:02.744+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Quién las entiende</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La mujer abrió la ventana por donde entró sin pedir permiso un viento álgido: era el invierno más raro desde hacía mucho años con un sol de primavera. Las velas estaban encendidas sobre la mesa del comedor al frente de la ventana. El hombre se encontraba recostado leyendo los periódicos acumulados de toda la semana, incluidos los del fin de semana con los suplementos dominicales. En algún momento puso los ojos sobre la mesa que sacó por encima del periódico abierto de par en par. Miró sin prestar atención como la ráfaga de viento volcaba el candelabro de madera y la vela encendida derramaba ese líquido caliente sobre el mantel y prendía fuego a una servilleta usada que se quedó olvidada sobre la mesa.&lt;br /&gt;La mujer caminaba en otro lugar de la casa, pero el hombre seguía allí, tirado en un sofá barato, azul oscuro, devorando los periódicos que tenía arrumados en una mesita junto al sofá. El hombre había programado una tarde de lectura y no deseaba que nadie lo importunara. Un destello de la servilleta a punto de consumirse le robó una mirada fugaz. Y siguió tan ensimismado que eso que sucedía a escaso cinco metros, le pareció como si lo viera a través de la pantalla del televisor. Creyó que la mujer había dejado quizás el aparato encendido, pero mudo, para no molestarlo en su apacible relax de lectura.&lt;br /&gt;Al hombre le pareció extraño que la mujer no hubiese vuelto para cerrar la ventana, pero no se inmutó por el frío que le estaba entrando. La mujer, cuando él estaba en la sala-comedor, había parado en la cocina y allí abrió un armario repleto con revistas de cocina y allí podía permanecer horas y horas leyendo las recetas que ya había visto más de mil veces.&lt;br /&gt;Cada uno en su espacio abstraído por la dulzura de lo que hacían, se olvidaba el uno del otro y el mundo a su alrededor se limitaba al único quehacer del momento: lectura de periódicos, él y lectura de recetas de cocina, ella.&lt;br /&gt;Las llamas tomaban fuerza y la servilleta había quedado reducida a una laminilla gris oscura y deleble, y le había cedido el fuego al mantel. El candelabro de madera alcanzaba un alto grado de facilidad para las llamas. Estaba bañado en parte por la parafina de la vela recalentada. El otro candelabro seguía en pie y recordaba a uno de esos soldados estáticos al frente de la tumba del soldado desconocido.&lt;br /&gt;El lugar donde se había derretido la vela caída, era un remolino de fuego y la lámina de madera de la mesa del comedor, iba cediendo ante el embate de las llamas. Allí se iba formando un círculo oscuro desde donde se elevaba una llama entre azulosa y amarilla.&lt;br /&gt;El hombre no se enteraba de nada, seguía con las narices metidas en el periódico. La ventana dejaba pasar frío sin inmutarse en detenerlo. El único que sintió que se le iba bajando la temperatura del cuerpo fue el hombre, quien al sentir que las manos y los pies se le helaban, pegó un grito que retumbó en toda la casa. La mujer vociferó algunas palabras inentendibles, que traían en el aire el sabor de la ira.&lt;br /&gt;El hombre sintió un olor a quemado, pero tampoco se inmutó, se dijo para sí, que quizás la mujer, como a veces le ocurría, dejó quemar algo en la cocina.&lt;br /&gt;El hombre volvió a gritar que tenía frió, si retirar la atención del periódico, Esta vez se oyó clarito que la mujer decía que moviera el grasoso culo y que cerrara el mismo la ventana, si era que tenía tanto frío: estaba iracunda.&lt;br /&gt;La mujer salió corriendo desde la cocina y traía una sarta de palabras dispuesta a ponérselas en la cara al hombre quien ya la tenía harta con su endemoniada quietud cuando llegaba a la casa y se sentaba en su trono.&lt;br /&gt;Toda la munición que había recogido para la guerra que tenía prevista, fue incautada por la sorpresa que tuvo. Al salir de la cocina y entrar en el corredor que lleva al salón, donde estaba la poltrona del hombre, alcanzó a divisar una bola candente que se precipitaba al piso dejando un agujero en la mesa y que seguía con unas llamas pequeñas a su alrededor. El soldado estatua caía derribado por las llamas.&lt;br /&gt;La mujer lanzó un grito de impotencia y desesperación y se acercó a la mesa humeante del comedor. Cayó arrodillada y se tapó la cara con las manos. Irrumpió en gritos de llanto y desgracia.&lt;br /&gt;El hombre sin sacar los ojos del periódico, pensó que la mujer berreaba porque se le habían quemado las galletas en el horno y lanzó un resoplido detrás del periódico y sólo atinó a decir:&lt;br /&gt;— ¡Quién las entiende!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5587597993593312053?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5587597993593312053/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5587597993593312053&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5587597993593312053'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5587597993593312053'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2010/01/quien-las-entiende.html' title='Quién las entiende'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-666603743828752772</id><published>2009-12-06T23:27:00.010+01:00</published><updated>2009-12-28T21:54:13.228+01:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;La tormenta&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La primera vez que escuché esta canción no sonaba en francés. Fue en el Café Libertad, de la mano de mi amigo  y cantautor: Osvaldo Ciccioli. El me descubrió (ahora lo sé) mucha música valiosa de la que nunca me he podido desprender. Incluida la suya propia. Entonces —nunca le pregunté— lo único que supe fue que evocaba a Krahe cuando cantaba La tormenta. Y a mí me parecía un tema tan tierno y ocurrente, que siempre que iba a escuchar a Chicho, le pedía que lo cantase. No hace mucho me confesó que aquella de Javier Krahe, solo era una magnífica traducción de L’orage de Georges Brassens. Para mí todo un desconocido. Sin embargo, recientemente rastreamos una nota de prensa escrita en los años 80 por Gabriel García Márquez, en la que hablaba del cantautor francés con motivo de su muerte reciente. En ella contaba, que en el curso de una charla literaria, alguien le había preguntado, quién era para él el mejor  poeta actual de Francia. Gabo contestó sin vacilación: Georges Brassens. Para ser sincera no he profundizado demasiado en su obra, pero esa imagen suya cantando La tormenta en su idioma natal, me hace pensarlo tal y como lo describió Gabo, la única vez que lo vio en persona: “…parecía un tramoyista extraviado, con sus enormes bigotes de turco, su pelo alborotado y unos zapatos deplorables. Un oso tierno, con los ojos más tristes que he visto nunca, y un instinto poético que no se detenía ante nada”. Me quedo con ese instinto poético, que sin duda, emana de su voz de una forma irresistible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Canción: traducción de Javier Krahe; voz de Alberto Pérez&lt;br /&gt;Vídeo: versión original de Georges Brassens&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=8781870" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/3sAyO7o6RBo&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/3sAyO7o6RBo&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-666603743828752772?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/666603743828752772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=666603743828752772&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/666603743828752772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/666603743828752772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/12/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6079477565907763570</id><published>2009-11-29T22:49:00.005+01:00</published><updated>2009-11-29T23:05:36.953+01:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Ignacio Cisneros Aísa&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya habíamos presentado a nuestro amigo Ignacio Cisneros en este espacio. Hoy traemos un relato de su reciente libro, El grito del gato y queremos anotar una vez más que a pesar de su modestia de sostener que no sabe escribir, nos sigue alegrando con sus anécdotas pícaras que son tan interesantes cuando las narra de viva voz como cuando las escribe. Su prosa está provista de un idioma sencillo y ahí está también su gran valor, porque escribir bien y sencillo, no es fácil.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Y DESPUÉS DE LA SAMBA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El vuelo de Varig de Madrid a Río de Janeiro estaba a punto de aterrizar. Había amanecido hacía muy poco tiempo y la voz de la azafata anunciando la llegada terminó con la última cabezada que pude dar durante las diez horas que duró el trayecto. Mi viaje estaba relacionado con los campeonatos mundiales de fútbol que se iban a celebrar en España al año siguiente —1982—. Consideré que podría ser una buena oportunidad para que la empresa incrementase la venta de nuestros automóviles con placa turística a los muchos “indianos”, sobre todo a los de procedencia asturiana, que residían en países de Sudamérica. Por ello, decidí desplazarme a Buenos Aires, Caracas, México DF y Santo Domingo, con objeto de visitar a varios de nuestros mejores clientes y conseguir su apoyo para encontrar colaboradores que, mediante el cobro de una comisión importante, nos ayudasen a realizar ventas a personas de origen español que tuviesen proyectado viajar a España durante el mencionado campeonato.&lt;br /&gt;Cuando fui a la agencia de viajes de Oviedo para organizar y comprar el viaje completo, la señorita que me atendió me  recomendó que antes de ir a Buenas Aires —la primera ciudad que yo tenía pensado visitar—  hiciese una escala de dos días en Rio de Janeiro, donde se iban a celebrar los carnavales durante las fechas en las que yo tenía proyectado viajar. Según ella, valía la pena. La verdad es que me convenció enseguida. Soy así de facilón.&lt;br /&gt;Descendí del avión, todavía vestido con ropa de invierno —en el mes de febrero en Madrid hace frío—. Cogí un taxi que me llevó al hotel Otton Palace, situado en la playa de Copacabana. Subí a mi habitación, me metí en la cama y me dormí enseguida. Desperté a mitad de mañana, me vestí con ropa de verano —pantalón blanco y camiseta azul marino, zapatos blancos sin calcetines y, por supuesto, con gafas oscuras para protegerme del sol intenso del verano brasileño— y salí a la calle. Hacía calor. El termómetro marcaba 36º. El sol era radiante y la playa estaba llena de bañistas. Después de dar un paseo me senté en un velador de una terraza próxima a la playa. Pedí una cerveza bien fría y cuando me la estaba tomando me fijé en los ocupantes de otra mesa no muy lejana de la mía. Eran tres. Como es lógico, no conocía a los dos a los que podía verles la cara. Sin embargo, el que estaba totalmente de espaldas a mí tenía un cogote que inmediatamente me recordó al de Juan Juncosa, mi colega de Barcelona. El mismo pelo gris rizado, peinado de manera muy hábil hacia delante, supongo que para tapar alguna zona de su cabeza más despoblada de cabello. En cualquier caso, aquello me pareció una casualidad, sin más. Pero cuando se levantaron para irse, pude comprobar que el hombre que tenía el cogote igual que el de Juan era Juan Juncosa. No había ninguna duda. Le llamé y cuando me vio se quedó muy sorprendido. Nos dimos un abrazo fuerte. Le expliqué la razón por la que me encontraba en Río y se alegró mucho de la coincidencia. Después me presentó a sus dos amigos: uno era de Andorra, hijo de un hermano de Paco Martínez Soria, y el otro era un asturiano que se apellidaba Pillo, vivía en Brasil hacía ya bastantes años, y tenía una agencia de viajes. Según me contó Juan, trabajaba mucho para portugueses emigrantes que residían en Brasil. También organizaba espectáculos de conjuntos brasileiros de folklore típico que enviaba a realizar giras por el mundo, sobre todo a Europa. Precisamente, durante los carnavales tenía montada en planta doce del mismo hotel en el que estaba yo alojado una sala-oficina VIP para atender a clientes y amigos. Según me contó Juan, me convenía darme una vuelta por allí porque siempre había mucha animación y me gustaría tomarme una caipiriña mientras contemplaba a las mulatas más guapas de Río que formaban parte del grupo que Pillo tenía contratado y que, por su espectacular belleza, eran las que abrirían el desfile de las escuelas de  danza en el Sambódromo la última noche de carnaval. Ellos se despidieron y Juan me invitó a comer.&lt;br /&gt;Nos desplazamos hasta el hotel Río Palace para recoger a Elga, la mujer de Juan —una berlinesa muy guapa—, que se quedó muy sorprendida cuando me vio por aquellas tierras. Comimos en la terraza del hotel, muy cerca de la piscina. Era una delicia contemplar a las camareras, casi todas mulatas, muy ligeras de ropa, que se desplazaban al ritmo de la samba que, una tras otra, sonaba por la megafonía.&lt;br /&gt;Juan me comentó que había quedado con Elmar Weber para ir al día siguiente a dar un paseo por la bahía en un yate de Mercedes-Benz. Weber había sido el consejero comercial de la marca en España. Hacía poco tiempo que había sido nombrado para ocupar el mismo cargo en Brasil, en donde Mercedes tenía una fábrica de camiones. Después de permanecer un par de horas de sobremesa, me despedí del matrimonio hasta el día siguiente por la noche.&lt;br /&gt;Sin embargo, cuando fui a  mi hotel a dormir, tenía un mensaje de Weber. Se había enterado por Juan de mi presencia en Río y me invitaba a la excursión en barco. Me recogería un coche de la empresa a las diez de la de mañana del día siguiente. Efectivamente, a la hora indicada,  un Mercedes 500SE de color negro me esperaba delante de la puerta del hotel. Un chofer de cierta edad, uniformado, me sonrío cuando me dirigí al vehículo; me abrió la puerta trasera del mismo y nos dirigimos al Río Palace, también situado en Copacabana. Recogimos al matrimonio Juncosa y nos desplazamos hasta el puerto deportivo. Aunque el tráfico por las calles de la ciudad era muy intenso, nuestro conductor conocía  bien todas las triquiñuelas —entre las que destacaba un respeto dudoso a los colores de las luces de los semáforos—, y llegamos enseguida al muelle en el que estaba atracado uno de los dos yates que la multinacional tenía en la ciudad. La fábrica de camiones estaba en Sao Paulo y la empresa disponía de dos jets, no muy grandes, que los directivos utilizaban también para desplazarse a Río los fines de semana. Nos apeamos del coche y nos acercamos a la escalerilla del yate. No era muy grande, pero sí muy bonito.&lt;br /&gt;Antes de subir  a bordo, nos saludó Karlsten Weingarten, director general de la fábrica de Sao Paulo y antiguo director de las de Vitoria y Barcelona. Me dio la bienvenida con una sonrisa amplia y un abrazo efusivo. Nos conocíamos bien desde su estancia en España y nuestras relaciones habían sido siempre muy cordiales. Iba vestido todo de blanco y sobre su cabeza lucía una gorra  de capitán de barco.&lt;br /&gt;—¡Cuánto me alegra  volver a verte! —me dijo.&lt;br /&gt;—Yo también, amigo Karlsten. Estoy muy contento por este reencuentro inesperado.&lt;br /&gt;Después de un rato de conversación, nos deseó buen día y se subió a un velero muy moderno que estaba amarrado cerca de allí. Siempre había sido aficionado a la vela, y cuando vivía en Vitoria navegaba por el pantano que hay cerca de la ciudad.&lt;br /&gt;Nosotros subimos al yate en el que nos esperaba Weber y Claudine, su mujer. Tan pronto como estuvimos a bordo, el barco se puso en marcha. El paseo por la bahía de Río fue precioso. Valió la pena. Al principio, fuimos bordeando la costa y disfrutando de las inigualables vistas de la ciudad más bonita del mundo: El Pan de Azúcar, El Corcovado con su Cristo Redentor, las playas de Ipanema, Copacabana… Después nos dirigimos mar adentro y, cuando llevábamos un buen rato navegando y ya no había nadie alrededor, se paró la embarcación para que nos pudiéramos bañar. Descendimos por la escalerilla y nos metimos al agua. La temperatura de la misma era ideal, y como el mar estaba muy tranquilo, aprovechamos para nadar durante bastante tiempo. Disfrutamos mucho. Llegó un momento en el que consideramos que era prudente regresar y así lo hicimos. Cuando llegamos al barco y subimos a cubierta, dos marineros nos esperaban con toallas para que nos secásemos. Nos pusimos ropa seca y nos reunimos en la borda en la que teníamos preparado un aperitivo. Se nos pasó el tiempo muy deprisa, hasta que un camarero vino a comunicarnos que podíamos pasar a comer. Nos fuimos todos al comedor y nos sentamos a la mesa.&lt;br /&gt;La comida fue estupenda: grandes fuentes de camarones, varios pescados,  roastbeef, frutas tropicales y dulces. Bebimos vino blanco bien frío, vino tinto francés y champagne. Con el café tomamos algún licor. La alegría que suele producir el alcohol se notó pronto, y la conversación se hizo cada vez más ruidosa y animada.&lt;br /&gt;Sobre las cinco de la tarde, regresamos a tierra. Descendimos del barco y el mismo coche que nos había traído nos llevó a nuestros hoteles. Nos despedimos hasta las nueve de la noche. Juan había conseguido a través de su amigo Pillo reservar una mesa para cenar, ver el espectáculo y bailar en un club privado muy importante. Lo íbamos a pasar muy bien, porque además allí iban a actuar alguna de aquellas mulatas tan guapas que formaban el grupo que administraba Pillo.&lt;br /&gt;A las nueve menos diez, arreglado con mis mejores ropas, esperaba en el bar del hotel a que pasasen a recogerme, mientras me tomaba una caipiriña. Apareció Juan, me levanté y salí en su compañía hasta el taxi en el que nos esperaba Helga. Arrancamos y nos dirigimos hacia el restaurante elegido. Las calles de la ciudad a aquellas horas de la noche estaban llenas de gente alegre que, vestida con las fantasías típicas de los carnavales, no dejaban de cantar y bailar sambas y más sambas. Aquello era una locura colectiva que impresionaba a cualquier persona que como yo contemplara aquel espectáculo por primera vez. Juan, que llevaba ya veinte años acudiendo a los carnavales de Río, me iba explicando cómo funcionaban las escolas de samba, y cuánto trabajaban sus miembros durante todo el año para ensayar, hacer vestidos, componer canciones nuevas y realizar otros muchos preparativos.&lt;br /&gt;Llegamos a nuestro destino y descendimos del taxi delante de una puerta de buen tamaño, hecha de madera sólida, que estaba cerrada a cal y canto. Juan llamó con el aldabón y se abrió un ventano pequeño que había en el centro del portón por el que asomó la cabeza un hombre de raza negra. Al vernos, abrió la puerta y, después de que entrásemos en el local, nos acompañó a una mesa en la que ya estaban sentados el matrimonio Pillo. Cenamos muy bien y bebimos mejor. El ambiente que reinaba en aquel local era magnífico. Yo no conocía a nadie, pero supuse que los asistentes a aquella cena eran gente importante. La verdad es que sí conocí a una persona y fue después, en el baile, cuando Sara —una de las bailarinas— estaba intentando enseñarme a bailar una samba. Vi a una pareja que bailaba al lado nuestro y conocí al caballero: se trataba de Pelé. Después me lo presentaron y me preguntó que si yo era del Real Madrid.&lt;br /&gt;A pesar del interés que mostró Sara y otras compañeras suyas para que yo aprendiera a bailar la samba con ese ritmo tan especial que le dan los brasileros, no conseguí más que una imitación patosa de la danza, pero lo intenté con interés y  me divertí mucho. Estuvimos bailando y bebiendo champán francés hasta que se hizo de día. Regresamos a los hoteles, entré en mi habitación y como proyectaba dormir varias horas, pensé que antes debía comer algo. Llamé al servicio de habitaciones y pedí que me trajeran un vaso de leche fría y una tostada con mantequilla y mermelada. Mientras  traían el desayuno, encendí la televisión. La primera imagen que contemplé fue la de un guardia civil que lucía un hermoso bigote negro; llevaba el tricornio puesto y esgrimía una pistola en su mano derecha. Con cara de pocos amigos y en un castellano perfecto gritó: «Quieto todo el mundo ». Enseguida, aparecieron varios guardias más que cubrían sus cabezas con gorras y que llevaban metralletas. De repente sonaron disparos  y pensé: «Película española». Sin embargo, después de esta escena, una presentadora apareció en la pantalla y , aunque hablaba en portugués, pude en tender que en Madrid, algunos militares habían dado un golpe de estado y que la Guardia Civil había tomado el Congreso de lo Diputados.&lt;br /&gt;Cogí el teléfono y llamé a mi mujer. Me contó lo que había pasado, pero cuando le dije que suspendía mi viaje de trabajo y que volvía a casa, ella me contestó:&lt;br /&gt;—No, ya está todo tranquilo y no pasa nada. Ayer, sí me asusté mucho cuando me llamó tu hermano desde Valencia y me dijo que no saliésemos de casa porque allí estaban los tanques por las calles. Pero parece que la situación está controlada, así es que no te preocupes por nosotros y continúa con tu viaje de trabajo.&lt;br /&gt;Aquello me tranquilizó, pero cuando colgué el teléfono  pensé que aquel 23 de febrero no había sido igual para todos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6079477565907763570?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6079477565907763570/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6079477565907763570&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6079477565907763570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6079477565907763570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/11/de-otras-plumas.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5528399176105182633</id><published>2009-11-15T22:44:00.003+01:00</published><updated>2009-11-16T10:00:07.653+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>La caída de la hoja</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No hay nada tan exquisito como ver caer una hoja. Uno se apoya contra el respaldar y se sienta cómodo en la banca del parque, en un día soleado de otoño, y se queda ahí mirando como se desprende de arriba la hoja. Ella empieza su movimiento como una mano diciendo adiós. En realidad le está diciendo adiós a las otras hojas que aún tienen tiempo para permanecer allá pegadas a las ramas como sanguijuelas. Uno piensa que la susodicha va a caer junto a su banca y que le podrá acariciar el envés y pasar los dedos por todas sus venitas tiernas, pero no. Siempre hay un viento, ínfimo, pero lo hay, capaz de llevársela y dejarlo a uno con la boca abierta esperando que pase nada.&lt;br /&gt;Y uno ve como cae con ese movimiento voluptuoso y uno se imagina que así caminan las niñas coquetas como si te dijeran, mírame cómo estoy de buena. Y sigue bajado despacio como si con ese vaivén quisiera amortiguar la caída en el piso de cemento.&lt;br /&gt;Ese coqueteo con el aire la hace sentirse muy bien y quiere aprovechar el tiempo que aun tiene para hacer lo que no ha hecho porque sabe que al llegar al piso será llevada al matadero donde yacen todas las hojas pisadas o agujereadas por las escobas de los barrenderos de oficio. Y la hoja madura, amarilla de lo madura, en su descenso se encuentra con otras hojas que no miran (la tristeza les limita el mundo) porque saben de sobra cual es su destino. Ya no tiene ganas de mirar, ya no hay esperanzas para mirar. A otras les basta vivir ese vaivén, ese jadeo, ese último y sutil movimiento antes de llegar a su morada y eso les basta para ser felices. En su descenso, la hoja se posa sobre el sombrero de una mujer que camina meneando sus caderas describiendo figuras en el aire. Se suma a su desgracia de la mujer que se resbala sobre las otras hojas y sufre un esguince y el sombrero pierde el equilibrio y la hoja se precipita al vacío y queda a varios metros de la banca cubierta por el sombrero. Corro en su ayuda, otros caballeros también quieren darle la mano a la mujer (es joven la mujer y tiene su gracia) y yo pierdo de vista a mi hoja. Levanto la mirada y veo otra hoja que se desprende, pero ya no es lo mismo. Cada hoja es diferente. Mi hoja era única.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5528399176105182633?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5528399176105182633/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5528399176105182633&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5528399176105182633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5528399176105182633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/11/la-caida-de-la-hoja.html' title='La caída de la hoja'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3655071553404268510</id><published>2009-11-15T22:41:00.004+01:00</published><updated>2010-02-06T23:03:33.964+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Habitación 121</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Tenemos una habitación. De martes a domingo nadie la habita. Tiene una cama amplia, con sábanas limpias que esperan. Una mesita de luz con un cajón vacío. Hay un velador de pantalla coral con una quemadura redonda que se difumina del negro al castaño. Una pintura de margaritas apagadas en la pared, con un marco estrechísimo, casi imperceptible y una alfombra cremosa a los pies de la cama. Frente a ella una sola ventana es la puerta de un balcón de corte antiguo. Está vestido con cortinas finas y blancas que apenas disimulan el patio que se hunde doce pisos más abajo. La luz llega tenue a las estancias como un coladero del cielo lejano. Es imaginable que muchas otras habitaciones den a ese espacio ciego, entre cuatro paredes, adornado con cactus rechonchos cubiertos de pinchos amarillos. Sobreviven en el ambiente artificial de una urna de vidrio cuadrada. Podríamos suponer que si un huésped se asoma de martes a domingo no se sentirá tan solo al comprobar que hay seres vivos habitando el suelo del patio. Los lunes es difícil para mí imaginarme nada. Tenemos una habitación. De martes a domingo no es nuestra, pero nadie la ocupa gracias a la habilidad de él para convencer al encargado y que no se la alquile a otros. O tal vez sea gracias a su dinero. O quizás una mezcla de las dos cosas. Los lunes la habitación es nuestra. Tenemos una habitación que los lunes nos tiene a nosotros. Y cuando él y yo cruzamos el umbral de la puerta, cada uno por su lado, con nuestra ropa de trabajo y nos miramos y nos despojamos del reloj, de los pendientes, de los móviles, de los zapatos, la habitación se convierte en un barco. La proa apunta valiente hacia el balcón, que se abre por arte de sus manos y la brisa entra sin tapujos. Las cortinas son medusas que ondean como velas rebeldes. La luz se hace intensa y trae olores dulces del jazmín mediterráneo que se confunden con el almíbar guardado en algún lugar de nuestros cuerpos. Y ya desnudos puedo asegurar que volamos. Cortamos olas, amarramos pierna con pierna, lengua con lengua, largamos velas, nos atrevemos con cualquier viento. A veces, durante la noche, la lluvia nos despierta. Sentimos que cae sobre la tierra. Hemos llegado a un puerto. Nos levantamos con la piel tibia como la sangre y nos asomamos al balcón. De la mano vemos las gotas aplastarse sobre la arena caliente de una playa, las escuchamos salpicar las calles de un pequeño pueblo azulado que crece alrededor. Nos dejamos embriagar por el vapor cálido que asciende hasta la batayola del balcón de nuestra habitación.&lt;br /&gt;Más tarde la noche culmina y deja de ser lunes. Tenemos una habitación que siempre abandono yo primero. Entro en el ascensor e intento no verme en el espejo que se empeña en devolverme una imagen demasiado parecida a la de la noche pasada. Justo a esa hora cambian el turno en la recepción. Es fácil. Sólo hay que ser puntual. Para ellos yo no he estado nunca. Sólo él y su capricho de conservar la 121. Cruzo el vestíbulo a paso rápido y salgo a la calle. Los pájaros empiezan a cantar, pero se confunden con el vuelo de los aviones que cruzan intermitentes el horizonte. La nacional dos va cargada de coches. Miro a los lados buscando el mío aparcado en la acera. Durante un instante observo los restaurantes de carretera, las parrillas, las marisquerías fuera de lugar, apagadas. Entro en el vehículo sin quitarme el abrigo. Hace frío. Me cuesta unos minutos arrancar, pero finalmente lo pongo en marcha y salgo a la nacional dos. En mi cabeza persiste la idea: tenemos una habitación. De martes a domingo nadie la habita. Tiene una cama amplia, con sábanas limpias que esperan. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3655071553404268510?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3655071553404268510/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3655071553404268510&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3655071553404268510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3655071553404268510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/11/habitacion-121.html' title='Habitación 121'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-154215827363905485</id><published>2009-10-10T19:41:00.002+02:00</published><updated>2009-10-10T19:58:22.964+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;La Cruz del Sur&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si no fuera porque he mirado con mis propios ojos su cielo nocturno de verano, diría que en Buenos Aires es como en mi ciudad, que “las estrellas se olvidan de salir”. Pero en el Gran Buenos Aires también hay barrios, y campos que se quedan quietos por la noche. Entonces no sé si es la sed o qué,  lo que te hace alzar la cabeza, y darte cuenta con tu corazón del norte que la configuración del cielo no es la que conoces. Un perro ladra a lo lejos, y eso no tendría nada de particular, si no fuera porque caminando por las calles porteñas, escuchando el ruido de tus botas contra el piso, aparecen como luciérnagas los almacenes dormilones, con el mostrador repleto de alfajores Jorgelin y empanadas haciéndose en el horno. Y el perfume de la yerba “temblando en la piel del aire”. Entonces es casi imposible no acordarse de Cortázar y buscarla y encontrarla sin dificultad. La Cruz del Sur. Yo a veces también la extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vos ves la Cruz del Sur&lt;br /&gt;y respirás el verano con su olor a duraznos&lt;br /&gt;y caminás de noche mi pequeño fantasma silencioso&lt;br /&gt;por ese Buenos Aires, por ese siempre mismo Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraño la Cruz del Sur&lt;br /&gt;cuando la sed me hace alzar la cabeza&lt;br /&gt;para beber tu vino negro, rnedianoche.&lt;br /&gt;Y extraño las esquinas con almacenes dormilones&lt;br /&gt;donde el perfumo de la yerba&lt;br /&gt;tiemble en la piel del aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraño tu voz,&lt;br /&gt;tu caminar conmigo por la ciudad.&lt;br /&gt;Comprender que eso está siempre allá&lt;br /&gt;como un bolsillo donde a cada rato&lt;br /&gt;la mano busca una moneda, el peine, llaves,&lt;br /&gt;la mano infatigable de una oscura memoria&lt;br /&gt;que recuenta sus muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Cruz del Sur, el mate amargo&lt;br /&gt;y las voces de amigos&lt;br /&gt;usándose con otros.&lt;br /&gt;Me duele un tiempo amargo&lt;br /&gt;Ileno de perros y desgracia&lt;br /&gt;la agazapada convicción de que volver es vano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprender que un mar es más que un mar,&lt;br /&gt;que la muerte se viste de distancia&lt;br /&gt;para llegar de a poco, lenta, interminable,&lt;br /&gt;como una melodía que se resuelve al fin&lt;br /&gt;en humo de silencio.&lt;br /&gt;Extraño ese callejón&lt;br /&gt;que se perdía en el campo y el cielo&lt;br /&gt;con sauces y caballos y algo como un sueño.&lt;br /&gt;Y me duelen los nombres de que cada cosa&lt;br /&gt;que hoy me falta,&lt;br /&gt;como me duele estar tan lejos&lt;br /&gt;de tu caricias y de tus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraño tu voz&lt;br /&gt;tu caminar&lt;br /&gt;conmigo por la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Letra de Julio Cortázar&lt;br /&gt;Música de Edgardo Cantón&lt;br /&gt;Interpretado por Juan Cedrón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=b12593c" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-154215827363905485?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/154215827363905485/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=154215827363905485&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/154215827363905485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/154215827363905485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/10/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7870867507415416316</id><published>2009-10-03T22:25:00.010+02:00</published><updated>2009-10-03T23:10:43.084+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Gonzalo Arango&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(1931-1976, Andes, Antioquia)&lt;br /&gt;Poeta y escritor, fue el principal protagonista del grupo poético de los nadaístas. &lt;br /&gt;El Nadaísmo tuvo dos etapas, el Nadaísmo rebelde y el nadaísmo de la nueva era donde escribe su famoso poema Revolución (Manos unidas)&lt;br /&gt;Una mano&lt;br /&gt;más una mano&lt;br /&gt;no son  dos manos;&lt;br /&gt;son manos unidas.&lt;br /&gt;Une tu mano&lt;br /&gt;a nuestras manos&lt;br /&gt;para que el mundo no esté&lt;br /&gt;en pocas manos&lt;br /&gt;sino en todas las manos.&lt;br /&gt;El nadaísmo es un movimiento literario colombiano que se desarrolló durante el período 1950-1964 en la ciudad de Medellín, capital del departamento de Antioquia; fue un movimiento con rasgos contraculturales.&lt;br /&gt;Su poesía y prosa irrumpe para ofrecer un cambio, una revolución en la literatura. El nadaísmo se alimenta de las contradicciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;Para leer más de su vida y obra: &lt;a href="http://www.gonzaloarango.com"&gt;Gonzalo Arango&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Poema a mi sobrenada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el sobretodo es mi mejor amigo&lt;br /&gt;bebemos vino de consagrar en los viñedos&lt;br /&gt;y nos emborrachamos,&lt;br /&gt;compartimos el amor con las mujeres.&lt;br /&gt;mi sobretodo es sensual y seductor.&lt;br /&gt;en la cárcel era un colchón&lt;br /&gt;en los prostíbulos era un refugio&lt;br /&gt;con las manos hundidas en los bolsillos&lt;br /&gt;que me salvaba del naufragio de los besos baratos.&lt;br /&gt;en el invierno me defendía de la lluvia&lt;br /&gt;y en el verano era una sombra luminosa.&lt;br /&gt;mi sobretodo era una incitación voluptuosa a la pereza,&lt;br /&gt;al calor, al heroísmo, al amor, al invierno.&lt;br /&gt;en los momentos de peligro me hacía pasar por detective&lt;br /&gt;y me daba un aire respetable de gran señor del hampa.&lt;br /&gt;mi cuerpo se pierde en él cuando me persiguen,&lt;br /&gt;en mi buena época del parlamento él hablaba por mí:&lt;br /&gt;silencioso&lt;br /&gt;tímido&lt;br /&gt;elocuente.&lt;br /&gt;ha sido una bella disculpa&lt;br /&gt;para eludir serias responsabilidades históricas.&lt;br /&gt;mi sobretodo es a veces el lecho del amor&lt;br /&gt;en los sitios despoblados de la ciudad&lt;br /&gt;tiene un oculto sabor de pecado prohibido.&lt;br /&gt;mi sobretodo es un gran honor.&lt;br /&gt;tiene más historia que una alfombra mágica.&lt;br /&gt;yo lo consagro como el receptáculo privilegiado&lt;br /&gt;donde algunas mujeres tendieron su columna vertebral&lt;br /&gt;completamente desnudas&lt;br /&gt;de cara al sol o a la noche.&lt;br /&gt;mi sobretodo es testigo de la ternura y el terror.&lt;br /&gt;fue acariciado por manos sofocadas de mujer&lt;br /&gt;y desgarrado por puñales de odio.&lt;br /&gt;mi sobretodo tiene quemaduras de tabaco&lt;br /&gt;y huellas de disparos asesinos&lt;br /&gt;y marcas sospechosas de labios rojos.&lt;br /&gt;yo lo empeño por 8 pesos en los momentos de apuro,&lt;br /&gt;mi sobretodo está saturado de sudor animal&lt;br /&gt;tiene residuos de manchas de sangre y aceite…&lt;br /&gt;sonidos vegetales.&lt;br /&gt;cuando no llueve y hace calor me lo quito&lt;br /&gt;me hundo en la noche oscura y mojada&lt;br /&gt;o me hundo en el día lleno de sol, seco.&lt;br /&gt;mi sobretodo es humano y feo&lt;br /&gt;y todos los domingos guarda en sus bolsillos&lt;br /&gt;la angustia de la semana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7870867507415416316?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7870867507415416316/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7870867507415416316&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7870867507415416316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7870867507415416316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/10/gonzalo-arango.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3532889756026618173</id><published>2009-09-13T22:35:00.007+02:00</published><updated>2009-09-18T16:16:07.559+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Epitafio de Septiembre</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;“Y la vida siguió como siguen las cosas&lt;br /&gt;que no tienen mucho sentido”&lt;br /&gt;Joaquín Sabina&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hoy es diez de septiembre. Todavía no he abierto los ojos pero intuyo que todos duermen. Desde fuera me llega el suave sonido del agua batiendo contra el casco; ninguna voz ni susurro en el interior de los camarotes. Es temprano, lo sé porque siento el estómago revuelto y por la luz débil que se cuela por la claraboya cuadrada del techo de la cabina. Debe de ser la costumbre de madrugar la que me saca del sueño o tal vez los nervios. También escucho entre el silencio matutino el tintín de las jarcias que como dice Bolaño, nunca falta en un puerto mediterráneo. No importa que en apariencia no sople el viento, las jarcias siempre tintinean.&lt;br /&gt;Me da pereza salir del saco. Prefiero alargar un poco este momento, un instante que todavía es mío antes de que se desate el día y todo suceda irremediablemente. Un final que ninguno de los que estamos aquí hubiera deseado. Recorro la cabina con la vista. Yo he dormido en el sillón de la banda derecha del Beneteau que alquilamos ayer en el puerto de Moraira. El más largo, detrás de la mesa central del salón. Sobre la mesa hay un sobre con fotos. También hay un sombrero con una cinta azul que dice Nein. Aunque no lo supiera ya, igual me parecería el nombre de un barco, me digo, mientras recuerdo el día que los compramos en una tienda de Sant Antoni: los chicos sombrero y las chicas un pañuelo de pirata. Anoche no tuve ganas de armar la cama y sólo estiré mi saco sobre los cojines. La última vez que navegamos con Gonzalo fue igual. A él también le daba pereza. Era tarde, como ayer. Ese día estuvimos jugando todos a los dados, tomando ron de una botella de Capitan Morgan que casi acabamos. Los chicos se fueron a dormir. Nosotros dos, despejados y sin pareja, nos quedamos hablando un rato en el comedor. Nunca pedíamos camarote. Cuando el sueño no nos dejaba hablar nos metíamos en el saco, cerrábamos los ojos y el silencio inundaba el barco.&lt;br /&gt;—¿Montamos las camas?, le dije esa vez.&lt;br /&gt;Él sonrió,”No, mejor nos jugamos el sofá largo a los dados”. Desde luego me ganó. Era muy listo con los dados; jugando al mentiroso. Pero me dejó dormir a mí.&lt;br /&gt;En esta singladura lo único material de Gonzalo que llevamos son las fotos y el sombrero.&lt;br /&gt;Poco a poco me espabilo. Ya me van entrando ganas de levantarme y hacer café. Que sea el olor del café el que le dé los buenos días a los demás. Hoy habrá pocas palabras. Nos hemos dicho poco los últimos cuatro días, lo suficiente para organizarnos cuando se me ocurrió la idea de venir después de que mi hermano me diera la noticia. Una llamada suya en mi móvil. No iba a cogerlo. Estaba a punto de comenzar una reunión importante en un hotel cerca del aeropuerto. Ya le llamaré más tarde, pensé. Pero lo cogí. Y sus palabras cayeron como piedras. Me ha llamado David para decirme que…, y aquí hizo una pausa larga. Que Gonzalo ha fallecido. Fallecido. Sonaba como si no diciendo “muerto” quisiera quitarle gravedad. Al principio pensé que se refería a otra persona; a alguien que yo no conocía. A alguien más viejo, a un familiar lejano que son los que se suelen morir y no el amigo de uno con treinta años. Gonzalo era cómo esas aves migratorias: desaparecía durante meses, y cuando menos te lo esperabas, sonaba el móvil. Aparecía en la pantalla: “G”, y te sorprendía al otro lado con su alegría. Siempre lista para compartir. Como un conjuro, probé a preguntarle a mi hermano que qué Gonzalo. No recuerdo qué me contestó.&lt;br /&gt;Parece que el barco se mueve. Tal vez algún vecino del velero al que nos hemos abarloado haya salido a la cubierta y sus pisadas se sienten en el nuestro. Anoche llegamos tarde después de navegar costeando desde Altea y no había puntos de amarre libres. Fuimos a cenar y de ahí directos a dormir. No quisimos pasear por el pueblo antes de volver como hubiéramos hecho siempre. Cómo aquella última vez que de algún modo queríamos rememorar, cuando nos quedamos en La Cucaracha tomando tequilas. Gonzalo había llegado el último desde Madrid, nosotros ya estábamos pensando en ir a descansar, pero no hubo forma. Siempre nos convencía.&lt;br /&gt;Corro la cremallera del saco y salgo. Ni siquiera he estibado mis cosas. De todos modos no voy a estorbar a nadie, porque los otros se han acomodado ya en sus camarotes y afuera estoy sola. En total hemos venido siete. Me pongo los pantalones y sin lavarme los ojos, quito la puerta del tambucho y salgo a la bañera. Afuera el cielo está despejado y brillante; el sol me calienta la cara, los brazos. Alrededor los barcos duermen todavía. Pero las jarcias no, las jarcias entonan su canción, la de siempre. Es posible que la luz que se cuela en la cabina a sus anchas y el sonido de los palos ayude a que mis amigos despierten. De repente tengo ganas de que salgan, de tenerlos cerca, de hablar un poco. Tal vez ni siquiera estén durmiendo.&lt;br /&gt;Pienso en el día después de la llamada. Alguien me mandó por email una reseña del Heraldo de Aragón, donde hablaba de la desaparición de Gonzalo. Aún no sé por qué la leí, y después entré en internet, y busqué más detalles. Más palabras que me ayudaran a reconstruir ese momento. Quería saber pero no me atrevía a preguntar a nuestros amigos comunes. Necesitaba una explicación fría sin mirar a nadie a los ojos, sin escuchar una voz conocida. Cómo si de esa forma pudiera acercarme a él en ese instante incomprensible. Como si así pudiera darle a Gonzalo un poco de abrigo, extender la mano y acariciarle la cara, en medio de esa soledad profunda que debe de ser enfrentarse a la muerte. Encontré lo que quería: “G.C.A. El joven montañero de 33 años resultó muerto...” Lo leí más de una vez. Quizás cuatro o cinco. Traté de imaginarlo en la cima del Pico Perdiguero. Acomodándose las gafas, con esa sonrisa dulcísima, casi de niño, el pecho agitado y las manos huesudas haciendo de visera para localizar el Monte Perdido y más allá el perfil solemne del Aneto. Me lo imaginé satisfecho y feliz. Y quise como quisiera ahora quedarme ahí. No avanzar, momento a momento, hasta tropezarme con la caída. Con el vacío, con la nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas horas después estamos navegando con las dos velas izadas. La mayor se afloja, y David me pregunta si desde ahí veo cómo están los catavientos.&lt;br /&gt;—Los de la génova diez puntos—le digo con todo el cariño que se puede decir algo así.&lt;br /&gt;Mi hermano, que está a la caña, abre un poco el rumbo, y deja caer el barco a babor. Ahora se inflan las dos. Los siete estamos repartidos por la cubierta. No hablamos. Los silencios son muy habituales cuando navegas. Es mejor escuchar. Ver. Creo que a ellos también les relaja lo único que podemos oír. El viento es flojo, pero llevamos una buena marcha. Las olas rompen contra las amuras de proa. Las gaviotas reidoras gritan a lo lejos y el palo mayor se queja cuando se tensa en cada cabeceo.&lt;br /&gt;Los recuerdos llegan como una liturgia. Un día, costeando a pocas millas de donde estamos ahora, Gonzalo estaba recostado sobre un obenque del palo mayor. A su espalda se metía el sol cerca del Cabo San Antonio dejando esos arreboles que te hacen contener la respiración de lo hermosos. Hacía mala mar, el barco daba pantocazos y yo veía a Gonzalo haciendo equilibrios y llovíéndole rociones que le dejaban la cara empapada. Yo estaba apoyada en el palo y veía que teníamos que volver a la bañera porque la maniobra era inminente. Me hablaba del parecido entre el mar y la montaña. Hacía mucho que era montañero. Las gotas saladas le resbalaban por la nariz. Y quise imaginar que su piel cuando subía a los Pirineos se erizaría de la misma forma que aquel día. Me preocupé porque se estaba mojando, pero me dijo feliz, No, si me gusta, y allí seguimos un rato. Entonces alguien se despistó con el timón y el barco viró por barlovento de forma brusca. La trasluchada fue inevitable y yo me tuve que sujetar para que no me golpease la botavara. Cuando se completó la maniobra entre gritos y la Génova cambió totalmente de lado no vi a Gonzalo por ningún sitio. Se había caído al agua. Hicimos el rescate con mucha serenidad y el único que no se asustó ni un poquito fue él. Luego, mientras se secaba en la cabina y le reñíamos por no estar atento, me contó en voz baja que le gustaría viajar dentro de un tsunami. Que no le importaría irse al otro barrio en un viaje de esos. Yo le dije que estaba loco, pero lo quise mucho por contarme algo así. Gonzalo siempre buscaba su vis a vis particular con la naturaleza, aunque a veces fuera un poco temerario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos días, en el tanatorio supimos que iban a incinerar su cuerpo, y que su familia arrojaría las cenizas mar adentro en una ceremonia privada. En este Mar Mediterráneo, hoy un poco gris. Si yo los viera, desde lejos, en un barco vecino, ni siquiera sabría a quién están despidiendo con ese gesto. No conozco a su familia. Apenas he podido darle el pésame a un par de amigos comunes.&lt;br /&gt;Son las diez de la mañana. Nos han dicho en el muelle que el barco encargado del responso saldrá por la bocana hacia las once. No veo a David en la cubierta, así que bajo a la cabina a buscarle. A Gonzalo lo conocí por él. Me asomo y está sentado en la mesa de cartas. Tiene el sombrero en las manos, apoyadas encima de un mapa de derroteros. Con el dedo índice acaricia las letras cosidas como queriéndolas redibujar. Nein. Fue la primera travesía, todos juntos.&lt;br /&gt;—David—parece que le saco de su ensimismamiento y le acaricio con suavidad en brazo.&lt;br /&gt;Me siento enfrente, al otro lado de la mesa. Me mira, y casi no me atrevo a preguntar. Sé que sus ojos están perdidos en algún recuerdo de Gonzalo.&lt;br /&gt;—¿Te contó alguien lo que pasó?&lt;br /&gt;—Sí—Vacía los pulmones de golpe y guarda un largo silencio que no soy capaz de interrumpir. Después continúa—El chico que iba con él. Sólo subieron dos, pero estaba solo cuando se cayó. Habían hecho vivac la noche anterior y por la mañana se separaron. El otro dice que Gonzalo no quería bajar por el mismo sitio. Que quería probar otro camino. Después en el pueblo pasaron muchas horas, y bueno, Gonzalo no llegaba. Lo encontraron en una olla. Tardaron mucho en llegar hasta él porque había mucha altura desde donde cayó. Estaba deshecho.&lt;br /&gt;David ha vuelto a poner los ojos en el sombrero.&lt;br /&gt;—Quién sabe. Quizás le desequilibró la mochila. Ya sabes cómo era—añade con una sonrisa.&lt;br /&gt;Nos llaman de arriba. La familia de Gonzalo ha aparecido por popa. Cuando salimos, los demás están agrupados en la bañera, al lado del timonel, que ahora es Carlos. Están serios. Parece que es la hora. Hace un día claro—casi caluroso— y el viento ha rolado poniéndose ahora de través, como queriéndonos invitar a cambiar el rumbo y seguir a la comitiva.&lt;br /&gt;“¿Vamos con él?” dice Carlos pidiendo confirmación. Algunos asienten, otros susurran lo que debe de ser un “sí”. Y nos preparamos para la maniobra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso en lo otro, en la vida. En sus alumnos de la universidad, y su “vela ligera”—que compró a pachas con los amigos— acostado solitario a orillas del embalse de El Atazar; pienso en la licencia federativa que me pidió que le renovara hace menos de un mes; en una chica con la que dicen que salía, y que no ha aparecido por ningún sitio; pienso en la “G” de mi móvil, en los dados rodando por la mesa, en las risas, en el sofá pequeño y vacío, en la costa del Mediterráneo, en las Montañas que se levantan a lo largo de la Península Ibérica. Demasiada vida para un epitafio. Y me viene a la memoria un cuento de Maupassant, que hablaba de una mujer que sale de su tumba para corregir su epitafio. Y todos los demás muertos hacen lo mismo, porque no eran “tan” buenos como rezaban las lápidas. Y me alegra que Gonzalo no tenga epitafio, ni sitio donde llevarle flores. El mar está en todas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miro a lo lejos el otro barco que avanza a motor. Poco a poco lo alcanzamos por la banda derecha. El trasiego de gente vestida de negro. Se aproa, se frena voluntariamente, quedando a merced de las olas que le topan por el costado. Un hombre alto que se va a la banda de sotavento. Una mujer que sujeta un objeto entre las manos. Lo abre. El viento refresca, y silba, se enzarza con el mar, y de mi mano se lleva las fotos que he sacado del sobre. Flotan en el aire, vuelan hacia atrás, suben y se enredan con la estela que deja el barco, y se pierden por la popa en la superficie del agua.&lt;br /&gt;Y en el horizonte más cercano veo a Gonzalo volar desde un barco sin velas. Hace piruetas en el aire como un acróbata, baila como las gaviotas cuando se dejan caer en picado. Y del mar, de pronto arranca una tremenda ola, encrespada, como salida del fondo de la misma vida. Como un tsumani. Y se lo traga. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3532889756026618173?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3532889756026618173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3532889756026618173&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3532889756026618173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3532889756026618173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/09/epitafio-de-septiembre.html' title='Epitafio de Septiembre'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3841603519549541898</id><published>2009-09-13T22:22:00.003+02:00</published><updated>2009-09-14T22:43:23.180+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>El abecedario incompleto</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Albeiro&lt;/span&gt; era un amigo del colegio. Luego durante mucho tiempo nos contactábamos e intercambiábamos información –chismes suelen llamar algunos- acerca de todo y de nuestras actividades. Él se casó con una mujer que fuese compañera en el colegio, Isabel se llama. Ahora tiene dos hijos y es el gerente del banco de Pasorrial. Fue concejal del pueblo y cuando estuvo a punto de ser elegido alcalde, la política, como a veces suele suceder, le jugó una mala pasada. Entonces optó por otro camino y se hizo nombrar la máxima autoridad del único banco local.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Braulio&lt;/span&gt; era amigo de Albeiro. Lo conocí una noche de cervezas en su casa. Creo que nos caímos bien. Él iba al mismo colegio, pero estaba uno o dos grados por debajo de nosotros, no recuerdo muy bien, pero era unos años mayor que nosotros. Recuerdo que aquella vez, lo miraba fijamente. Me parecía curioso la forma cómo bebía; mientras yo me bebía una, el se tomaba casi tres cervezas. Era como un tanque sin fondo. Pero nunca lo vi borracho. Albeiro me contó que Braulio no había terminado el colegio (siempre lo acompañaba el complejo de tener más edad que nosotros y estar en grados inferiores). Me contó que le perdió el rastro, porque parece que se fue a vivir al campo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Carlos&lt;/span&gt; sabía muy bien lo que quería. Eso lo demostró desde los tiempos del colegio. Quería ser médico, terminó medicina y tuvo suerte de trabajar en su oficio; muchos terminan de taxistas, fontaneros o albañiles. Lo mató una cirrosis.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Dorian&lt;/span&gt; llegó al colegio una mañana gris. Lo recuerdo muy bien porque llovía a cántaros y venía envuelto en un impermeable azul oscuro. Traía unas botas de caucho que le llegaban casi hasta la rodilla. Al principio era tímido, pero luego soltó la lengua y no había quien lo parara. Era el más lerdo del grupo. Aunque no fue de los mejores alumnos, se ganó una beca para estudiar en el exterior y ahí le perdimos la huella.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Eusebio&lt;/span&gt; era mujeriego y nos espantaba a todas las chicas. Al final casi nadie lo quería invitar a las fiestas caseras, porque no respetaba la novia de nadie. Se había ganado algunas golpizas de chicos más fuertes que él. No terminó el colegio y se fue a trabajar a los cañaduzales. Estuvo a punto de perecer bajo los filos de un machete de cortar caña por un problema de faldas. Le tocó huir y estuvo escondido mucho tiempo porque desvirgó a la hermana menor de Los Montoya, una familia temida de Pasorrial,  y eso no se lo iban a perdonar por ningún motivo del mundo. Todo un lépero, qué vaina.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Fabiola&lt;/span&gt; se lo daba a todos, bueno casi a todos, porque a mí nunca me lo quiso dar. En unas de las tantas fiestas (casi siempre estaba sola) me le acerqué y la invité a bailar. Primero bailamos separados pero cuando la fiesta se empezó a calentar, yo también. Se dejó besar y tocar por todas partes y no decía nada. La fui llevando a un rincón al compás de la música. Nos seguíamos besando. Cuando ya no podía aguantar más, se dejó llevar al baño. No había nadie allí, le fui bajando los calzones y cuando estaba a punto de coronarla, me dijo que no podía, porque era virgen. Y me dejó ahí con mi animal erguido y sin probar bocado. Después de aquel incidente me huía o agachaba la mirada cuando estaba con otras chicas.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Gustavo&lt;/span&gt; era el novio de mi prima Ángela. Lo conocí por ella. Me pareció un buen tipo. Hablábamos de todo, pero más de mujeres. Con él fui al primer burdel y salí asustado de allí cuando dos mujeres me querían llevar a su recámara. Era un hombre bien parecido y las mujeres lo buscaban, pero no podía hacer nada o casi nada, porque mi prima vivía pegado a él como un chicle.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Horacio&lt;/span&gt; vivía con un libro en la mano (yo creo que ni lo dejaba para bañarse). Él fue quien me inyectó el amor por los libros. Escribía poesía y participaba en el grupo de teatro del colegio, creo que incluso llegó a escribir una obra que representaron en un teatro del pueblo. Tenía cara de intelectual y le gustaba estudiar. Era el más pilo de la clase. Era una pepa en todo. Fácilmente se pudo haber ganado una beca para estudiar en el exterior, pero dijo que quería estudiar Letras y literatura aquí en el país. Después supe que lo había logrado y ahora trabajaba de profesor en el colegio Bernardo Arias Trujillo, en La Virginia, un pueblo a orillas del río Cauca junto a la desembocadura del río Risaralda. También me entere que publicó un libro de poesía junto a otro poeta del pueblo, de nombre Leonardo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Isabel&lt;/span&gt; siempre fue estudiosa. Tenía unas trenzas largas y era más bien callada. Le gustaba sentarse en la primera fila. Nunca participó en los desórdenes de la clase cuando todos hacían aviones de papel y convertía el salón de clases en un aeropuerto y lo combinaban con tiro al blanco utilizando las tizas olvidadas por los profesores. Lanzábamos contra las paredes los cuadernos de química para que estallaran. Todos la respetaban porque cuando a los necios les daba por tirar los cuadernos contra las paredes, los únicos que se salvaban, eran los de ella. Muchas veces la vi embelesada mirando a Albeiro. Yo pienso que desde entonces andaban juntos, pero ella no quería hacer mucho aspaviento en el colegio para que nadie fuera con el chisme a su casa. Decían que su padre le prohibía tener novio, porque uno va a la escuela  a estudiar, no a buscar novio. Al final se casó con Albeiro.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Julián&lt;/span&gt; era tímido, apenas le salía un hilito de voz. Creo que siempre fue tímido y lo sigue siendo. Lo llamábamos “Látigo blanco” por el nombre de un héroe de radionovela que así se llamaba. Y le decíamos así porque así se llamaba el hombre que encarnaba a este justiciero que defendía a los más débiles. No faltaba quien se burlara de él, porque todavía tenía que pedir permiso en la casa para salir a cualquier parte cuando ya todos estábamos en edad de salir sin decir nada. Casi nunca asistía a las fiestas o a las excursiones que hacíamos el viernes en la tarde después de clases. A pesar de que estudiaba mucho, su esfuerzo no se reflejaba en las notas.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Kadhir&lt;/span&gt; lo conocí en Polonia en un curso de idioma. El decía que era kurdo y decía con orgullo que Kurdistán era un pueblo elegido. Nunca hablamos en serio de su pueblo, aunque siempre preguntaba cómo era mi país.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lucía&lt;/span&gt; murió atropellada por un vehículo pequeño, casi de juguete. Esto le truncó sus planes. Fuimos buenos amigos. En un paseo que tuvimos del colegio a Bello Horizonte, un balneario cerca de Cartago, jugábamos a sumergirnos dentro de la piscina y estando en el fondo, nos dábamos besos, pues ella pensaba que nadie nos veía. Después fuera del agua, incluso solos, no volvimos a repetir la hazaña. Era bajita y llevaba el pelo corto. Tenía la piel pálida, casi blanca, como un muerto. No la volví a ver más.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Mauricio&lt;/span&gt; era un zángano. Le echaba los perros a las maestras. A quien más molestaba era a doña Blanca, Blanquita como él decía (la verdad estaba muy buena). No sé si en serio o en broma, le decía que mandara al carajo al pendejo de Carranza, su esposo. Le gustaba la vida de negociante y hacía apuestas y rifas para ganar plata. Con Ulises hacían negocios y llegaron a administrar la tienda escolar que abrían en las horas del recreo. Tuve con él mis encontrones porque a veces le impedía que estafara a mis amigos y a otros alumnos que no eran mis amigos. Años después me lo recordaba, pero me lo decía sin rencor. Era más una reminiscencia que un reproche, y nos reíamos de esas cosas. Pero siempre seguimos caminado por orillas opuestas. Mientras él me hablaba de riqueza como el más alto logro de un hombre, yo defendía la utopía de una equidad posible como solución a muchos males de nuestro país y del mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Nacianceno&lt;/span&gt; quiso ser poeta, escritor y dramaturgo. Fue todo y nada. Sus poesías eran más bien una mezcla de sentimientos mal concebidos. Creía que podía imitar a poetas de la talla de Neruda, Darío Jaramillo, Barbajacob, Machado, Benedetti y otros. Sus versos eran un intento de poesía. Algunos de sus amigos decían que con un poco de esfuerzo y de mucha lectura de buena poesía, podría llegar a escribir algún verso bueno. Su prosa era más bien mala, pobre de vocabulario. Cuando se lo dijimos, empezó a utilizar palabras que parecían rebuscadas y escribía entonces poco claro. Lo último que supimos de él, fue que viajó al exterior. Nunca se le volvió a ver.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Omaira&lt;/span&gt; era hija de papi y mami y estaba muy buena. Era demasiado presumida. Pero sólo se lo daba a Octavio, el profesor de cálculo. Era mala para las matemáticas, pero pasó cálculo sin problemas. En realidad era mala para todo o no estudiaba. No logró pasar la mayoría de las materias y se quedó repitiendo año, con profesor de cálculo incluido, hasta que se aburrió y no volvió más al colegio.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Patricia&lt;/span&gt; perseguía a mi hermano, pero él no le hacía caso. Yo le daba señales de que me gustaba, pero ella no me hacía caso, hasta que una vez, cansada de que mi hermano le diera la espalda, me dijo que sí. Estuvimos saliendo juntos y una vez me la llevé a un hotel de mala muerte. Esa noche no dormimos, estuvimos tirando como dos recién casados. Así estuvimos durante medio año. Nos encontrábamos un día a la semana y descargábamos todas las ganas acumuladas. Luego vino el distanciamiento hasta que un día se escapó con Enrique, un hombre bien parecido que trabaja de guardaespaldas de un mafioso. Fue la primera mujer que me dejó tirado.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ramiro.&lt;/span&gt; Tengo un recuerdo muy borroso de él. Cuando me encontraba con Albeiro y nos poníamos a recordar viejos tiempos, él me decía que Ramiro era marica. Me dijo que lo había descubierto en el baño del colegio cuando le agarraba el animal a Chamorro. No lo podía creer. A mí Chamorro me pareció un hombre al que le gustaban las chicas. Me pareció que tuvo un romance fallido con Azucena. Albeiro dedujo que como ella se la jugó, Chamorro decidió cambiar de equipo, aunque no me creo que fuera por eso. A mí me pareció una historia muy forzada como para cambiar de gustos de forma tan simple… Yo pienso que Albeiro no me dice toda la verdad porque no quiere o porque no la conoce del todo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Saúl&lt;/span&gt; era el peor de la clase. No estudiaba y sin la menor vergüenza copiaba en los exámenes. Molestaba en clase. Indisponía a los maestros, tiraba tizas, hablaba en clase, hacía bolas de papel y las tiraba a los de la primera fila (durante algún tiempo se desparecía los cuadernos y sus hojas fueron usadas para los proyectiles) y a los que estábamos delante de él, que éramos todos porque Saúl se sentaba en la última fila. Lo echaron en el último grado. Ahora tiene sus negocios y nadie entiende cómo puede contar la plata que se gana y cómo la multiplica si era un bruto en matemáticas. Siempre ha tenido los mejores vehículos y cuando viajaba en moto, siempre se llevaba a las más bonitas del pueblo. Mujer que se subiera en su moto, era su víctima. Fue por aquel entonces cuando empezamos a dividir a las mujeres del pueblo en grupos: estaban las que les gustaba la gasolina y las que les gustaba el color verde de los tombos; y si era tombo con moto, las tenía a diestra y siniestra. Estaban también las que preferían a los subnormales como Diomedes o Ruperto o a los negros como Aristides. Algunas cuantas nos preferían a nosotros que éramos la minoría.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Teresa&lt;/span&gt; fue mi novia. Y ese no era su verdadero nombre. Su nombre de pila era María del Socorro Trinidad Encarnación. No le gustaba, se sentía asediada por un conglomerado de divinidades y no sé qué otras vainas. Teresa era el nombre que quería su padre, así solito, pero su madre insistía que debía ser el otro, uno que le diera un carisma de santa, además ella, su madre, había decidido encomendarle su hija a las vírgenes. El caso es que así la bautizaron. Luego su padre seguía llamándola Teresa y así la conocen todos quienes la conocemos. La quise mucho. Me aprendí de memoria Teresa, en cuya frente el cielo empieza, como el&lt;br /&gt;aroma en la sien de la flor. Fue con ella quien tuve mis primeras experiencias sexuales. Fui muy feliz con Teresa. Cuando se los recitaba, me acariciaba la cabeza y cuando terminaba, me daba un beso en la boca. Hacíamos el amor muy seguido y cuando íbamos a su casa, después del colegio, nos encerrábamos en su cuarto y allí dábamos rienda suelta nuestros cuerpos.&lt;br /&gt;Cuando ella me contó que se iban a vivir a La Dorada (a más de doce horas en autobús), intensificamos nuestros encuentros y hacíamos el amor a diario. No queríamos creer que lo nuestro se acabara, pero se acabó. Yo no tenía plata para viajar; estudiaba y cuando ganaba algo era muy poco.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Úrsula&lt;/span&gt; y yo fuimos buenos amigos. Quizás demasiado buenos amigos. No sé qué pasó, pero nunca me enteré de que sintiera algo por mí. La verdad nunca me lo demostró, o quizás fui demasiado cegatón. Me hice mi propia teoría después de que me enterara. Ella, la muy amable de Úrsula, se enamoró de mí, mientras yo la hice mi confidente. A ella le contaba mis amoríos y luego las dificultades finales que tuve con Teresa. Le contaba lo que sufría cuando ella se fue y luego cuando el distanciamiento se hizo latente. Siempre le hablaba de Teresa y de lo que sentía por ella. Así eran nuestros encuentros, más monólogos que otra cosa porque yo no paraba de hablarle a ella de Teresa. Úrsula me escuchaba atenta, me ayudaba a veces a escoger los regalos (pequeños porque no tenía mucha plata) para sus cumpleaños o para cualquier ocasión cuando yo quería hacerle algún regalo a la Teresa de mis amores, (nunca tuve cabeza para escoger regalos). En agradecimientos le regalaba a Úrsula un ramo de flores. Y para esto tenía mis dudas sobre el color que le debía regalar, por aquello que la gente pregona que si amarillas significan no sé qué y que si rojas qué sé yo. La verdad que ella se emocionaba con las flores (se le veía en los ojos). Dicen que a toda mujer le gusta que le regalen flores. En mi caso se ha confirmado, no ha habido mujer que no hubiese puesto una sonrisa cuando me ha visto llegar con un ramo de las flores que sean.&lt;br /&gt;Fue Albeiro quien me lo dijo, mucho tiempo después, de lo que había sentido Úrsula por mí. Úrsula me gustaba, era una mujer alta y delgada con unos ojos grandes y cabello negó y largo. Tenía unos labios bonitos que me hubiese gustado saborear. Pero yo estaba muy enamorado de mi Teresa.  Úrsula sabía ocultar muy bien sus sentimientos. Y parece que no fue del único que estuvo enamorada. Se lo dijo Isabel a Albeiro y Albeiro me lo dijo a mí.&lt;br /&gt;Después de que Teresa se fuera, ella era mi paño de lágrimas, era a ella a quien le contaba cómo me hacía falta Teresa, era ella quien me veía llorar y maldecir la vida de sufrimiento que estaba viviendo. A ella le contaba todo. Era ella quien primero se enteraba cuando llamaba a Teresa a La Dorada y la pobre se quedaba llorando del otro lado de la línea. Una vez le mojé la blusa con mis lágrimas, cuando me abracé a su cuerpo. Y ella guardaba silencio. Sólo me miraba o se dejaba abrazar con mis abrazos sin compromiso.&lt;br /&gt;De repente y no sé por qué dejé de visitarla, creo que fue cuando ella empezó en la universidad y la empecé a ver menos, ella ya no tenía casi tiempo. Se casó con el primer hombre que se lo propuso y no sabemos nada de su paradero.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;X&lt;/span&gt; no conocía a nadie que se llamara xilófono, pero vaya uno a saber. Hoy en día se ponen nombres tipo Usnavy (de U.S.Navy).&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Yamilé&lt;/span&gt; fue amiga de todos y de nadie. Uno nunca podía adivinar su estado de ánimo. Había días que nos saludaba con una piedra en la mano y era mejor no dirigirle la palabra. Otros días permanecía callada y aunque parecía de buen genio, no contestaba a nuestros buenos días y otros días, que se podían contar en los dedos de una mano, hablaba más que una cotorra y se sentaba en la palabra. En las fiestas bailaba con uno o dos chicos escogidos al azar y era capaz de decir que estaba cansada y detrás de uno llegaba otro que la invitaba también a bailar y aceptaba. Yo nunca me atreví a invitarla a bailar, tenía temor de que me dijera que estaba cansada. Y la otra verdad, es que bailo poco.&lt;br /&gt;Yamilé tenía su gracia. No es que fuera fea, pues a algunos de nuestros compañeros les gustaba. Era buena amiga de Zulma, quien era quien mejor la entendía y a veces era Zulma quien servía de puente para que nadie la repudiara por su carácter voluble.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Zulma&lt;/span&gt; me gustaba, pero no se quitaba del lado de Yamilé. No es que hubiera algo entre ellas, no lo creo. Aunque la verdad, nunca la vi con un chico. Era bonita y tenía cuerpo de reina de belleza. Todos le cargábamos ganas. Se ganó el remoquete de puntillita, porque todos la queríamos clavar. Diciéndolo en plata blanca, se nos chorreaban las babas cuando la veíamos. Pero siempre la veíamos en compañía de Yamilé Ni Saúl con sus motos ni Alcides cuando se metió a la policía logró nada. Lo último que supimos de ella fue que se metió de modelo (Se los dije que tenía cuerpo de modelo) y se fue para el extranjero. Unos dicen que para Europa y otros que para los Estados Unidos. Nadie se pone de acuerdo. Ojalá y no la hayan engañado y no esté trabajando en algún burdel en cualquier parte del mundo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3841603519549541898?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3841603519549541898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3841603519549541898&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3841603519549541898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3841603519549541898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/09/el-abecedario-incompleto.html' title='El abecedario incompleto'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6984849028651105053</id><published>2009-08-23T14:39:00.002+02:00</published><updated>2009-08-23T14:56:51.641+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Palabras para Julia&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Unos versos tan directos y valientes como con los que el poeta le habla a su hija. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Un día estaba con dos amigas muy queridas en una librería, perdidas cada una metiendo las narices en todos los libros, como buenas molesquines y con ganas de llevárnoslos todos a casa y encerrarnos con ellos un mes, a leer, y me topé con la antología de Goytisolo. Llamé a María Julia y le dije, con el libro abierto en “Palabras para Julia” si lo conocía, si conocía la canción que daba música a aquellos versos, si conocía la película a la que le ponía un broche certero esa canción…apenas levantó la mirada y le vi los ojos húmedos. Casualmente era su papá quién se los había dado a conocer. Espero que me perdone por el sofocón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y para el que tenga ganas, y quiera darnos su opinión sobre “Kamchatka”, abrimos la ventana de los comentarios a través de este vuelo rasante de una mariposa sin miedo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú no puedes volver atrás&lt;br /&gt;porque la vida ya te empuja&lt;br /&gt;como un aullido interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hija mía, es mejor vivir&lt;br /&gt;con la alegría de los hombres,&lt;br /&gt;que llorar ante el muro ciego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te sentirás acorralada,&lt;br /&gt;te sentirás perdida o sola,&lt;br /&gt;tal vez querrás no haber nacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sé muy bien que te dirán&lt;br /&gt;que la vida no tiene objeto,&lt;br /&gt;que es un asunto desgraciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces siempre acuérdate&lt;br /&gt;de lo que un día yo escribí&lt;br /&gt;pensando en ti como ahora pienso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un hombre solo, una mujer&lt;br /&gt;así tomados, de uno en uno,&lt;br /&gt;son como polvo, no son nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo cuando te hablo a ti,&lt;br /&gt;cuando te escribo estas palabras,&lt;br /&gt;pienso también en otros hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu destino está en los demás,&lt;br /&gt;tu futuro es tu propia vida,&lt;br /&gt;tu dignidad es la de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otros esperan que resistas,&lt;br /&gt;que les ayude tu alegría,&lt;br /&gt;tu canción entre sus canciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces siempre acuérdate&lt;br /&gt;de lo que un día yo escribí&lt;br /&gt;pensando en ti como ahora pienso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca te entregues ni te apartes&lt;br /&gt;junto al camino, nunca digas&lt;br /&gt;no puedo más y aquí me quedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida es bella, tú verás&lt;br /&gt;como a pesar de los pesares&lt;br /&gt;tendrás amor, tendrás amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo demás no hay elección&lt;br /&gt;y este mundo tal como es&lt;br /&gt;será todo tu patrimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perdóname, no sé decirte&lt;br /&gt;nada más, pero tú comprende&lt;br /&gt;que yo aún estoy en el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y siempre siempre acuérdate&lt;br /&gt;de lo que un día yo escribí&lt;br /&gt;pensando en ti como ahora pienso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poema de José Agustín Goytisolo&lt;br /&gt;Interpretado por Liliana Herrero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=6e9bf8a" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6984849028651105053?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6984849028651105053/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6984849028651105053&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6984849028651105053'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6984849028651105053'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/08/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-781408260240861440</id><published>2009-07-24T23:33:00.001+02:00</published><updated>2009-07-24T23:35:51.651+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Juegos de azar</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Roque se sentó y sacó una cajita amarilla. La puso sobre la mesa donde acostumbraban a jugar a las cartas o a los dados. Siempre llegaban nuevos tahúres.&lt;br /&gt;Sonreía con sorna y mostraba un colmillo dorado. Expulsaba bocanadas de humo, en forma de círculos, a la cara de los demás jugadores. Nadie se percató de la ausencia de Juaco.&lt;br /&gt;Cada cierto tiempo, en medio de la juerga, Roque se pasaba de copas y revelaba el contenido de la cajita. Allí llevaba el hueso de un muerto para la buena suerte. No faltaba quien intentara hacerse con ella. Aquella vez fue “Greñaldo” quien la sustrajo.&lt;br /&gt;La siguiente noche, Roque llegó con una cajita color marrón y la puso sobre la mesa. Nadie se percató de la ausencia de “Greñaldo”. Esa misma noche llegó un hombre de barba pulida y mirada sombría. Los presentes lo miraban con reverencia. Se sentó y sacó una cajita roja.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-781408260240861440?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/781408260240861440/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=781408260240861440&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/781408260240861440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/781408260240861440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/07/juegos-de-azar.html' title='Juegos de azar'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-1078596531930586687</id><published>2009-07-24T23:26:00.007+02:00</published><updated>2009-08-23T23:06:07.866+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>As de guía</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enredó los dedos de sus manos y ahuecó los brazos inventando una gaza para mí. Me la ofreció para salir a flote de mi sueño de caracol y ascendí como un solo cuerpo: brazos piernas senos. Repté sobre la rama de su pecho desnudo y me enrosqué a su cuello con la agilidad de un cabo. Por un momento, de regreso de su espalda, mientras cerraba el círculo, me topé con sus ojos y hurgué en lo profundo de su retina. Tal vez hubiera sido dulce disfrutarlo de otra forma. Había un brillo de confusión ardiente en su mirada clara como la luna. Supe entonces que ya no podría escapar. Porque no existe nudo más firme.&lt;br /&gt;Me sumergí en su gaza todavía abierta, descendiendo por el canal abultado entre sus piernas, para por fin tensar el nudo de ofidio que lo hiciera eternamente mío. Apreté las piernas con fuerza y sentí escapar su último aliento. El amarre había sido certero.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-1078596531930586687?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/1078596531930586687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=1078596531930586687&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1078596531930586687'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1078596531930586687'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/07/as-de-guia.html' title='As de guía'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-1837103445898701367</id><published>2009-07-21T22:09:00.005+02:00</published><updated>2009-07-21T22:52:56.079+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Carlos Moreno Macías&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De otras plumas con el corazón. Carlos es un aventurero de la vida. Se mete en ella hasta las trancas, la navega como un pacífico imposible, busca el viento con su &lt;span style="font-style: italic;"&gt;vorrei sentire&lt;/span&gt; —un crucerito con una proa valiente, como él—. Se adentra, se contagia de cualquier cosa que contenga vida. En el arte hay vida, sin duda. Un día le dieron unas palabras en uno de los muchos idiomas que quiere aprender y le salió un microcuento. Me gustó. ¿Por qué no? Dije. Y ahí va.&lt;br /&gt;Carlos es mi hermano, y yo sólo le puedo pedir que sea como es.  Y  si en una de esas se bebe la vida de un solo trago, que nos lo cuente.&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fünf Ozeane&lt;br /&gt;Vier Rassen?&lt;br /&gt;Drei (tausend) Sprachen&lt;br /&gt;Zwei Wörter:&lt;br /&gt;Eine Welt&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-1837103445898701367?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/1837103445898701367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=1837103445898701367&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1837103445898701367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1837103445898701367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/07/de-otras-plumas.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5861346169859539128</id><published>2009-07-08T23:08:00.011+02:00</published><updated>2009-07-09T16:30:49.406+02:00</updated><title type='text'>Sandalio echa a andar...</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Sandalio iba bajando la montaña. A sus espaldas quedaba Samaria. Se abría paso como el primer hilo de agua sobre una superficie seca. Iba con pisada firme y no quería mirar atrás. Tenía metido en los huesos el pavor de las despedidas; sentía un precipicio en el corazón y se acordó de algo que escuchó una vez: “dicen que no son tristes las despedidas. Dile a quien lo dijo que se despida”. Iba sin rumbo fijo, pero con la mirada puesta en el horizonte. La carretera larga y destapada serpenteaba montaña abajo. Estaba desierta y sólo en contadas ocasiones se escuchaba el ruido de un motor que lo hacía saltar del medio de la vía a una orilla del lado de la tierra falduda. Desde allí divisaba al fondo el río amarillo oxidado que se deslizaba por el pie donde se unían las montañas.&lt;br /&gt;A lo largo de la carretera había algunas casas y sólo se veían correr por los patios a las gallinas perseguidas por el gallo; los perros dormidos en sus cambuches y los patos caminando con paso de reina de concurso de belleza.&lt;br /&gt;Sandalio seguía su marcha bajo el sol abrasador y de vez en cuando se paraba para ver su sombra; pero a esa hora no había sombra en el trópico. El sudor le bajaba por la cara y le empapaba la camisa, se limpiaba la frente con el índice derecho y lo sacudía. De repente el motor de un jeep lo sacó de su ensimismamiento. Escuchó a sus espaldas como iba reduciendo la velocidad hasta que casi se detuvo a su lado. Súbase señor que lo llevo, le dijo el chófer desde su puesto de comando. Sandalio se puso la mano en forma de visera como queriendo reconocer a quien lo invitaba. De un salto se montó en la parrilla pegada en la parte trasera del jeep agarrándose del travesaño de aquel Willys azul como el cielo. Adónde va vecino, le dijo. Para donde va Vicente, patrón, contestó Sandalio. Pues, hombre, yo voy para Neira, el pueblo de al lado. Me sirve, patrón, afirmó Sandalio, hacia adelante, todo me sirve. Neira estaba a más de una hora, un pueblo a 1969 metros sobre el nivel del mar fundado en 1842 y por entonces habitado por la tribu de Los Caparras.&lt;br /&gt;En una pequeña planicie, el jeep se apagó. El chofer dijo que no se preocupasen, que el jeep era muy bueno. Sólo hay que tenerle paciencia. Uno no puede renegar de la cuchara que da de comer. Esto le pasa cada cierto tiempo, amigos, cuando se recalienta se queda ahí parado. Tan mal no está, hace unos días me tocó arrastrar otro jeep que se fue a una cuneta. Para que vean que este cacharro no me falla. Ahora hay que empujar amigos. Y Sandalio y el copiloto se bajaron a empujar. El jeep no arrancó y al chofer le tocó también bajarse. Dijo que había que esperar un poco. El tiempo se medía en “pocos” que se prolongaban en minutos, tal vez horas.&lt;br /&gt;El chofer era un hombre bajito y rechoncho y llevaba un machete en la cintura con unos ramales que le llegaba al piso, tenía un pocho blanco y era un experto en el volante. Conducía con maniobras rápidas por aquella carretera llena de curvas.&lt;br /&gt;Sandalio se paró junto al alambrado, mientras el chofer con el otro hombre charlaban. No parecía interesarle lo que aquellos hombres hablaban. Los hombres conversaban fuerte como para que los escucharan. ¿Cuánto tiempo más, patrón?, preguntó Sandalio. Ya casi amigo.&lt;br /&gt;El chofer gritaba desde su asiento y contaba historias: habló de don Antonio, oriundo de esos parajes, un hombre de pelo rucio quien se trasladó a vivir al Cañón del Totuí y se dedicó a la caza de hicoteas en el río Totuí, las cazaba y se las comía.&lt;br /&gt;Llegaron cuando las primeras sombras de la noche empezaban a arropar al pueblo. En algunas calles, otros jeeps aumentaba la algarabía con sus bocinas. Una chiva, llamada El cóndor, con algunos pasajeros, salía del pueblo. Sandalio buscó dónde hospedarse y llegó a una casa que tenía las paredes de afuera descascaradas y sucias; un pequeño balcón que en cualquier momento se podía caer en la cabeza de un transeúnte. El lugar estaba atendido por una mujer entrada en años y otra de unos dieciséis o diecisiete. Saludó quitándose el sombrero e hizo una venia. A la entrada, había una pequeña recepción y dos sillas que se desbarataban de sólo mirarlas. Las mujeres lo saludaron con amabilidad. Sandalio les dijo que buscaba donde pasar la noche. Las mujeres se alegraron porque hacía mucho tiempo que nadie se quedaba allí. Los cuartos que alquilaban tenían las paredes sucias y de las esquinas colgaban las telarañas. Del marco de las ventanas se desastillaba la pintura mohosa. Las puertas hacían ruidos como en las películas de terror y no cerraban bien. Sólo necesito un techo, no tengo mucha plata. Las mujeres le vieron la cara de forastero. Sandalio miraba para todos lados: se fijo en el mostrador de la recepción y unos anaqueles de madera vieja con llaves oxidadas y colgadas como si llevaran siglos sin que nadie las tocara. Miró las sillas y las paredes descoloridas por el tiempo. Había un cuadro de unos claveles rosados dentro de un florero en forma de pera. La joven le dijo que era un Manzur, pintor del pueblo, pero una réplica del cuadro.&lt;br /&gt;Cuando las mujeres le preguntaron qué hacía por aquellos lugares, Sandalio les dijo que iba en busca de destino. Ellas se miraron como si con aquella mirada se comprendieran sin palabras lo que querían. Entonces la mujer mayor le dijo a Sandalio que si no tenía prisa, que les ayudara a pintar la casa y arreglar algunas puertas que se están despegando de las bisagras. Y puede vivir con nosotras el tiempo que quiera y se puede ganar también unos pesitos… Y sin pensarlo mucho, les contestó, les ayudo mis señoras. Mañana mismo podemos empezar. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5861346169859539128?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5861346169859539128/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5861346169859539128&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5861346169859539128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5861346169859539128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/07/sandalio-echa-andar.html' title='Sandalio echa a andar...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3948645572557252442</id><published>2009-07-02T23:26:00.009+02:00</published><updated>2009-07-10T23:16:39.889+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sk0tfk8mbJI/AAAAAAAAAHM/mDVCqFmfQS0/s1600-h/Atahualpa%2Bcortazar.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 178px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sk0tfk8mbJI/AAAAAAAAAHM/mDVCqFmfQS0/s320/Atahualpa%2Bcortazar.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353985552530435218" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;El árbol, el río, el hombre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sk0tfk8mbJI/AAAAAAAAAHM/mDVCqFmfQS0/s1600-h/Atahualpa%2Bcortazar.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hace ya algún tiempo, bajo esas estrellas en cruz que guían a los barcos en el sur del mundo, pude escuchar en muchas ocasiones los temas de don “Ata”. Desde Tafí del Valle hasta Humahuaca los paisanos rodaban una silla a la puerta de la casa, cuando la noche se cerraba, animados tal vez por la calidez que traía el zonda y compartían sus guitarreadas con cualquiera que las aceptase. Las cuerdas de la guitarra de Atahualpa Yupanqui parecen a veces las mismísimas venas de la tierra, porque este es un trovador pegado al campo, al gaucho, a la soledad del camino…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Un placer encontrarlo de la mano de un grande tan grande como Cortázar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Al árbol ya cortado&lt;br /&gt;no lo claves en tierra&lt;br /&gt;porque su copa seca&lt;br /&gt;no engañará a los pájaros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al río que discurre&lt;br /&gt;No le levantes diques&lt;br /&gt;Porque en el aire libre&lt;br /&gt;Cabalgarán las nubes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hombre desterrado&lt;br /&gt;No le hables de su casa&lt;br /&gt;La verdadera patria&lt;br /&gt;Caro lo está pagando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El árbol ya cortado&lt;br /&gt;El río que discurre&lt;br /&gt;El hombre desterrado&lt;br /&gt;Caro lo están pagando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poema de Julio Cortázar&lt;br /&gt;Música: “El Testamento de Amelia” melodía anónima catalana&lt;br /&gt;Interpretado por Atahualpa Yupanqui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=f7570c8" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3948645572557252442?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3948645572557252442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3948645572557252442&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3948645572557252442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3948645572557252442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/07/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sk0tfk8mbJI/AAAAAAAAAHM/mDVCqFmfQS0/s72-c/Atahualpa%2Bcortazar.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3702058903308477926</id><published>2009-06-25T22:41:00.016+02:00</published><updated>2009-06-29T22:03:25.666+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Juan Carlos Márquez&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) es un escritor especializado en cuento.&lt;br /&gt;Es profesor de escritura creativa y relato en la Escuela de Escritores de Madrid.&lt;br /&gt;En 2008 ha publicado dos libros de relatos, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Oficios&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Norteamérica profunda&lt;/span&gt;. Ha obtenido una decena de galardones de relato breve, entre los que destacan: "Unión Latina" 2003 (Premio Juan Rulfo al escritor novel), Rafael González Castell y Tiflos de cuento. Ha publicado relatos en varias antologías, entre la que destaco &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Parábola de los talentos&lt;/span&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Blog personal &lt;a href="http://juancarlosmarquez.blogspot.com/"&gt;Relataduras.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Gracias Juan Carlos por este microrelato...&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;LADRILLO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El niño de San Ildefonso cantó mi número. Y lo primero que hice fue llamar al concejal. Paco, le dije, ya tengo el dinero. Ahora solo hace falta que tiréis esa mierda de colegio de huérfanos y empecemos a construir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3702058903308477926?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3702058903308477926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3702058903308477926&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3702058903308477926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3702058903308477926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/de-otras-plumas_25.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6877374845500608408</id><published>2009-06-20T23:52:00.011+02:00</published><updated>2009-11-22T22:36:30.174+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Tres mil pesos</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Al primer gesto que hizo no me pareció que se estuviera dirigiendo a mi. Le calculé unos once años, aunque esos días atrás en La Virginia había aprendido que los niños de allí tenían más edad que la que delataban sus cuerpos. Estaba encaramado en la barandilla del puente, acuclillado junto a los otros chicos, con los pies descalzos posados en la barra herrumbrosa. Se sostenía con una sola mano de los cables metálicos que mantenían el puente colgando en el aire agitado por los vapores ardientes del río. Parecían una fila de pájaros a punto de echar a volar. Yo hacía rato que lo miraba, a medida que nos íbamos acercando a la otra orilla, pero así y todo no pensé que me fuera a decir nada. Tenía sus ojos puestos en mi como granos de café cuando le escuché lanzarme la invitación: “tres mil pesos” dijo, a la vez que extendía la palma de su mano abierta hacia mí. "Y hago un clavado", añadió entre risas.&lt;br /&gt;Sobre la playa oriental del río las rudimentarias barcazas de madera se amontonaban cargadas de arena procedente del fondo del Cauca. Un grupo de hombres y niños metidos en el agua hasta las rodillas las esperaban con palas para vaciar los montones desproporcionados de tierra grisácea. Más allá seguían bajando otras, arrastradas por la corriente viva. Aparecían como motas lejanas dibujadas en el ancho canal abierto entre las ceibas y la caña de azúcar que tapizaba la vega del río. Yo observaba al chico con obstinación; algo incrédula quizás. Tenía el torso al descubierto, y andaba vestido con unos pantalones cortos oscuros que no destacaban sobre su piel trigueña. Sin duda, había encontrado en mi forma abierta de mirarle una oportunidad. A pesar de lo insólito de la estampa, nadie en el trasiego de gente constante de un lado al otro del río parecía prestarles la más mínima atención. Se sucedían las bicicletas de tres pasajeros y los ciclomotores quejumbrosos cargados de bananos; las niñas negras de uniforme y los carritos tirados por mulas viejas; los perros mestizos y las mujeres apretadas en sus jeans bajo un sol que no daba tregua. A ambos lados del puente, de una cruceta oxidada, colgaban dos carteles mellizos que advertían: “Prohibido circular con vehículos de motor. Bajo multa de cien mil pesos”. Los bocinazos se mezclaban con el sordo rumor del río, que arrastraba unas aguas marrones y revueltas. No era difícil imaginar los desastres que podía causar una crecida, tal y como me habían contado que sucedía en los marzos lluviosos, a juzgar por el caudal esplendoroso que traía el río en pleno verano. Los habitantes del pueblo transitaban el puente sin ningún orden, de manera que uno no sabía quién iba y quién volvía. Yo sentía bajo mis pies el crujir metálico de todo aquel peso en movimiento, asaltada a veces por la duda de si tendría la estabilidad necesaria para soportarnos a todos. No era habitual encontrar turistas en aquel lado marginal del pueblo, conocido como el barrio de Caimalito, donde se desarrollaba la vida más desfavorecida y caótica de La Virginia. Cada quien levantaba su rancho con lo que le alcanzaba. Placas de aluminio, paredes torpes de ladrillos sin revocar, pero sobre todo construcciones a base de guadua. Una especie de bambú americano que servía para casi todo en un lugar donde el concepto de urbanismo estaba librado al azar. Después bastaba con una cortina improvisada a modo de puerta para que las familias se procurasen una mínima intimidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nacho ni siquiera hizo un breve comentario sobre los chicos, que seguían haciendo equilibrios en la baranda del puente entre risas a doce metros de altura. Desde que habíamos llegado solía hacerme aclaraciones cuando intuía que algo me podía resultar extraño en una tierra que al fin y al cabo era la suya. Él había nacido en aquel pueblo pegado a una de las dos Cordilleras que atravesaban Colombia como venas pronunciadas sobre la piel del trópico. Por un instante lo imaginé a él mismo de niño como un pájaro de aquellos en el puente, a un minuto de la gloria o del infierno y le apreté la mano atrayéndolo hacia mí. Él me correspondió con una sonrisa y yo volví a buscar los ojos del niño de los tres mil pesos. Pero él ya estaba tratando de encontrar entre la muchedumbre a otro cliente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana había comenzado con ese ritmo pausado, pero madrugador del trópico. En la habitación donde dormíamos con la ventana abierta, a pesar de los zancudos, se colaban desde las cinco las primeras luces del día mezcladas con los compases alegres de los vallenatos que agitaban la casa vecina de sol a sol. A veces era un grito de Elizabeth —la dueña de la casa y hermana de Nacho— la que me sacaba del profundo sueño en el que me hundía cada noche después de un amor dulce como los mangos. Ella solía lavar la ropa a primera hora de la mañana en el tanque de agua helada que acostumbraban a tener las casas en los patios. Entonces su voz de canto risaraldense ascendía hasta el balcón interior de nuestra ventana junto con el olor del jabón en pastilla y el café cocinado en la olla. Otras veces lo que me despertaba era la retahíla musical de alguno de los vendedores ambulantes que recorrían el barrio de Luis Carlos Galán. Allí viví durante veinte días tratando de atrapar todos los estímulos que flotaban en el aire como si fueran mariposas de colores, queriendo hacerlos míos de alguna forma. Al grito de “huevoshuevos” o “mangopapayamamoncillos” pasaban los ambulantes pedaleando en triciclos con la cesta trasera merodeada por una nube de mosquitos. Iban amaneciendo las casas una por una, sacando a las mujeres en bata a preguntar por los precios.&lt;br /&gt;Mientras desayunábamos arepas, pandebonos y café recién hecho mezclado con cacao, Nacho me dijo que quería mostrarme el otro lado del pueblo. Aquel que discurría más allá del puente sobre el río Cauca. Uno de los más caudalosos y extensos del país. Me gustó la idea, porque siempre me ha embaucado recorrer con los dedos los grandes ríos en el globo, hasta hacerlos desembocar en los Océanos. Como si fueran las arterias del planeta, y aquellos la propia vida.&lt;br /&gt;—Y es mejor conocerlos en toda su realidad —le dije cuando salimos a pleno sol del día con la idea de llegar caminando. En el cielo desplegaban su vuelo torpe los gallinazos de costumbre a los que —tras la primera impresión— ya empezaba a tomarles cariño.&lt;br /&gt;Además de una población creciente, el barrio de Caimalito albergaba la que fue la antigua estación de tren del pueblo. Entre las adormideras se levantaba un edificio rectangular con una torre coronada por un reloj con las agujas oxidadas. La construcción era de color vainilla, ribeteado de un verde que hacía juego con los frondosos mangos que la rodeaban; se mantenía bien conservada. Mientras Nacho y yo caminábamos por sus alrededores me fijé en una mulata adolescente que estaba sentada a la puerta de su casa bajo un árbol de plátano. Tenía puesto un uniforme de camisa blanca y falda azul caribe. Reposaba la cabeza sobre sus manos, descansando los codos en las rodillas un poco separadas con la mirada perdida en los cerros lejanos. De entre los mangos surgió una nube de mariposas amarillas que volaban atendiendo a una fuerza invisible, todas al tiempo. Fue imposible no dejarme invadir de forma repentina por el recuerdo vívido del coronel Aureliano Buendía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me resultó fácil traducir los tres mil pesos al único euro que representaban y le dije a Nacho que nos detuviéramos un momento. Él pareció adivinar lo que yo me estaba preguntando y se adelantó. “Juegan” me dijo encogiendo los hombros.&lt;br /&gt;—No creo —repliqué. Y volví a cruzar la mirada con la del chico de once.&lt;br /&gt;Quería saber qué me ofrecía, y me acerqué. Noté una ligera resistencia desde la mano de Nacho, pero finalmente cedió. El niño señaló el río turbio y me volvió a pedir los tres mil pesos.&lt;br /&gt;—Y me tiro.&lt;br /&gt;No era fácil de creer porque la altura y la corriente espantaban, y Nacho me dijo que era un embuste con tal de conseguir la plata. Además ni a la ida ni a la venida habíamos visto a nadie saltar.&lt;br /&gt;Sin embargo calculé que un euro no era nada para mí, y se lo podía dar como otras veces lo había hecho en los semáforos de Madrid con gente adulta. Me acerqué y le puse las monedas en la mano. Entonces, cuando lo vi pararse sobre la barra, me di cuenta de mi error. Lo vi lanzarse al vacío con el pequeño cuerpo contraído hasta caer como una piedra en el agua. No pude recuperar el aliento hasta que al rato lo vi asomar la cabeza y nadar hasta la orilla entre los aplausos de los canoeros y de sus amigos colgados como pájaros en el puente. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6877374845500608408?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6877374845500608408/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6877374845500608408&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6877374845500608408'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6877374845500608408'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/tres-mil-pesos.html' title='Tres mil pesos'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-978222056919573870</id><published>2009-06-20T23:49:00.001+02:00</published><updated>2009-06-21T00:06:58.091+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Juegos interminables</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De niño, mi padre me compraba pistolas y con ellas todos los niños del barrio jugábamos a los pistoleros. Nos dividíamos en grupos de chicos buenos y chicos malos. Nos matábamos durante horas, pero al final de la juego nos levantábamos, nos sacudíamos el polvo y regresábamos a casa.&lt;br /&gt;Crecimos y ahora ellos son del otro bando, como antes. Ahora nosotros somos el terror del barrio. Nuestras pistolas vomitan balas deliciosas. El juego continúa. Estamos divididos en grupos, pero los que caen ya no pueden sacudirse el polvo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-978222056919573870?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/978222056919573870/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=978222056919573870&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/978222056919573870'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/978222056919573870'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/juegos-interminables.html' title='Juegos interminables'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2560457120739349610</id><published>2009-06-13T23:06:00.012+02:00</published><updated>2009-07-03T00:11:24.581+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Farewell&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;De poeta a poeta, baten las alas de nuestras mariposas a la par. Música que huele a puerto, versos del rey Midas de los versos, urden juntos una honda despedida. Y es que sólo en el universo de la poesía se puede entender el amor, y hasta asistir a su belleza, con una reflexión tan honesta y generosa. “Juntos hicimos un recodo en la ruta donde el amor pasó…”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Disfruten del aleteo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Música y voz: “Amo el amor de los marineros” por Joaquín Sabina.&lt;br /&gt;Letra: versos del poema “Farewell” de Pablo Neruda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;Desde el fondo de ti, y arrodillado,&lt;br /&gt;un niño triste, como yo, nos mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esa vida que arderá en sus venas&lt;br /&gt;tendrían que amarrarse nuestras vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por esas manos, hijas de tus manos,&lt;br /&gt;tendrían que matar las manos mías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por sus ojos abiertos en la tierra&lt;br /&gt;veré en los tuyos lágrimas un día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;Yo no lo quiero, Amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para que nada nos amarre&lt;br /&gt;que no nos una nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni la palabra que aromó tu boca,&lt;br /&gt;ni lo que no dijeron las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni la fiesta de amor que no tuvimos,&lt;br /&gt;ni tus sollozos junto a la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  3     &lt;br /&gt;(Amo el amor de los marineros&lt;br /&gt;que besan y se van.&lt;br /&gt;Dejan una promesa.&lt;br /&gt;No vuelven nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cada puerto una mujer espera:&lt;br /&gt;los marineros besan y se van.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche se acuestan con la muerte&lt;br /&gt;en el lecho del mar.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; 4    &lt;br /&gt;Amo el amor que se reparte&lt;br /&gt;en besos, lecho y pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor que puede ser eterno&lt;br /&gt;y puede ser fugaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor que quiere libertarse&lt;br /&gt;para volver a amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor divinizado que se acerca&lt;br /&gt;Amor divinizado que se va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; 5    &lt;br /&gt;Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,&lt;br /&gt;ya no se endulzará junto a ti mi dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada&lt;br /&gt;y hacia donde camines llevarás mi dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos&lt;br /&gt;un recodo en la ruta donde el amor pasó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,&lt;br /&gt;del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.&lt;br /&gt;Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Desde tu corazón me dice adiós un niño.&lt;br /&gt;Y yo le digo adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="105"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=530a0cf" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2560457120739349610?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2560457120739349610/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2560457120739349610&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2560457120739349610'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2560457120739349610'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-8809150303354987572</id><published>2009-06-06T23:56:00.003+02:00</published><updated>2009-06-07T12:50:22.311+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>El castigo</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'Times New Roman';"&gt;&lt;div   style="border-width: 0px; margin: 0px; padding: 3px; width: auto; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal; text-align: left;font-family:Georgia,serif;font-size:100%;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;De niño me gustaba jugar dentro de la casa, aunque podíamos sin problemas jugar fuera de ella porque vivíamos en el campo. Junto a la casa pasaba una carretera poco frecuentada. En uno de esos juegos, con una pelota de caucho, le quebré a mi madre un florero que venía de mano en mano desde los tiempos de la bisabuela. Estaba seguro que mi madre no me perdonaría el daño y me castigaría con un zurriago de espantar ganado. Todos le temíamos a su cólera cuando nos castigaba. Huí de la casa y estuve todo el día por fuera en compañía del perro del vecino que me conocía y me seguía a todas partes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;Cuando se iba acercando la noche me aproximé a casa, pero no me atrevía a entrar en ella. A lo lejos escuché una moto. Me escondí entre los arbustos más próximos a mi casa. El perro del vecino parecía un guardián y se paró en medio de la calle a mirarme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;En casa nadie preguntaba por mí y yo le tenía miedo al castigo y también a la oscuridad. El ruido de la moto era cada vez más intenso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;Al final, la noche me obligó a entrar, en ese momento sentí una ráfaga de luz en mis ojos y alcancé a escuchar el alarido del perro y un batacazo de algo pesado que caía al suelo. Mientras mi madre y mis hermanos salían, curiosos por saber qué pasó, yo entraba a mi casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;Pude escuchar con claridad el grito de mi madre:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;—Está muerto —dijo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;—Y el perro también –gritó uno de mis hermanos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'trebuchet ms';"&gt;Ya dentro de la casa, miré hacia el lugar donde había estado el florero hecho añicos, alguien lo había recogido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-8809150303354987572?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/8809150303354987572/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=8809150303354987572&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8809150303354987572'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8809150303354987572'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/el-castigo_06.html' title='El castigo'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-1615068492769510888</id><published>2009-06-06T23:46:00.017+02:00</published><updated>2009-06-07T18:25:18.627+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Wallasea</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SirlR_-hFLI/AAAAAAAAAG8/y0pW2FafYmE/s1600-h/goleta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SirlR_-hFLI/AAAAAAAAAG8/y0pW2FafYmE/s320/goleta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344336005222700210" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;A mi querido amigo y capitán Carlos SantaOlalla, que me regaló una información imprescindible para escribir este relato.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquella tarde en el bar del barrio donde nos solíamos reunir, los chicos se empeñaron en que les contase hasta el último detalle de lo sucedido una de las noches más extrañas de mi vida. Había sido tras varios días de desafíos en el mar durante el invierno austral del año anterior. Nos juntábamos de tanto en tanto, en el bullicio de los viernes a última hora de la tarde. Había una mesa de madera al fondo, tatuada con ordinarieces y corazones atravesados por una flecha a punta de cuchillo, que el Chino —el dueño del local— nos reservaba siempre. Y si cuando llegábamos había otros clientes sentados, los levantaba sin contemplaciones para dejarnos el sitio. Luego empezaban a rodar dobles de cerveza y nos dejábamos llevar por nuestros planes para la siguiente navegada. No había orden ni destino. Bastaba que uno prendiera la mecha con una propuesta —por más absurda que pareciese, como cuando yo había dejado caer lo de Cabo de Hornos unos meses antes— para que todos comenzásemos a pensar y hacer como si ya todo fuese una realidad. Parecía que tuviéramos la sal del mar mezclada con la sangre. Como si una fuerza similar a las corrientes marinas nos empujara a buscar el océano a lomos de un velero; de forma intermitente pero irrenunciable. Aquella vez sin embargo la cosa se había torcido. A Pablo le había dado por sacar a relucir una vieja rencilla conmigo, y le metió el miedo en el cuerpo a los demás dinamitando mi idea con el mensaje catastrofista pero certero de que navegar el Atlántico sur en invierno era lo más parecido a un suicidio. Pero la idea ya se había encendido en mi y finalmente decidí llevarla a cabo solo.&lt;br /&gt;Yo les advertí que no era de hablar de cosas en las que no creía, por más que mis ojos se obstinasen en llevarme la contraria.&lt;br /&gt;—Está bien —acepté, ayudándome con un trago de cerveza—. Pero os juro que ni siquiera hoy estoy seguro de que aquella noche yo estuviese allí.&lt;br /&gt;De alguna manera que sólo puede ocurrir por una sucesión de fantásticas coincidencias, me había dejado “engañar” para embarcarme en una travesía que comenzaba y terminada a bordo de un velero de treinta y cinco pies. Esos eran todos los datos con los que contaba. Y el objetivo temerario de doblar el Cabo de Hornos en pleno mes de agosto. Después supe que era un Endurance botado hacía más de veinte años en algún lugar de las costas de Francia, donde —con toda seguridad— los vientos no eran, ni de lejos, tan perversos como en aquél extremo último del Atlántico Sur.&lt;br /&gt;La mañana que vi el Unicornio amarrado al pantalán del brumoso Canal de Beagle, me pareció tan poca cosa con su solo palo mayor cabeceando hacia el cielo sombrío, que estuve tentado de abandonar antes siquiera de haber pisado su bañera.&lt;br /&gt;El puerto se abría a una bahía de aguas negras, arropada por un circo de montañas y de pálidos glaciares. Allí donde los Andes acababan por hundirse en el mar. Aquella era la ciudad más meridional del planeta. Y poseía los suficientes signos —un penal en desuso con almas de condenados al mismo final del mundo, incontables restos de naves hundidas, vientos aullantes que no te dejaban caminar— como para que pasear por sus calles de hielo, le estremeciera a uno hasta el último rincón del corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco días habíamos necesitado desde la mañana en que partimos de la Bahía de Ushuaia para salir del Canal de Beagle por Puerto Williams. Atravesar la tan inquietante Bahía Nassau —donde hasta el día de hoy seguían pereciendo barcos de toda clase— y doblar la Isla de Hornos para regresar al punto de partida con un intermedio en Puerto Toro.&lt;br /&gt;Hasta esta última escala, donde ya nos considerábamos fuera de peligro, las cosas no habían sido fáciles. Esa mañana sobre el sol de medio día, el cielo se había velado repentinamente y tras un momento de calma —las olas y el viento estaban detenidas como barruntando algo fatal— se había roto de pronto en una tormenta épica. Nos pilló tan de sorpresa que llevábamos todo el trapo desplegado, y tratar de tomarle rizos a la mayor o tan siquiera bajarla de una vez, era mera utopía. Así que no tuvimos más remedio que ajustar las escotas y tensar al máximo las dos velas para que entre ellas quedaran desventadas. Poner la proa hacia el temporal y capear. Así como lo hubiera ordenado cualquier capitán iracundo del siglo dieciocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el tiempo que duró aquel misterioso eclipse, el mar crecía sobre la proa del barco inventándose olas formidables. Su tamaño era tal que el horizonte se había convertido en una masa gris de agua rizada. Y ya no sabíamos a ciencia cierta si estábamos en el valle o en la cima de las olas.&lt;br /&gt;Por otro lado yo resulté ser un marinero inútil. Totalmente descompuesto, no me quedó más remedio que anclar mi arnés a la línea de vida para no salir despedido por la borda, acuclillarme en un rincón de la cubierta y no estorbar. Mientras, la tripulación peleaba para no exponer los costados del barco a la furia del mar, porque un zarpazo por la banda hubiera sido irreversible.&lt;br /&gt;Fue en uno de esos momentos, tratando de mirar hacia un punto lejano con una presión indómita en la garganta, cuando creí ver algo fuera de lugar y de tiempo. Al principio  pensé que era un claro entre la oscuridad del cielo y el mar. Pero al remontar la cresta de la ola sucesiva vi con claridad sus velas cuadras alineadas en cada uno de los palos. La poca atención que tenía me bastó para distinguir el casco imponente de un viejo galeón que parecía salido del fondo abisal. Navegaba con la popa a muchas millas de nosotros y con todas las velas izadas como si realmente quisiera burlarse de la tormenta.  Tras él quedaba una estela hirviente.&lt;br /&gt;Al cabo de algunas horas el furioso viento se marchó como llegó: sin avisar y dejando tras de sí un mar liso como un plato y el sol recién lavado en la esquina del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos esa noche en Puerto Toro. Nos abarloamos a un pesquero que andaba faenando la costa este de la Isla Grande en busca de centollas. El día amaneció perezoso y cubierto de nubes. Yo aproveché las primeras horas del día para salir a caminar entre las pocas casas amontonadas alrededor de una ermita, que le daban al pueblo un aspecto de isla abandonada. Eran construcciones típicas de la Tierra del Fuego, barracones de Uralita con techos ondulados de colores imposibles. El suelo donde se abría el camino de arena estaba cubierto de turba húmeda que se extendía hasta casi mezclarse con las piedras de la playa más allá de los pantalanes.&lt;br /&gt;Me volví hacia ellos y me quedé mirando la soledad del Unicornio. Parecía imposible que hubiera resistido el día antes. El pesquero había abandonado el atraque horas atrás bajo la lóbrega luz del alba.&lt;br /&gt;Subí por el camino que ascendía recortando una pequeña loma entre el puñado de viviendas. Sentí que las piernas me flojeaban aunque no pude contener una sonrisa de satisfacción ya que oficialmente habíamos conseguido doblegar nuestro reto. Seguí caminando un rato y de pronto observé que al final de la loma había un hombre parado —el primero que veía en tierra desde hacía cuatro días—. Estaba vestido con pantalones de chándal azules y un jersey de lana desgastado con parches en los hombros. Cuando estuve más cerca amagué un saludo, pero enseguida advertí que no me había visto a pesar de lo cerca que me encontraba. Era un tipo joven, con rasgos aindiados y miraba al horizonte liso con las manos en los bolsillos. Me sorprendió que anduviera descalzo.&lt;br /&gt;Al llegar a su altura me acerqué y le di los buenos días, pero no se movió. Me quedé unos minutos a su lado, tomando resuello, tratando de buscar en el cielo o en la lejanía del mar lo que a él lo tenía tan pendiente. Al rato me aburrí y me di media vuelta, pero entonces le vi sacar la mano derecha del bolsillo y señalar hacia el Unicornio:&lt;br /&gt;—Allá —su voz sonaba en un chileno ronco— ¿Lo ve?&lt;br /&gt;Lo cierto es que no había nada que ver, pero él insistió.&lt;br /&gt;—Hay un albatros volando alrededor de su barco.&lt;br /&gt;—Ah, hola, sí. Hay muchos albatros por aquí —le dije fijándome en sus pantalones raídos.&lt;br /&gt;El hombre bajó la mano y siguió mirando en la misma dirección.&lt;br /&gt;—Sí. Hay muchos. Y pocos hombres; la mayoría están bajo el agua —agregó con una sonrisa que dejó al aire una muela de oro—. Pero sus almas están allí. ¿Las ve? —el tipo volvió a levantar la mano.&lt;br /&gt;—No. No veo.&lt;br /&gt;—En sus alas. El albatros.&lt;br /&gt;Observé el vuelo elegante del ave que aprovechaba una corriente de aire para elevarse. Me seguía pareciendo un pájaro imponente y misterioso, y creí entender a lo que se refería.&lt;br /&gt;Luego traté de pedirle su opinión sobre las previsiones del clima para los próximos días, pero volvió a quedarse en silencio. Finalmente le dije adiós y antes de comenzar la bajada me fijé que tenía cosida en el pecho una insignia de la armada chilena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de almorzar navegamos con un viento ligero que favorecía nuestro rumbo hacia el noroeste. No parecía quedar ningún rastro de la tormenta del día anterior. Sin embargo yo seguía mareado. Además tenía el frío metido en los huesos y los pies acalambrados como si hubiera llegado a caerme al agua en alguna de las sacudidas del Unicornio.  El sol se estaba poniendo y la temperatura comenzaba a bajar. En el salón interior el patrón repartía los turnos de las guardias. Éramos un grupo desmadejado de hombres unidos por el mismo deseo de colgarnos un pendiente en la oreja, al estilo de los piratas antiguos que doblaban el Cabo, pero con pocas cosas más en común. Junto con el Capitán, dos de ellos formaban parte de la tripulación del barco. Yo era el único español. El resto: tres ingleses afincados en la Patagonia Chilena, dos argentinos emigrados que trataron de animarme a base de mates bien cebados y un uruguayo que hacía las labores de práctico. Ellos no consideraban mis síntomas como una señal de alarma. Esa misma noche, uno de los ingleses me comentó que también sentía los calambres en las piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La singladura fue tranquila y alrededor de la media noche las primeras luces de la bahía de Ushuaia aparecieron en la lejanía bajo el cielo cubierto de estrellas. Nos pareció extraño que ya en el puerto no salieran los marineros a ayudarnos con el atraque. Aunque era tarde suponíamos que habrían estado pendientes de la suerte de los barcos que estaban fuera. Los partes les habrían tenido al tanto de los arrebatos de la mar en los últimos días.&lt;br /&gt;Yo me sentía peor, pero traté de animar a la tripulación para que caminásemos hasta “Los dientes de Navarino” después de la cena. Era un bar que abría perenne y ofrecía cualquier tipo de consuelo que los marineros de paso pudieran necesitar. Por el momento yo me conformaba con ahogar el mal de tierra en un ron tras otro. Sin embargo ninguno quiso abandonar el barco y se quedaron a descansar o a jugar a las cartas.&lt;br /&gt;Sólo al bajar al embarcadero por la pasarela me di cuenta de la niebla gruesa que cubría el puerto y toda la ciudad. Desde la montaña bajaba una brisa helada dejando caer su humedad en forma de una fina espuma blanca. Seguía sin haber nadie y me pareció que nuestro barco era el único en los alrededores.&lt;br /&gt;Me dirigí por el pantalán de madera que crujía bajo mis pasos, pero pronto entendí que ni el ritmo ni la profundidad de aquel sonido se correspondían con mi pisada. Era algo más grande, algo que se ocultaba dentro de la niebla y del lado del mar. Apuré el paso con el cuello encogido —como si en cualquier momento me fuera a caer algo en la cabeza—  y mirando en la dirección del ruido, que ahora era un chirrido ahogado en vaivén, provocado sin duda por el movimiento de las aguas.&lt;br /&gt;De entre la bruma vi como iba surgiendo a medida que me acercaba, un palo de bauprés. Se alzaba al menos quince metros sobre la línea del mar, por lo que sólo podía pertenecer a un barco de gran tamaño. Me parecía imposible que no lo hubiéramos visto al entrar por la bocana, por muy espesa que fuera la niebla. La curiosidad me llevó hasta la popa para comprobar que realmente era una embarcación antigua, con el casco de madera y remates de hierro. Bajo la bandeja desmigajada, imposible de descifrar observé una por una las letras de un nombre que me resultaba conocido. W A L L A S E A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abandoné el puerto con una sensación de frío profundo, más allá de los huesos y llegué al bar. Entré y en la barra había un marinero pelirrojo bebiendo cerveza. Le di las buenas noches, pedí un ron sin hielo, y me senté en un taburete junto a él. En el espejo de dentro, por encima de las botellas había un azulejo con unos versos que me entretuve leyendo: “yo soy el albatros que te espera en el final del mundo. Soy el alma olvidada de los marinos muertos que cruzaron el Cabo de Hornos...”. Cuando iba por el segundo ron, el pelirrojo dijo algo como hablándose a sí mismo —porque el camarero estaba limpiando las mesas—  en un idioma que me pareció cercano al inglés, y entre el alboroto de palabras me pareció escuchar “Wallasea”. En realidad no me había podido sacar de la cabeza la aparición nocturna de ese gigante desde que lo había visto y todavía me parecía imposible. Además seguía dándole vueltas al nombre, y a la posibilidad de que hubiera llegado antes que nosotros escapando de la misma tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre esos pensamientos sentí que el tipo se levantaba y salía a la calle con un caminar errático. Toda la ropa que llevaba era de lana gruesa lo que me resultó extraño para ser un marinero de nuestros días. De pronto me di cuenta de que con él se me escapaba la explicación de algo que podría ser sólo un hecho curioso, además de insólito.&lt;br /&gt;Fui tras él y lo vi unos metros más adelante por la acera de la calle San Martín que se empezaba a cubrir de nieve. Corrí sin disimulo hasta alcanzarlo. Quise darle un toque en el hombro para llamar su atención pero al estirar el brazo sólo encontré la niebla. Me detuve y luego avancé un poco más, busqué alrededor, pero por muy estúpido que me pareciese, él había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa misma manera, cuando regresé al  Unicornio, ya con el cielo clareando, no encontré ni rastro del “Wallasea”. Un barco Irlandés que —por fin había conseguido recordar— se había perdido en las proximidades de la Isla Livingston, al sur del Cabo de Hornos, doscientos años atrás. Todos sus tripulantes habían perecido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-1615068492769510888?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/1615068492769510888/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=1615068492769510888&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1615068492769510888'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1615068492769510888'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/wallasea.html' title='Wallasea'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SirlR_-hFLI/AAAAAAAAAG8/y0pW2FafYmE/s72-c/goleta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3912239829183566820</id><published>2009-06-03T23:08:00.007+02:00</published><updated>2009-06-04T21:25:17.364+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Rafael Amor&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Si alguna vez se encuentran en un cartel pegado a una farola o en el suplemento cultural de algún diario de poca tirada, el aviso de que Rafael Amor ha llegado a su ciudad, no duden en ir a verlo. Amor es uno de esos cantautores que hicieron canción protesta cuando en Latinoamérica se pasaban las dictaduras de mano en mano. En España se  encontró con un público sabroso y aburrido del franquismo trasnochado, que pronto le abrió los brazos en los locales a donde llevaba su voz. Lo mejor es que después supo seguir creciendo. Tal vez porque su música y sus letras —siempre cercanas a la poesía— nacen de lo más profundo de su conciencia y de su corazón, más allá de cualquier oportunismo histórico y político; y gracias a eso yo lo conocí en un reducto de folclore incrustado frente al Viaducto de Segovia: Tolderías. Desde entonces siempre lo he seguido, y cada vez que hablo con él me parece más grande.&lt;br /&gt;Hay temas —como “No me llames extranjero” o “Corazón libre”— que lo han consagrado por encima de su propia humildad. Hay mucha música en su guitarra,  mucha poesía floreciente entre sus dedos (tiene un libro publicado: “Sueños e Insomnios”); y un vozarrón que quita el hipo.&lt;br /&gt;Hace poco descubrí este poema suyo y me encantó. Por la forma lúcida para describir en versos una imagen, y por el significado mismo de la imagen, quizás sólo soñada por los que tienen la música en las venas.&lt;br /&gt;Ya les digo, nunca encontrarán sus discos en Fnac, pero él sigue viajando, saltando de un lado a otro del Océano, para llevar su música en la mano. Estén atentos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;“La Guitarra en la mesa”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mesa que orilló la farra,&lt;br /&gt;El “giravinos”, la comunión fraterna,&lt;br /&gt;Amanecida, se tiende una guitarra&lt;br /&gt;Entre besados vasos, con la boca abierta,&lt;br /&gt;Un rayo de sol —polizón oblicuo—&lt;br /&gt;Por la ventana de párpados caídos,&lt;br /&gt;Furtivamente llega hasta una jarra&lt;br /&gt;A traspasar de tibia luz el vino.&lt;br /&gt;Un aleteo y otro en el vano se amontonan&lt;br /&gt;Subyugados por el migajerío,&lt;br /&gt;Que sobre el mantel se desparrama&lt;br /&gt;Igual que un corazón recién partido.&lt;br /&gt;Vencen el temor esos corsarios&lt;br /&gt;Y se dan al festín sin prevenciones.&lt;br /&gt;“Picosaltan, “vuelipican” y el sudario&lt;br /&gt;De la mesa trasnochada queda limpio.&lt;br /&gt;En un gorjeo regresó la fiesta&lt;br /&gt;Y en la garganta de la luz,&lt;br /&gt;El amanecer enloquecido de trinos.&lt;br /&gt;Sobre la mesa, queda la guitarra,&lt;br /&gt;La boca abierta y su irrenunciable vocación de nido.&lt;br /&gt;(&lt;a href="http://www.rafaelamor.com/"&gt;www.rafaelamor.com&lt;/a&gt;)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3912239829183566820?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3912239829183566820/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3912239829183566820&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3912239829183566820'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3912239829183566820'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/06/de-otras-plumas.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-1067643400829145210</id><published>2009-05-27T23:10:00.009+02:00</published><updated>2009-06-03T23:27:44.417+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Hernando Jaramillo Álvarez&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sus primeros pasos en la poesía los da en el periódico "Iniciativa" del colegio Bernardo Arias Trujillo (La Virginia, Colombia). Algunos poemas fueron publicados en otros colegios y universidades de Pereira.  Hernando trabajó en el Ingenio Azucarero Risaralda, y la labor que desempeñó influyó en su obra. El poema "Alce Mecánico" que trata sobre las labores en el campo obtuvo especial reconocimiento.&lt;br /&gt;En el año 2003 incursiona en la narrativa. Ha escrito canciones y en la actualidad está en contacto con integrantes de grupos musicales.&lt;br /&gt;Gracias Hernando por entregarnos esta lluvia de palabras.&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;¿QUIÉN TIENE LA CULPA?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;De enamorarse otra vez&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Si te encontré&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes tienen la culpa&lt;br /&gt;De gustarse&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;si te gusté&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Si con solo mirarse&lt;br /&gt;La vida se entrega&lt;br /&gt;Como te la entregué&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;si no controlamos el destino&lt;br /&gt;De que muchas veces&lt;br /&gt;Cambie nuestro camino&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Que los sentimientos&lt;br /&gt;Sean más fuertes&lt;br /&gt;Que la razón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Que tu inocencia&lt;br /&gt;Acepte el alma&lt;br /&gt;De un pecador&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Que tu inexperiencia&lt;br /&gt;Me este enseñando&lt;br /&gt;cosas del amor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Que sea tu hombre&lt;br /&gt;Y tú hayas nacido&lt;br /&gt;Para ser mi mujer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién tiene la culpa&lt;br /&gt;Que seas tan joven&lt;br /&gt;Y yo estoy al encuentro&lt;br /&gt;De mi vejez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-1067643400829145210?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/1067643400829145210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=1067643400829145210&amp;isPopup=true' title='78 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1067643400829145210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/1067643400829145210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/de-otras-plumas_27.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>78</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7664993128604956229</id><published>2009-05-24T23:08:00.006+02:00</published><updated>2009-07-03T00:10:05.117+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Mariposas amarillas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Es hoy? Sí. Es hoy. Hace siete meses llegamos a este lugar. No había nada, ni piedras, ni flores, ni mariposas. Quizás antes de Macondo existían más cosas, pero aquí había que empezar a poner todo, a plantar todo. Y con el primer retoño, llegó la primera mariposa amarilla. Sería fantástico poder conseguir en cualquier lugar semillitas para sembrar mariposas amarillas o de otros colores, pero sobre todo amarillas… O como las de mi infancia, con números en las alas y de variados colores…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Luego de la primera, llegó otra y así empezaron a poblar este rinconcito. Lo que sembramos se puso a florecer y vimos que este lugar estaba listo para invitar a nuestros amigos y para todo el que quisiera entrar y mirarlo y disfrutarlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hoy hace siete meses que se le dio vida a este proyecto que con Conchi pusimos a rodar. Hoy hace siete meses y desde el primer día, las puertas siguen abiertas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por suerte encontramos la música hecha para este rincón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cien años de Macondo sueñan,&lt;br /&gt;sueñan en el aire&lt;br /&gt;Y en los años de Gabriel trompetas,&lt;br /&gt;trompetas lo anuncian&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encadenado a Macondo sueña Don José Arcadio&lt;br /&gt;Y ante él la vida pasa haciendo&lt;br /&gt;remolinos de recuerdos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las tristezas de Aureliano (el cuatro)&lt;br /&gt;La belleza de Remedios (violines)&lt;br /&gt;Las pasiones de Amaranta (guitarras)&lt;br /&gt;El embrujo de Melquíades (oboes)&lt;br /&gt;Úrsula (cien años) Soledad (Macondo)&lt;br /&gt;Úrsula (cien años) Soledad (Macondo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres epopeya de un pueblo olvidado&lt;br /&gt;Forjado en cien años de amores e historias&lt;br /&gt;Eres epopeya de un pueblo olvidado&lt;br /&gt;Forjado en cien años de amores e historias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te imagino y vuelvo a vivir&lt;br /&gt;En mi memoria quemada al sol&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia&lt;br /&gt;Mariposas amarillas que vuelan liberadas&lt;br /&gt;Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia&lt;br /&gt;Mariposas amarillas que vuelan liberadas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=af97473" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7664993128604956229?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7664993128604956229/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7664993128604956229&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7664993128604956229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7664993128604956229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/vuelos-de-mariposa_24.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2970651111897243553</id><published>2009-05-18T23:29:00.017+02:00</published><updated>2009-07-03T00:09:00.002+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/ShHYh-UcG1I/AAAAAAAAAGs/7cPV-oy7XyA/s1600-h/mario20benedetti202.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 218px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/ShHYh-UcG1I/AAAAAAAAAGs/7cPV-oy7XyA/s320/mario20benedetti202.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337285111586757458" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:180%;" &gt;Mario Benedetti&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-style: italic;"&gt;Hoy es un día triste. Desde que supe que ingresaban el mes pasado a Mario Benedetti en el hospital, mis ojos han estado puestos en esa orilla norte del Río de la Plata; allá en el sur del mundo, ese que por supuesto también existe. Me imaginaba los atardeceres ya fríos y húmedos de un otoño austral, agotando los días en el río, como una gran metáfora del final de una vida; y empezaba a sentir una congoja mal contenida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-style: italic;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hoy es un día triste porque Mario se ha ido. Se ha marchado volando bajito, sin grandes ceremonias, víctima de una enfermedad crónica, como la propia vida, con la misma sencillez y discreción con la que se hizo grande.&lt;br /&gt;Me imagino que el mundo literario amanecerá mañana haciéndose eco de la noticia y amontonando homenajes póstumos por toda la geografía de este y aquel lado del charco. Nacianceno y yo queremos darle nuestro propio adiós. Uno tal vez chiquitito, de esos que “hacen cola”, pero que quede suspendido en el vuelo eterno de una de nuestras mariposas a través de su propia voz.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Para mi Benedetti fue como uno de esos maestros clarividentes, capaces de entusiasmar a un aula magna con sólo mover los labios. Yo aprendí a leer poesía gracias a él. Me bastó empezar con los primeros versos para entrar en un mundo en el que sencillamente estaba contenido el mundo entero, y yo ni siquiera lo había visto. Gracias a aquellas lecturas alcancé a comprender mejor a otros poetas y a amar la poesía. Ahora me pasa que cuando tengo el corazón abrasando o hecho un flan o duro como piedra de puro miedo de amar y trato de expresarme, en vez de meras palabras me salen versos de Benedetti. Más tarde descubrí al gran relatador que fue y ya no pude dejar de leerle nunca. Así que simplemente me siento en deuda con él.&lt;br /&gt;Dos veces lo vi en mi vida. Las dos en Madrid, donde últimamente residía huyendo de la humedad de Montevideo que tanto hacía que se resintieran sus huesos. Todavía me acuerdo de aquel día. Hacíamos cola en la puerta de la Casa de América. Le homenajeaban un conjunto selecto de artistas. Como para no haberlos visto juntos nunca. Yo estaba con gente de la calle. Amigos que había conocido casi vagando con mi bici por el Retiro y las calles vacías de domingos madrileños. Estaba el gordo Pablo. Aprendiz de poeta que admiraba a Benedetti como pocos. Un argentino guasón entrenado para reírse hasta de su sombra. Llevábamos horas esperando frente a las escaleritas de la entrada. No se podía creer la gente que había. Y la cosa es que no teníamos entrada. Era de esas de “entrada libre hasta completar aforo”. No sabíamos si alcanzaríamos o justo al llegar nos dirían: “lo siento chicos, no cabe nadie más”. Cuando de repente un hombre mayor pasó por nuestro lado, se adelantó cerquita de la fila y empezó a subir las escaleras derechito a la puerta. Caminaba despacio, poniéndole ese cuidado con que avanzan los cuerpos resentidos; con los brazos pegados al cuerpo y mostrando las palmas de las manos. La nuca canosa, saco oscuro. A Pablo le salió la vena india:&lt;br /&gt;—Ché, mirá el viejo, se quiere colar el viejo choto…&lt;br /&gt;“¡Epa!”—le grito—“¿Para dónde vas boludo? ¿No viste que hay que bancarse la fila…?—Yo me tuve que aguantar la respiración cuando el desconocido, como única respuesta a su impertinencia se dio la vuelta y todos reconocimos en esos ojos lánguidos al mismo Mario Benedetti. Todos menos Pablo.&lt;br /&gt;La segunda fue en el Centro Cultural Conde Duque. En esa ocasión él participaba en una conferencia sobre la paz. Apenas terminó me acerqué a la mesa y le amontoné delante de su nariz los pocos libros que tenía entonces suyos para que me los firmase. Tenía esa misma mirada de hombre corriente. Una expresión a medio camino entre la paz interior y el cansancio. Como si él no fuera el responsable de tanto agasajo y le hubieran dejado allí sentado sólo para vigilar el puesto mientras volvía el auténtico protagonista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se va, claro. Pero lo que nos queda de él es lo que nos deja. Un legado incalculable de historias, de versos, y de verdades bien contadas.&lt;br /&gt;Vaya por usted don Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno...&lt;br /&gt;TOMITÚ C.M.&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hace mucho, cuando la sangre furiosa en las venas me llevaba a buscar palabras prestadas para llevárselas bien servidas a alguna chica que me gustara, me topé con una tarjeta sencilla, pero repleta de palabras, eran las que yo buscaba y que recuerdo aún de memoria: “Si alguna vez adviertes que te miro a los ojos y una veta de amor reconoces en los míos…” No sabía a quién pertenecían, pero cuando lo supe, me puse a buscar más de su poesía. Quería seguir prestando palabras y encontré muchos poemas que me gustaron y me siguen gustando…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nos ha dejado un gran poeta, se ha ido, pero nos ha dejado sus palabras llenas de amor, de grandes verdades, de mucho compromiso. Pero no era sólo poeta, aunque él mismo lo dijera, que se sentía más poeta; nos dejó grandes páginas de prosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Gracias Benedetti por ese tesoro incalculable que nos ha dejado; ojalá, allá a donde vayas, te reconozcan como lo que fuiste entre nosotros: un gran poeta y escritor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;TOMITÚ N.L.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NO TE SALVES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te quedes inmóvil&lt;br /&gt;al borde del camino&lt;br /&gt;no congeles el júbilo&lt;br /&gt;no quieras con desgana&lt;br /&gt;no te salves ahora&lt;br /&gt;ni nunca&lt;br /&gt;no te salves&lt;br /&gt;no te llenes de calma&lt;br /&gt;no reserves del mundo&lt;br /&gt;sólo un rincón tranquilo&lt;br /&gt;no dejes caer los párpados&lt;br /&gt;pesados como juicios&lt;br /&gt;no te quedes sin labios&lt;br /&gt;no te duermas sin sueño&lt;br /&gt;no te pienses sin sangre&lt;br /&gt;no te juzgues sin tiempo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;pero si&lt;br /&gt;pese a todo&lt;br /&gt;no puedes evitarlo&lt;br /&gt;y congelas el júbilo&lt;br /&gt;y quieres con desgana&lt;br /&gt;y te salvas ahora&lt;br /&gt;y te llenas de calma&lt;br /&gt;y reservas del mundo&lt;br /&gt;sólo un rincón tranquilo&lt;br /&gt;y dejas caer los párpados&lt;br /&gt;pesados como juicios&lt;br /&gt;y te secas sin labios&lt;br /&gt;y te duermes sin sueño&lt;br /&gt;y te piensas sin sangre&lt;br /&gt;y te juzgas sin tiempo&lt;br /&gt;y te quedas inmóvil&lt;br /&gt;al borde del camino&lt;br /&gt;y te salvas&lt;br /&gt;entonces&lt;br /&gt;no te quedes conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="105"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=45f3663" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2970651111897243553?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2970651111897243553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2970651111897243553&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2970651111897243553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2970651111897243553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/vuelos-de-mariposa_18.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/ShHYh-UcG1I/AAAAAAAAAGs/7cPV-oy7XyA/s72-c/mario20benedetti202.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3344398496494593163</id><published>2009-05-13T23:53:00.006+02:00</published><updated>2009-05-15T21:54:02.770+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;No te quiero sino porque te quiero&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;La voz melancólica de Antonio Vega nos llegó a través de Nacha Pop en aquellos años de la “movida madrileña”, los cuales están pegados a nuestros recuerdos con una cinta adhesiva milagrosa (en especial para los que como yo, vivíamos en el foro. La sala Jácara, donde el grupo se disolvió oficialmente, estaba a sólo tres calles de mi instituto). Gracias a la musicalización de aquel tiempo, cuando escuchamos arrancar los acordes intempestivos de “La chica de ayer” en la penumbra de algún bar, sentimos desde esta primera madurez, que la vida nos sigue caminando por las venas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;A veces pienso que para ellos (Los intérpretes de aquellas canciones gloriosas como Enrique Urquijo y Antonio Vega) fueron años de excesos, cuando pensaban que la muerte era la de los otros. “Andar sin avanzar, caminar, tropezar, beber otras diez…” decía Vega en “Grité una noche”. Ahora la vida parece cobrarle una factura tan injusta como anunciada. Y nosotros, meros espectadores, tenemos la sensación de que se nos muere un poco el pasado...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Decía Antonio Vega que sus temas eran “poemas adaptados a la música”, tal vez por eso compuso canciones de mucha calidad y pocas ventas. La poesía no es un buen producto de marketing para las masas. Y quizás por eso mismo se prestó a colaborar en un homenaje a Pablo Neruda poniéndole música y su sello inequívoco al Soneto LXVI, No te quiero sino porque te quiero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;Vuelen estas palabras sobre las alas de nuestras mariposas en memoria del aquél que ayudó a fabricar la banda sonora de nuestra vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;No te quiero sino porque te quiero&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;y de quererte a no quererte llego&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;y de esperarte cuando no te espero&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;pasa mi corazón del frío al fuego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Te quiero sólo porque a ti te quiero, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;te odio sin fin, y odiándote te ruego, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;y la medida de mi amor viajero&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;es no verte y amarte como un ciego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Tal vez consumirá la luz de enero, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;su rayo cruel, mi corazón entero, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;robándome la llave del sosiego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En esta historia sólo yo me muero &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;y moriré de amor porque te quiero,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;porque te quiero, amor, a sangre y fuego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Letra: Pablo Neruda (Soneto LXVI)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Música: Antonio Vega&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="105"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=00df73a" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3344398496494593163?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3344398496494593163/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3344398496494593163&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3344398496494593163'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3344398496494593163'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/vuelos-de-mariposa.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-8241503280004183532</id><published>2009-05-06T23:32:00.013+02:00</published><updated>2009-06-29T22:07:30.068+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Marta María López&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con este minirelato Marta ganó el V Premio de Relato mínimo Diomedea. Esta es apenas una muestra de su poderosa escritura. Es una lectora voraz, no es sino echar un vistazo a su bitácora&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.eldesvandeloslibros.net/"&gt;El desván de los libros&lt;/a&gt; donde nos detalla con su palabra medida lo que va leyendo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;La Gotera&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;L&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A CASA TENÍA UNA GOTERA&lt;/span&gt; que caía ―plot, plot, plot― sobre el fregadero y sonaba metálicamente igual que el corazón de un hombre de hojalata. Pensaban que era el ruido el que no les dejaba dormir, ni leer, ni hacer el amor. Pusieron un vaso debajo de la gotera. Sonaba distinto ―plin, plin, plin―, casi desde lejos, como si estuviera cayendo al otro lado de las paredes de su casa. Era más llevadero.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-indent: 20px; text-align: justify;"&gt;Poco a poco el vaso se fue llenando. Mientras leían cuentos tristes se imaginaban cómo iba llenándose. Gota a gota. Al mismo tiempo que trataban de dormirse, sin conseguirlo, contaban las gotas como quien cuenta ovejitas durante el insomnio. Se besaban, hacían el amor mecánicamente y el ritmo de la gotera se transformaba en el diapasón de sus torpes movimientos. Pero un día la gotera dejó de sonar ―silencio― y volvieron a leer y a dormir. Y a escucharse el uno al otro.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-indent: 20px;"&gt;Se les quitaron entonces ―definitivamente― las ganas de hacer el amor. A veces él susurraba al oído de ella: «plot». Otras veces era ella la que se acercaba a la oreja de él y murmuraba: «plin». Pero nada.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-8241503280004183532?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/8241503280004183532/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=8241503280004183532&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8241503280004183532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8241503280004183532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/de-otras-plumas.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-6360929413509562345</id><published>2009-05-01T00:36:00.015+02:00</published><updated>2009-05-01T11:50:27.298+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Un loco en el semáforo de Cuzco</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SfoqWJIQ9gI/AAAAAAAAAGU/2cVJAORHarI/s1600-h/baladaparaunloco.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 224px; height: 221px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SfoqWJIQ9gI/AAAAAAAAAGU/2cVJAORHarI/s320/baladaparaunloco.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330619668842477058" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Llego tarde. Como siempre. Yo no sé qué me hace falta para aprender que tengo que adelantar el despertador quince minutos. Si con un cuarto de hora basta. Pero no, cualquiera diría que me gusta llegar a Plaza de Castilla, y ver en el maldito reloj que son las ocho menos diez. Porque me pasa todos los días y todos digo que mañana cambio la alarma. Y claro, bajar la Castellana a la hora punta en diez minutos es de locos. De locos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Me queda uno, un semáforo, el de Cuzco, y giro para meter el coche en el aparcamiento. De ahí son cinco minutos andando. No es que pase nada porque llegue tarde, pero después me tengo que quedar más, y hoy vuelve Fran de viaje y le quiero preparar algo especial para cenar. Y tengo que ir al super. Pero qué pasa ahí delante, ¿Por qué no se mueven? Ya estamos, con los que te limpian los cristales y los payasos malabaristas. Mira ese que viene con el monociclo. No. Es lo único que me falta. Si además no voy a tener monedas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entre los coches de delante desaparece pedaleando. El semáforo sigue en rojo y ya son las ocho de la mañana. Casi a punto de subir la ventanilla y guardar las monedas en el bolso lo veo aparecer en el espejo retrovisor. Como si se hubiese desdoblado. Es flaco. Viene mirando al cielo, siguiendo las tres pelotitas rojas que bailan en el aire y luego regresan a sus manos, obedientes.&lt;br /&gt;Se va acercando. De un primer vistazo, en el pequeño marco del espejo, me parece verlo vestido de rayas blancas y negras y unos tirantes rojos que sujetan sus pantalones anchos con un bolsillo exagerado a cada lado. Cuando llega a mi altura no subo la ventana y compruebo que es como lo he visto de lejos. Salvo las rayas. Tiene las rayas de la camisa pintadas en la piel y rematadas en el cuello y en la mitad de sus brazos con un borde negro que imita una camiseta.&lt;br /&gt;Es una mezcla de mimo—la cara blanca, los ojos muy abiertos y las manos grandes, inquietas—con payaso—labios gruesos pintados de rojo semáforo y una pelotita encarnada en la nariz—. Un linyera. Y me viene a la memoria ese tango que hace siglos que no escucho. Desde que Fran desterró mis discos de Piazzola al estante más alto del salón.&lt;br /&gt;El está suspendido en su monociclo media pedalada hacia delante media pedalada hacia detrás. Me mira. Sonríe con los ojos—frescos como el musgo— y con los labios. Las pelotitas bailan desde sus manos por última vez, vuelan y él hace que caigan en uno de sus bolsillos.&lt;br /&gt;Yo miro el semáforo. Verde. Me vuelvo para decirle adiós sin tiempo de volver a sacar el dinero. Pero entonces siento su aliento en mi cara. Y un leve roce de su mano en mi pelo cuando saca algo de mi oreja. Sus dedos—son largos, me gustan—sostienen el tallo de un clavel rojo que ondea un poquito con el vaivén de su cuerpo haciendo equilibrios sobre los pedales. Le miro y me hace un gesto con la cabeza: “para ti, linda”, parece decir. Lo cojo y me lo acerco a los labios para olerlo. Pongo primera y arranco. En un último instante busco su imagen reflejada en el retrovisor y lo veo desaparecer entre la fila de coches.&lt;br /&gt;Llego a la oficina media hora tarde. En mi sitio vuelco el vaso de los lápices y lo lleno con agua de mi botella. Meto el clavel. Enciendo el ordenador y me marcho a la cocina a buscar un café. Las chicas están animadas. Me miran y se ríen divertidas. Yo tengo esa imagen en la cabeza, y les pregunto:&lt;br /&gt;—Oye, ¿Habéis visto alguna vez a esos mimos o… bueno, los chicos que están es los semáforos de la Castellana haciendo malabarismos?&lt;br /&gt;María me cuenta algo. Que tienen permiso de la Comunidad de Madrid, y que pertenecen a una asociación para personas que trabajan en la calle. Pero a mi me interesa él.&lt;br /&gt;—Y ¿Uno que tiene las rayas de la camisa pintadas en la piel? ¿A ese lo habéis visto? Es fantástico.&lt;br /&gt;Mi compañera de departamento me mira sin ganas de entender:&lt;br /&gt;—Nena, si fuera fantástico no estaría en un semáforo pidiendo. Pero no. Yo no lo he visto.&lt;br /&gt;Después volvemos a nuestras mesas. Y siguen con las risas. María desde su cubículo de enfrente me señala la flor, y me doy cuenta de que sin querer la he puesto junto a la foto de Fran.&lt;br /&gt;—Cómo se nota que hoy cumplís un año… ¿Qué? ¿Te la dio cuando te despertaste?&lt;br /&gt;Sus palabras se me atragantan en el estómago. Me fastidia su escrupulosa memoria, cuando además yo ni me acordaba. Hago un repaso mental…veintitrés de noviembre. “Sí, claro” contesto para salir del paso.&lt;br /&gt;Abro el correo y pincho en enviar y recibir. Ordeno por fecha. Ni en los de anoche, ni en los de hoy. No hay nada de Fran. Y casi como una esperanza se me enciende una luz verde. La diferencia horaria. Pero no. Esta vez ha viajado a Londres. No importa, es pronto. Durante unos segundos coloco la flechita del ratón en nuevo y lo pienso bien. No. Debe ser él quien lo haga. No puedo seguir siempre así. Una fecha como hoy. Me lo debe.&lt;br /&gt;El día es de locos. El teléfono no deja de sonar. Y la organización del congreso nos tiene hasta arriba. De camino al baño me cruzo con una compañera del departamento médico que me para en el pasillo.&lt;br /&gt;—Eh, me dijeron que hoy es tu aniversario. Enhorabuena. A ver si te dejas de ser tan rara y nos traes las fotos de la boda, que estamos todas locas por verlas—y con una risita nerviosa acaba la frase—Sobre todo a tu marido.&lt;br /&gt;El día pasa. Salgo a comer a la una. En el turno anterior al de mis compañeras del departamento. Voy al restaurante de la esquina. En Castellana con General Yagüe. Me siento en la mesa del fondo. Y espero la comida mirando la gente que pasa por la acera y tarareo la música de aquél tango, “Balada para un loco”.&lt;br /&gt;Almuerzo rápido y vuelvo a la oficina. Trascurre la tarde y no tengo noticias. De vez en cuando reviso el móvil, el correo, pero nada. Me quedo casi una hora más para rematar el congreso y al salir voy al supermercado.  Antes de irme cojo la lata de los lápices con el clavel y en el coche lo coloco en el portavasos.&lt;br /&gt;Empujando el carro por los pasillos intento no perder los nervios y pensar poco. No acordarme de algunas cosas que me amargan la boca. Me dirijo al pasillo de las pastas, pero no, me jode no ponerle cominos a la salsa boloñesa, sólo porque él dice que la salsa boloñesa no lleva cominos, así que prepararé otra cosa. Sin querer pienso en la tarjeta que le encontré a Fran en el bolsillo interior del traje hace unas semanas y se me viene a la cabeza mi madre. Ella y su escepticismo premonitorio. Mis amigos el día de mi boda. El gordo Pablo diciéndome que para qué si no había necesidad. No puedo creer que haya pasado un año. Voy echando cosas sin mucha fe y con poca concentración. Creo que la musaka estará bien y mejor me olvido de lo demás. Ya me dijo el psicólogo. Nada de repetir y destripar pensamientos. Sólo la musaka. Llego al portal de casa, y el conserje me saluda cariñoso como siempre. Me dice que me han subido algo al apartamento.&lt;br /&gt;—Algo que trajo un mensajero para usted—dice con una sonrisa de curiosidad. Y después mira la lata con el clavel que tengo en una mano, y los dos brazos llenos de bolsas del supermercado.&lt;br /&gt;—Deje que la ayude.&lt;br /&gt;Me acompaña al ascensor, acomoda las bolsas en el interior y presiona el botón del quinto. Subo. Entro en casa y enciendo las luces. Pienso en la tarjeta y se me pasa por la cabeza llamar. Al pasar al comedor veo que en la mesa hay un ramo de rosas rojas inmenso. Las empiezo a contar y cuando llego a doce paro. Están en un jarrón con agua donde las debe de haber acomodado el portero. Son muchísimas. Demasiadas.  Dejo las bolsas en la cocina y vuelvo al comedor. Coloco el clavel al lado de las rosas y se ve como un David frente a Goliat. Voy a mi cuarto y saco algo del cajón del velador en mi lado de la cama. Me acerco a la mesa donde están las flores, ruedo una silla y me siento. Entre las rosas y el clavel coloco la tarjeta. El nombre de un restaurante está escrito en el centro y debajo, a mano, un teléfono. Es evidente que la letra es de mujer. Junto al número una frase que casi parece tener voz: "No te olvides, llámame. Sonia".&lt;br /&gt;Me paso un buen rato en la cocina colocando todo. Cojo una cerveza de la nevera y dejo fuera las  berenjenas y las cebollas sin tocar. Tras un momento de duda termino por guardarlo todo y regreso al salón. Saco el clavel de la lata, y el tallo gotea en la mesa. Acaricio los pétalos. Están frescos todavía. Mis dedos bajan por el tallo y advierto algo nuevo. Es increíble que no lo haya visto antes: hay un papelito. Una tira blanca de papel enrollada como si fuera un mensaje en la pata frágil de una paloma. Tiro y sale sin dificultad. Me cuesta desenrollarlo. Está hecho a conciencia. Cosa de locos. La pongo en la mesa y estiro de cada lado con la punta de los dedos. Hay algo escrito muy pequeño y me tengo que esforzar para leerlo: “Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la rivera de tus sábanas vendré, con un poema y un trombón, a desvelarte el corazón”&lt;br /&gt;Me recuesto en la silla e inspiro despacio y con una extraña emoción. Como si hubiera llegado por fin la revelación exacta. Forma parte de la letra de ese tango. El que me lleva todo el día rondando la cabeza desde que vi al payaso. El linyera. Me acuerdo de Buenos Aires. A Fran no le gustó nada que fuéramos allí de luna de miel. Era cosa mía. Sólo mía. Decía.&lt;br /&gt;Vuelvo a mirar la tarjeta. Me levanto a buscar el móvil con ella en la mano y pienso que si mañana vuelvo a ver al loco en el semáforo de Cuzco tendré las monedas preparadas. Las dejaré en la bandejita del salpicadero.&lt;br /&gt;Me fijo en el número y marco. Después de muchos tonos, al otro lado, reconozco con una facilidad pasmosa la voz agitada de Fran:&lt;br /&gt;— ¿Dígame?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-6360929413509562345?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/6360929413509562345/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=6360929413509562345&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6360929413509562345'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/6360929413509562345'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/un-loco-en-el-semaforo-de-cuzco.html' title='Un loco en el semáforo de Cuzco'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SfoqWJIQ9gI/AAAAAAAAAGU/2cVJAORHarI/s72-c/baladaparaunloco.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7763514717107261297</id><published>2009-05-01T00:13:00.003+02:00</published><updated>2009-05-07T19:07:54.155+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Monólogo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me parece increíble reconocer que soy yo misma, aunque haya gastado ya muchos almanaques. ¡Dios mío, cuántos! Sólo me reconforta saber que he vivido la vida, que la he disfrutado como se me iba presentando. A veces con sobresaltos como una cascada y otras como un río manso. Por eso en cualquier momento puedo dejar este mundo sin el mínimo remordimiento de haber desperdiciado esto tan corto que se llama vida. El balance es positivo. Recuerdo que miraba el espejo y veía mi piel de manzana y era feliz y estaba satisfecha de los detalles con los que me colmó la naturaleza, unos ojos grandes azules, ahora reducidos por los años; un buen cuerpo que dejaba a más de un hombre boquiabierto; y una perspicacia, lo suficientemente buena para sopesar las situaciones que se presentaban. Aunque en realidad ellos se fijaban sólo en mis pechos y en mi trasero. Algo había en mí que les llamaba la atención antes de la banalidad de ir a poner sus ojos en las dos partes de mi cuerpo como si el resto no existiese.&lt;br /&gt;He sido protagonista de muchos encuentros y aunque con las personas de mi sexo la iba bien, con los hombres alcanzaba una, llamémosla “empatía” bien manifestada. Aunque los hombres no sean tan abiertos como nosotras, si una logra penetrar en ese recinto sagrado que ellos construyen alrededor de sí mismos, se puede llegar a lo más recóndito de su corazón. Tuve muchos hombres antes de encontrar al que pude amar a mis anchas, sin prejuicios y sin miedo. Era, para decirlo también con esas frases hechas que a veces se pronuncian sin fe ni corazón y que entonces no significan nada: el hombre de mi vida.&lt;br /&gt;Y como si el mundo estuviera hecho para el sufrimiento, lo perdí por culpa de una enfermedad letal que me lo arrebató sin clemencia cuando menos lo esperaba. Recé mucho a un Dios que fue sordo a mis súplicas. Hice promesas si se curaba, si podía seguir conmigo hasta el final de mis días, pero nada surtió el efecto esperado. Como si el mundo, la vida misma, las estrellas y la luna que contemplábamos juntos tomados de la mano se murieran de envidia. Como si todos se confabularan para no concedernos la gracia de ser felices.&lt;br /&gt;Fueron diez años con él, que me llenaron de vida. Él me pintó los días con el color de la felicidad que en mi definición es muy parecido al color del gran Caribe. Era una felicidad comparable con el sabor de una fruta fresca y dulce y jugosa.&lt;br /&gt;No quisiera irme de este mundo sin reconocer las cosas buenas que he vivido, ni puedo tampoco dejar de enumerar los caprichos de la vida. A veces pienso que fui hecha de muchos retazos de mujeres: en ocasiones todo me daba flojera, tenía un desgano para realizar cualquier cosa por insignificante que fuera. Pero luego se despertaba en mí otra persona llena de energía con ganas de devorarse al mundo en dos bocados. Había días que me acongojaba por los males del mundo y otros que la hambruna, las guerras o la intolerancia me pasaban por encima sin darme por enterada. Me aterré al verme rodeada de mí misma en tan disímiles versiones de mujer. Ahora que lo pienso, fue cuando vagaba por la vida sin rumbo fijo y casi cada hombre que se cruzaba por la acera, si me gustaba, lo arrastraba conmigo, pero esos hombres pasaban sin dejar huella, no quedaba el más mínimo rescoldo, y muchas amigas me abandonaron indignadas por mi actitud. Las verdaderas amigas aún me acompañan.&lt;br /&gt;Puedo estar tranquila y despedirme de este mundo en cualquier momento, tengo todo listo y casi puedo escoger el día en que quiero abandonarme a las sombras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7763514717107261297?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7763514717107261297/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7763514717107261297&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7763514717107261297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7763514717107261297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/05/monologo.html' title='Monólogo'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7903491124283436207</id><published>2009-04-26T23:39:00.012+02:00</published><updated>2009-04-28T18:34:13.408+02:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Hay amores&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El aleteo de una mariposa nos trae un bolero, atemperado por la voz tierna de Shakira y los amores de más de medio siglo (cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches) entre Florentino Ariza y Fermina Daza. Será que lo inspiró porque su historia es como un bolero. Y como dijo el mismo Gabo al respecto de este género: "...es en apariencia de un desmesurado sentimentalismo; pero tiene también un guiño, una exageración asumida con humor, un "no lo tomes al pie de la letra" que sólo, al parecer, los latinoamericanos logramos captar (como los adjetivos de Borges)".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No se lo tomen al pie de la letra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay mi piel, que no haría yo por ti&lt;br /&gt;por tenerte un segundo, alejados del mundo&lt;br /&gt;y cerquita de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay mi piel, como el río Magdalena&lt;br /&gt;que se funde en la arena del mar,&lt;br /&gt;quiero fundirme yo en ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay amores que se vuelven resistentes a los daños,&lt;br /&gt;como el vino que mejora con los años,&lt;br /&gt;así crece lo que siento yo por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay amores que se esperan al invierno y florecen&lt;br /&gt;y en las noches del otoño reverdecen&lt;br /&gt;tal como el amor que siento yo por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay mi piel, no te olvides del mar&lt;br /&gt;Que en las noches me ha visto llorar&lt;br /&gt;tantos recuerdos de ti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay mi piel, no te olvides del día&lt;br /&gt;que separó a tu vida,&lt;br /&gt;de la pobre vida que me tocó vivir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay amores que se vuelven resistentes a los daños&lt;br /&gt;como el vino que mejora con los años&lt;br /&gt;así crece lo que siento yo por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay amores que parece que se acaban y florecen&lt;br /&gt;y en las noches del otoño reverdecen&lt;br /&gt;tal como el amor que siento yo por ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Shakira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=51d131e" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7903491124283436207?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7903491124283436207/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7903491124283436207&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7903491124283436207'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7903491124283436207'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/04/vuelos-de-mariposa_26.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-5646000060163944926</id><published>2009-04-19T23:19:00.007+02:00</published><updated>2009-04-19T23:55:01.276+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>La vecina de arriba</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vecina de arriba vino esta vez por un huevo. Él estaba  solo en su casa; la madre había salido a misa de seis. Sonó el timbre. Al principio pensó  que era ella que había olvidado las llaves, pero cuando atisbó por la mirilla, vio el escote y entonces supo que no era la madre.&lt;br /&gt;Las pocas veces que se había topado en las escaleras con la vecina de arriba, pudo apreciar su caminar de indómita potranca. Nunca había tenido la valentía para decirles nada a las chicas que le hacían ojitos y ellas se aburrían de esperar a que él se atreviera a dar el primer paso y terminaban siempre con los más brutos del barrio. Se imaginó que también le gustaba a la vecina de arriba. Pero ella estaba casada con un hombre mucho mayor  y que trabajaba cobrando billetes en los trenes y lo consideró como un segundo impedimento.&lt;br /&gt;Primero preguntó por la madre y él con la puerta a medio abrir, le dijo que no estaba. Entonces le pidió el huevo; la dejó parada afuera, le dio la espalda y se fue a buscar lo que la vecina de arriba quería. No había dado cuatro pasos cuando escuchó que la puerta se cerraba y una mano de seda lo agarraba del brazo.&lt;br /&gt;‹‹No seas bobo››, dijo. ‹‹Yo sólo quiero quebrar el huevo. Llevo esperando este momento desde que te oí orinar como a un toro. Sé de sobra cuando estás solo››.&lt;br /&gt;Él se quedó ahí parado sin saber qué decir, pero le gustó su atrevimiento.&lt;br /&gt;‹‹Pero lo quebraremos en mi casa››, dijo.&lt;br /&gt;Después del primer embate, acostados uno al lado del otro y como llegaron al mundo; ella se desnudó por dentro. Le contó los pormenores de su desgracia. Le dijo que su marido la encerraba con llave cuando salía para el trabajo y que las pocas veces que lo había olvidado, iba a su puerta con cualquier excusa para verlo. Le contó que nunca la dejaba salir sola y muy raras veces la llevaba con él. Le señaló las barras gruesas de las ventanas que el marido había hecho construir para que no entraran los ladrones al tercer piso.&lt;br /&gt;‹‹Uno nunca sabe››, decía el marido ‹‹los rateros son muy ingeniosos››.&lt;br /&gt;Ella entendió de sobra que no era así y que esos hierros tenían que ver con ella.&lt;br /&gt;La vecina de arriba le contó que desde siempre los espiaba. Era capaz de reconocer los pasos de él y los de la madre. ‹‹Tu madre camina como una monja››, le dijo. Sabía con exactitud en qué lugar de la casa se encontraba él en determinado momento. También dónde dormía y cuándo se daba la vuelta y cuál era su lado favorito para dormir.&lt;br /&gt;Hicieron el amor varias veces. En un momento cuando la vecina de arriba estaba tumbada con la cabeza sobre su pecho le dijo al oído.&lt;br /&gt;‹‹Acaba de llegar tu madre››, y añadió ‹‹ahora pasará al salón y encenderá el televisor para ver El Minuto de Dios››.&lt;br /&gt;Se extrañó porque no había escuchado en qué momento se abrió la puerta de su casa.&lt;br /&gt;‹‹No pongas esa cara, tengo oído de tísica››&lt;br /&gt;Entonces él le preguntó por qué no había huido y ella le contestó con sorna:&lt;br /&gt;‹‹Porque soy una pendeja ››.&lt;br /&gt;Siguieron haciendo el amor con la luna mirando por entre los barrotes de la ventana y al compás del murmullo de los grillos.&lt;br /&gt;Él salió de allí y se dirigió a casa de sus amigos.&lt;br /&gt;Tres días después, encontró a dos vecinas cuchicheando a la salida del edificio y escuchó que una de ellas, chaparra y rechoncha, contaba a la otra que los vecinos de arriba se habían ido de la noche a la mañana porque el marido descubrió que su mujer tenía otro. Y lo dijo como para que él lo escuchara.&lt;br /&gt;‹‹Hace tres días que por poco los pesca juntos y armó tremendo berrinche››.&lt;br /&gt;Contó que había escuchado gritos y que la sacó por la noche para que nadie los viera, pero reconoció que ella que se sabía la vida de casi todos, nunca vio nada extraño. Y que no podía creer que tenía otro, que era una mujer casera.&lt;br /&gt;Él salió del edificio y caminó calle abajo preguntándose en qué lugar del mundo podría estar ahora encerrada la vecina de arriba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-5646000060163944926?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/5646000060163944926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=5646000060163944926&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5646000060163944926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/5646000060163944926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/04/la-vecina-de-arriba.html' title='La vecina de arriba'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-905163368732989865</id><published>2009-04-19T23:18:00.004+02:00</published><updated>2009-04-19T23:52:14.087+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Volver a casa</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se dirigió siempre a ella con una delicadeza y una caballerosidad incuestionables. Jamás dejó que se desnudara sola para aquellos amores improvisados y urgentes, ni que se vistiera después bajo la somnolencia con que los encontraba la luna llena detrás de los cristales empañados del coche. Era él y sólo él quien, con la torpeza de un principiante y sin dejar de besarla en las mejillas como queriendo expiar la culpa reciente, le colocaba cada una de las prendas exactamente en el mismo orden y lugar donde las traía puestas. Ella permanecía inmóvil por miedo a que un gesto suyo fuera interpretado por él como un reproche por su falta de tino. Nunca acabó de comprender cómo era capaz de encontrar en un tiempo record —muchas veces estuvieron apremiados por un toque de queda que su padre le había impuesto— las medias o el pañuelo, que horas antes en la sesión de tarde había adornado su cuello, en los huecos inútiles entre freno de mano, asiento y puerta. En el futuro ningún otro volvió a repetir aquel ritual exquisito que ella siempre entendió como una mezcla justa de ternura y pudor.&lt;br /&gt;Perder la virginidad a los diecisiete años en el asiento de atrás de un Talbot Horizont no parecía a simple vista lo más deseable para una adolescente que interpretaba el sexo pleno como un salto a un vacío incierto, más fundamentado en decorados ilusorios de películas románticas de los sixie´s. Sin embargo, años más tarde, mientras tomaba un café en una esquina del madrileño barrio de Chamberí esperando al padre de sus hijos, tuvo la certeza de que aquella primera vez no la hubiera cambiado por ninguna otra. Ese día, casi sin querer había logrado con un esfuerzo dulce de la memoria reencarnarse en su propio cuerpo de los días posteriores a aquella noche. Un cuerpo que se trastabillaba con el aire que lo tocaba, tratando de encontrar su sitio entre la mujer biológica que había sido hasta ese hecho deslumbrante y la hembra en celo que caminó sonámbula desde entonces. El amor se le había metido hasta la cocina.&lt;br /&gt;En las clases de la facultad era incapaz de tomar apuntes al derecho. Llenaba hojas de Dios sabe qué, mientras observaba a través de las enormes ventanas clausuradas el cabeceo dormido de los chopos desnudos. En el laboratorio de análisis químico, el que fue su compañero de prácticas desde primero le daba codazos en las costillas para sacarla del estado de sopor en el que decantaba mezclas sulfúricas que no eran las indicadas en los cuadernillos. No volvió a respirar con normalidad hasta que tras una hora frente al teléfono, logró juntar las palabras necesarias para decirle al causante de aquella revolución que se quería dedicar en cuerpo y alma el resto de su vida a repetir lo que habían hecho en el coche el sábado anterior.&lt;br /&gt;Lo que empezó bien continuó mejor y llegó a la conclusión con la suficiente precocidad de que no había patria más sólida que las manos de un hombre entregado, así que aquel cuerpo de ingeniero industrial en ciernes se convirtió oficialmente en su casa.&lt;br /&gt;Por otro lado nadie a su alrededor podía imaginar que ella —una chica callada y abandonada a su mundo interior— estuviera invirtiendo semejante cantidad de tiempo en rememorar las caricias bajo la ropa en las que se demoraban horas enteras y sofocadas en las esquinas de cualquier bar. Entraba y salía del apartamento de sus padres, comía, dormía, estudiaba, se tropezaba en el pasillo con sus hermanos, pero todos ignoraban que hacía días que ella se había mudado de casa. El Talbot fue providencial. Era el único lugar donde parecía transcurrir realmente la vida. Allí se desahogaban como si por el solo hecho de estar dentro abrazados, el coche se volviera invisible, y al bajarse, todo lo besado, lo humedecido, lo entregado, se borrase sin dejar huella más que en sus atribulados corazones. Sus amigas de la facultad hablaban del sexo como una etapa remota del futuro, allá donde una se plantearía la vida en serio con el novio de ahora tras una relación macerada por los años. Entendió entonces que si les hubiera explicado con la profusión de detalles que se le ocurría lo que se estaban perdiendo la hubieran crucificado de envidia. Así que decidió seguir con su silencio que amparaba la situación con una clandestinidad contra el sexto mandamiento que al principio los asustó a los dos, pero que finalmente acabó por excitarlos.&lt;br /&gt;Los años de la universidad volaron y la vida pareció enredarse como un cabo sin adujar sobre la cubierta de un barco. Casi sin darse cuenta cada uno caminaba en una cinta diferente peleando su propio destino, construyéndose a sí mismo en el ecuador de la juventud. Y al mirar alrededor ella comprobó que se había quedado sola. No había rastro de sus amigos el la anacrónica biblioteca, ni de los viernes de fútbol femenino en el Paraninfo comiendo macarrones guisados en cuencos de aluminio. Ningún indicio de aquellos amores en el coche sofocados por las sombras de los plátanos en los vericuetos de los jardines de la Ciudad Universitaria.&lt;br /&gt;La segunda primera vez se presentó tan definitiva como la primera primera vez. Ahora estaba la expectación: ¿Cómo sería para una desterrada llamar a la puerta de otra casa? ¿Sería un cuerpo acogedor o apenas una sala de estar fría donde esperan las visitas? Y lo otro era la seguridad. La probable certeza de saber dónde colocar exactamente las manos para obrar esa magia que para ella ya tenía un nombre propio. Lo que otros hubieran llamado la experiencia. Y luego las ganas avivadas por el período de abstinencia, las dudas otra vez, de nuevo la pionera entre sus amigas.&lt;br /&gt;Nunca recordó el día, pero sí la cama. La cama era otra cosa. Más amplia, más cómoda que el habitáculo trasero de un coche. Con sábanas blancas para cobijarse después del amor e incluso abandonarse al sueño pausado que nunca antes le estuvo permitido. Había que estar a la altura sin embargo: organizarse con más madurez para que los pasos previos no parecieran una cascada de tropiezos urgentes hasta el momento de los cuerpos desnudos. Había que hacer toda aquella interpretación: encender las luces, no demasiadas…hablar un poco, te sirvo algo de beber, cogerse la mano, acariciarse la cara. Pero tampoco demorar el asunto demasiado, porque eso hubiera sido como un iceberg chocando de frente contra lo preparado, lo hablado o tal vez asumido sabiendo ya con la experiencia con la que los dos llegaban de otras casas.&lt;br /&gt;No hubo dificultad para los besos al pie de la cama. El calor de los abrazos pidió dar el siguiente paso lógico, pero ella no supo cómo. Él le levantó la blusa por encima de los senos y caminó con los dedos por su espalda hasta el broche del sujetador. Ella pensó entonces que todo estaba resuelto: bastaba con quedarse quieta. Pero hubo un cambio de rumbo y él se apresuró a desvestirse. Mientras se quitaba los pantalones, a la pata coja y con el torso desnudo, la miró sonriendo. A un gesto suyo entendió. Ella debía hacer lo mismo. Pero ¿Y la ropa? Tirarla al suelo, colocarla en la silla acolchada que vio al lado de la cama, dejarla caer con algún cuidado. Después vino la exploración de los cuerpos. Todavía de pie, el cuello de él le quedaba a la altura de la nariz por lo que para buscarle la oreja con sus dientes tuvo que ponerse de puntillas. Y esa fue la primera sorpresa. Era una oreja prominente y alargada. No le cabía en la boca. Demasiado grande. O tal vez —meditó después— la otra era muy pequeña. El preludio de la oreja al que estaba acostumbrada se esfumó cuando suavemente él se retiró de sus mordiscos y contraatacó con besos mojados en su cuello y sus hombros. Ella sintió que eran animales guiados por las costumbres porque también él parecía besar de memoria, navegarla con las manos siguiendo la carta de otro cuerpo. Ella no dio con los antebrazos velludos que le hacían cosquillas en el vientre, ni pudo encontrar las nalgas que le llenaban de júbilo el cuenco de las manos. Le sorprendió el color rosado de un miembro demasiado espigado, que le procuró de todos modos nuevos sosiegos en el transcurso de la noche.&lt;br /&gt;Algunos años más tarde se encontraba mirando el escaparate de una librería especializada en rutas de montaña de la calle Pradillo, cuando en el reflejo del cristal lo reconoció al instante. Era el ingeniero industrial que su padre acabó por decirle “el novio de mi hija” a pesar de las apuestas en contra que solían hacer sus hermanos. Sintió en el estómago los nervios repentinos. En ese momento cayó en la cuenta de que estaba en el barrio de la Prosperidad, donde él había vivido siempre con su familia, en un séptimo piso estrecho agobiado por las moquetas y el papel pintado. En el salón había un pequeño balcón que daba a la calle Marcenado, la cual gozaba de una tranquilidad pasmosa los domingos a la hora de la siesta. Cuando él adquirió el hábito de fumar acostumbraba a salir allí bajo indicación paterna porque su padre, de mente matemática, no soportaba que su hijo estuviera sucumbiendo a una costumbre tan poco racional. Ella lo solía acompañar como una excusa torpe para comerse a besos mientras sus padres veían la televisión en el sofá del salón.&lt;br /&gt;Aquel encuentro puramente casual los arrastró a una espiral de recuerdos. Vagaron toda la tarde por el parque de Berlín hablando sin parar hasta la hora en que calcularon que estaría abierta La Ópera Flotante: un garito de barrio en el que él solía encontrarse con sus amigos de la escuela en aquél entonces. Tomaron cerveza e hicieron el intento de ponerse al día. El le dijo que ya no vivía en Madrid, pero que sus padres se habían quedado en el piso de siempre a unas calles de allí. Cuando la niebla de los cigarrillos hubo tapado lo suficiente el local, se dieron cuenta de que hacía rato que no prestaban atención a lo que se contaban. Le dijo que esa noche estaba solo en casa y no pasaron del salón. La desvistió con toda la ternura que recordaba y se amaron como si no hubiera pasado el tiempo. En el transcurso de las caricias ella comprobó que todo estaba en su lugar en aquella casa que había sido suya por primera vez. Las primeras luces que se colaron por el balcón le hicieron despertarse, pero él seguía dormido abrazado a ella entre sueños hablados. Estaban desnudos. La ropa esparcida por la alfombra en un reguero hacia el pasillo. Ella comprendió que si se despertaba trataría de cobijarla con sus manos, la vestiría, y tendrían el papelón de decirse un adiós con toda la pinta de definitivo.&lt;br /&gt;Se deshizo como pudo del abrazo y recogió la ropa del suelo. Cuando se hubo vestido buscó en su bolso un pedazo de papel donde poder escribir. Sobre la mesa ratona del salón quedo la nota que él leería justo cuando ella se adentraba en la boca de metro frente al mercado de la Prospe. “Ha sido como volver a casa”.&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-family:&amp;quot;;font-size:11;"  &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-family:&amp;quot;;font-size:11;"  &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-905163368732989865?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/905163368732989865/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=905163368732989865&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/905163368732989865'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/905163368732989865'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/04/volver-casa.html' title='Volver a casa'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3142919956570127215</id><published>2009-04-14T23:40:00.005+02:00</published><updated>2010-12-06T22:44:29.411+01:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Donde pongo la vida pongo el fuego&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Volemos con Pedro Guerra, quien mantiene vivos con su voz los versos de un gran poeta: Ángel González. Y aunque él ya no está, su palabra —como ellos dijeron— queda en el aire.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Donde pongo la vida pongo el fuego&lt;br /&gt;de mi pasión volcada y sin salida.&lt;br /&gt;Donde tengo el amor, toco la herida.&lt;br /&gt;Donde dejo la fe, me pongo en juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego&lt;br /&gt;vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.&lt;br /&gt;Perdida la de ayer, la de hoy perdida,&lt;br /&gt;no me doy por vencido, y sigo, y juego&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;lo que me queda: un resto de esperanza.&lt;br /&gt;Al siempre va. Mantengo mi postura.&lt;br /&gt;Si sale nunca, la esperanza es muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si sale amor, la primavera avanza.&lt;br /&gt;Pero nunca o amor, mi fe segura:&lt;br /&gt;jamás o llanto, pero mi fe fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ángel González&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=184b362" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3142919956570127215?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3142919956570127215/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3142919956570127215&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3142919956570127215'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3142919956570127215'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/04/vuelos-de-mariposa_14.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3644886614651667452</id><published>2009-04-02T23:52:00.011+02:00</published><updated>2009-04-17T21:20:52.968+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>El juego</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le dicen avistaje de ballenas. Será porque uno llega desde el otro lado del mundo a visitarlas. Primero en avión, cruzando el océano, y más tarde en bus. O en un autito de alquiler con el que se ha de ingresar en esa península que es como una vesícula que se adentra en el Atlántico sur. Ya en los dominios patagónicos se transita por caminos de ripio polvorientos con aspecto de conducirte al fin del mundo. La luz se mezcla con la tierra —que es lo único que hay en el horizonte— convirtiéndola en una compañera cálida al despuntar el día y dulce de leche al caer la tarde. Pero yo creo que en realidad son ellas, las ballenas francas del sur, las que se acercan a verlo a uno. Curiosas, moles de piel fría y corazón caliente, desprovistas de la aleta dorsal que lucen sus primas del hemisferio norte, se deslizan como sirenas en el agua, y desaparecen bajo el casco de los catamaranes repletos de turistas que contienen la respiración hasta que las ven salir por la otra banda. A veces le hacen un guiño a la casualidad y sacan repentinamente sus colas con forma de corazón a unos metros escasos de la cubierta. Entonces arrancan un suspiro contenido del público, justo cuando desde sus vértices erguidos cae agua salada a la manera de una fuente. A veces la muchedumbre rompe en un aplauso. Para ellas tiene que ser como un juego. Lo pienso mientras miro de refilón a Edgardo moviendo los brazos a la italiana —un guía de ojos negros y apasionados que me pescó al vuelo para subirme en el barco— explicándoles a algunos ingleses que no, que no estaba preparado. En plena época de cría navegan en las aguas transparentes —cuando el día no se tuerce y se amontonan sin avisar nubarrones en el techo del cielo— con sus ballenatos sobre el dorso cerca del Golfo de San José. Se aproximan a los barcos de avistaje, e incluso a los pequeños gomones hasta dejarse acariciar por algún intrépido. Asoman la trompa, se balancean, muestran su ojo en la superficie como si fuera la mirada del mismísimo océano. Es fácil imaginarse lo que les dirán a sus pequeños: “miren, chicos, esa es la architemida especie terrestre: el hombre". Y entonces vuelvo a echar un vistazo al pelotón de visitantes embutidos en sus chalecos de color butano arremolinarse en la barra de la confitería para pedir café. Porque aunque es verano, es austral, y con el día ya avanzado se agradece algo caliente. Me aventuro a pensar que deben de verse divertidos desde allí abajo, como manchas anaranjadas de movimientos incomprensibles para ellas. Y me embauca otra vez el vuelo de las francas. Tras la popa se entusiasman con piruetas al ralentí. Se colocan cabeza abajo para volver a exhibir la cola, que ahora es una vela. Eficaz cazadora de viento.&lt;br /&gt;Desde la segunda cubierta, apoyada en los guardamancebos, estiro la vista donde se pierde el mar. Y juego a lo de siempre: ¿Qué habrá más allá de lo azul; donde se diluye el horizonte?&lt;br /&gt;—Derecho, sin perder el rumbo, llegaríamos a la Isla de Diego Álvares.&lt;br /&gt;Edgardo me sorprende desvelando el misterio. Se queda un rato a mi lado. Parece que el grupo de ingleses le ha dado un respiro. Lo veo que me sonríe y desvío la mirada hacia las ballenas. Sus ojos me gustan.&lt;br /&gt;—¿Y por qué francas? —Me intereso.&lt;br /&gt;—Francas para avistar, francas para cazar…—deja de sonreír— las “right wales”. Son medio lentas las guachas. Parece que no tienen prisa. Prefieren jugar a hacer la vertical para mostrar su linda cola, que salir corriendo. Los balleneros lo saben muy bien.&lt;br /&gt;Luego Edgardo se inclina un poco sobre el pasamanos y me dice al oído:&lt;br /&gt;—¿Y vos? ¿No querés jugar conmigo?&lt;br /&gt;Yo, sólo trato de buscar una palabra acorde con su diccionario.&lt;br /&gt;—Dale.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3644886614651667452?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3644886614651667452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3644886614651667452&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3644886614651667452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3644886614651667452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/04/el-juego.html' title='El juego'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4543194062395582029</id><published>2009-04-02T23:49:00.001+02:00</published><updated>2009-04-03T16:22:59.229+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Receta para dos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;A la abuela Emilia quien a pesar de no&lt;br /&gt;estar con nosotros, para mí sigue viva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahí estaba. Con su delantal blanco con bordes azul claro, su cabellera larga y blanca como el algodón y tan recta como una viga de acero. Estaba parada junto a la mesa de la cocina con sus manos delicadas y sus dedos largos y hermosos sosteniendo la cebolla cabezona que iría a triturar con un cuchillo que tenía que ser tan pequeño como para no asustar a los que entraran en su reino. Con la mano derecha agarraba la cebolla y con la izquierda el cuchillo y empezaba el concierto de primero se parte por la mitad y cada mitad se corta por separado y la primera mitad se debería presionar con los dedos índice y pulgar y se corta primero a lo largo y luego a lo ancho y así formando líneas delgadas para que la cebolla quedara cortada lo más fino que se pudiera y después el mismo ritual con la segunda mitad. A la abuela nunca se le veían lágrimas en este oficio de matar cebollas cabezonas. Y en la cocina nunca podía faltar una trenza hecha con ajos y colgada junto a la ventana, si Rafa, ajos, pero la abuela tenía el secreto y sabía que el insoportable olor a ajo se podía ahuyentar a punta de cebolla. Y tampoco podía faltar la vasija de barro cocido en una esquina de la cocina sobre una armadura metálica donde la abuela tenía todo el tiempo agua pura para beber, agua hervida para ser más precisos, porque a la abuela le preocupaba que sus nietos fueran a llenarse de lombrices por culpa de un agua mal hervida. En la cocina solía existir un orden de la Madona: todo tenía su puesto, desde las cazuelas y las ollas hasta los cucharones y tenedores grandes tan parecidos a los rastrillos del abuelo. Su fogón de leña era tan limpio que su brillo podía encandilar. Y la siguiente nota estaba por escribirse, el tomate primero había que despellejarlo, pasado por agua caliente, así le saldría con facilidad el cuero. Con el cuchillo se hacía una pequeña ranura para sacarle todas esas pepitas y así se evitaría que uno las trague, pues terminarían creciendo matas de tomate en el estómago y el día menos pensado le saldrían a uno hojas por las orejas, decía la abuela que lo había leído en algún libro científico. Luego había que rebanarlo tan fino como a la cebolla, porque irían a parar al mismo tiesto y para que no se fueran a resentir, que por qué yo estoy cortado más grande que la cebolla o yo más grande que el tomate y empezaría la pelea entre el tomate y la cebolla y terminarían por dañarle el gusto a ese plato exquisito que la abuela preparaba. Y después la sartén por el mango y a la fogata, un poquito de aceite y a freír la cebolla se dijo. Y venía lo más engorroso de la labor culinaria y la abuela con una paciencia de tortuga y con una cuchara de palo revolvía y revolvía para que no se quemara la bendita cebolla. Llegar al punto era de lo más complicado del asunto y por más que la abuela me lo explicaba y explicaba nunca lo aprendería. Ahora le tocaría el turno al tomate que en una pila ordenada sobre la tabla de cortar esperaba rojo de la ira porque la cebolla le había quitado el turno. La abuela lo tranquilizaba llevándolo con el mejor de sus cariños y lo depositaba sobre la cebolla en su punto. Y sin darme cuenta cuándo, la abuela ya tenía preparado en una vasija plástica, los huevos batidos con sal al gusto y los vertía sobre la cebolla y el tomate que ya habían alcanzado una amistad ineludible. Al calor de la fogata iba mezclando estos ingredientes que se irían a convertir en un manjar del Olimpo. Y no debía quedar ni muy húmedo ni muy seco y ya estaría listo para servir. La abuela me llamaba y yo me sentaba a la mesa en la cocina y con el tenedor iba apartando lo pedazos de tomate que encontraba y que tanto me disgustaban en la comida y vaya uno a saber si una pepita de esas no se le había pasado a la abuela a pesar de sus ojos de águila.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4543194062395582029?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4543194062395582029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4543194062395582029&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4543194062395582029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4543194062395582029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/04/receta-para-dos.html' title='Receta para dos'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-872711658305327857</id><published>2009-03-28T23:35:00.011+01:00</published><updated>2009-03-29T10:20:13.449+02:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Carmen Jiménez Díaz&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255); text-align: left; margin-left: 0px; margin-right: 0px;" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como lo dijera la misma autora en alguna ocasión, cuando empezábamos a conocerla: "me gustan todas las artes en general y la literatura en particular. Es el canal por excelencia para expresarme". Y pensamos que a Carmen le encanta jugar con las palabras y por ello a través de su blog, &lt;a href="http://miradasintimas.blogspot.com/"&gt;Miradas íntimas&lt;/a&gt;, mantiene viva su forma de expresión. También en su blog hay espacio para la poesía y nosotros sabemos cuál es su autor preferido...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Está también a nuestro lado en libro editado por la Escuela de Escritores de Madrid, Arena en los zapatos con “San Petersburgo”.&lt;br /&gt;Gracias Carmen por aportarnos tu lluvia de palabras.&lt;/div&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Gotas de rocío&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sc6qeglXgiI/AAAAAAAAAF8/xD1V56H6CHA/s1600-h/rocio.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 188px; height: 144px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sc6qeglXgiI/AAAAAAAAAF8/xD1V56H6CHA/s320/rocio.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318375651090596386" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Ha amanecido. Después de muchas lunas, el sol asoma en un horizonte lejano y teñido todavía de una bruma espesa y gris. Todavía hace frío. Es un frío parecido al del rocío. Unas gotas llenas de una noche tan eterna como la juventud. Unas gotas que auguran el fin y el comienzo, derritiéndose poco a poco. Un aire caliente desciende hasta mi guarida y acaricia mi piel con su brisa. El agua escarchada cede a su soplido y cada poro de mi piel se entrega a él rendida. Agradecida. Mi cuerpo se estremece en la tibieza de un amanecer ya olvidado. La oscuridad se resiste y el frío se clava como un puñal de acero. Y de repente, amanece. El negro se torna en una luz lechosa, temerosa, imprecisa. Los colores son tenues, casi imperceptibles a mi retina eclipsada. La noche y el día se echan un pulso sobre mi cuerpo aún dormido. Y la luz atraviesa por fin la manzana retenida en mi boca y el aire entra en mis pulmones y me despierta de un sueño lleno de sombras que no atinan ya a esconderse y se remueven inquietas y lloran lágrimas de rocío hasta que despiertan. Por fin ha amanecido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-872711658305327857?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/872711658305327857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=872711658305327857&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/872711658305327857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/872711658305327857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/03/de-otras-plumas_28.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/Sc6qeglXgiI/AAAAAAAAAF8/xD1V56H6CHA/s72-c/rocio.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2812620959432213148</id><published>2009-03-21T01:38:00.000+01:00</published><updated>2009-03-21T01:39:35.519+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Qué más da</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El hombre estaba sentado sobre una piedra al lado de un muro. Se le acercó un tipo fornido y con un sombrero de paja, traía un machete y una pistola colgados a la cintura y la mano izquierda apoyada en su cacha. Desenfundó la pistola y le apuntó a la cabeza.&lt;br /&gt;    —Llevo tiempo esperando este momento para meterle un tiro en los sesos. No le gusta el sistema ¿verdad? Está usted en contra de la educación que se imparte ¿no es cierto? Amenaza con llamar a la gente a la huelga ¿no es así? estamos hartos de que ande por ahí quejándose de todo y metiéndole sus ideas a la gente.&lt;br /&gt;    —En cambio yo estoy harto de que me maten con todas las formas y métodos atroces que ustedes utilizan. Estoy harto de ese odio estremecedor, de la intolerancia e incultura. Estoy harto de la única forma que tienen de imponer sus razones. Me voy a buscar otra muerte, sin rabia, una muerte sin odio, una muerte más digna.&lt;br /&gt;Y diciendo esto, el hombre se levantó y atravesó el muro sin decir una palabra más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2812620959432213148?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2812620959432213148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2812620959432213148&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2812620959432213148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2812620959432213148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/03/que-mas-da.html' title='Qué más da'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4985823642182383237</id><published>2009-03-21T01:19:00.013+01:00</published><updated>2009-03-23T13:45:41.104+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Cerrado por derribo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/ScQ0JCZFM7I/AAAAAAAAAFs/F554X0y3eO4/s1600-h/coraz%C3%B3n+roto.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 215px; height: 172px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/ScQ0JCZFM7I/AAAAAAAAAFs/F554X0y3eO4/s320/coraz%C3%B3n+roto.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5315430790069564338" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;“Este ciego corazón no distingue entre el paraíso y el desierto…”&lt;br /&gt;Darío Jaramillo Agudelo&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Magdalena venía caminando por la acera como si fuera otra persona. El sol empezaba a caer y la playa —medio vacía de sombrillas y bañistas— se abría al borde del paseo marítimo. Iba con paso lento, la luz de media tarde le caía sobre los hombros y tenía la certeza de no ser la misma de siempre; como si se hubiera afeitado la cabeza, o volviera a la playa un verano con veinte kilos menos después de toda la vida gorda. Estaba recién duchada. Se había dejado el pelo suelto y sentía la humedad en los tirantes de la camiseta y en la nuca. Mirando a lo lejos, hacia la línea delgada que separaba el mar del cielo, creía encontrar un cierto paralelismo entre la masa de agua salada —que a esas horas se enfriaba batiendo las olas con lentitud— y su propio cuerpo. Soplaba una brisa ligeramente fresca que le aliviaba el calor concentrado bajo la piel.&lt;br /&gt;De vez en cuando se llevaba la mano a la cicatriz arrugada entre sus senos y la  dibujaba con el dedo índice a través de la camiseta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante toda la mañana había estado practicando vela a pleno sol, mano a mano con el terral que soplaba con fuerza desde el monte pelado y seco del Carmolí y que levantaba borreguitos en el índigo mar. Más tarde —ya pasado el medio día y sin comer ni descansar— había amarrado la tabla al carro de varada que le solían prestar los chicos del club de vela; se había montado en su bici y había recorrido los quince kilómetros que separaban la Cala del Pino —donde acostumbraba a nadar de pequeña— de su casa. Quería poner el corazón a prueba. Se lo imaginaba como el motor desnudo de un Ferrari de exposición: cromado y limpio, caliente y crepitando después de su primera subida de vueltas.&lt;br /&gt;El viento no había parado de soplar ni un minuto desde las primeras luces del día. Sin embargo —como ocurría siempre en esa época del año— terminó por aflojar cuando el cielo se volvió naranja y el sol empezó a caer hacia el monte picudo y solitario que se dibujaba al final de la línea de la costa. El ventarrón se había convertido en un hilo de aire acogedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la ventana diminuta del cuarto de aseo, Magdalena miraba el atardecer mientras se duchaba con la mampara entreabierta. Aquél instante era algo que todavía podía disfrutar. Como un viejo recuerdo que nunca acababa de marcharse y que, sobre todo, no dolía.  Se enjabonaba con cautela. Le quedaba la costumbre del hospital de lavarse con esponja, pero al pasársela por encima de los pechos se olvidaba de que los puntos ya no estaban, y no tenía que poner especial cuidado para que no se le enredasen en la esponja. Permanecían las marcas atravesadas torpemente sobre una línea vertical en el esternón, como una cremallera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando acabó de bañarse, se vistió y salió a la calle a pasear sin ninguna idea fija, aunque se aseguró de llevar el móvil. Miró la pantalla y limpiándola con el pulgar, comprobó que tenía batería y lo metió en un pequeño bolso que se cruzó en el pecho. Hacía sólo tres días que le habían dado el alta. Antes de salir de casa se miró en el espejo de cuerpo entero que había al lado de la puerta de la calle y le pareció que estaba bonita, pero se acordó de algo que le impidió sonreír. Apagó las luces, salió y cerró la puerta. La doctora Elorriaga había insistido en dejarle su número y se había preocupado de que ella lo guardase en la agenda del móvil. “Para cualquier problema que surja”. Le había dicho con una caricia maternal en la espalda cuando fue a visitarla por última vez a su habitación, donde había permanecido ingresada antes y después de ser intervenida. La cirujana parecía satisfecha con el resultado. “Puedes hacer tu vida normal” aseguró, “sin excesos ni sobresaltos”.&lt;br /&gt;En la calle el aire olía a jazmín mediterráneo y a bronceador de coco. Magdalena pensó en caminar hasta el Club Náutico y sentarse en la terraza del Speedy frente a los pantalanes, pedir un ron y escuchar el canto de los palos desnudos de los veleros. Sabía que corría el riesgo de encontrarse con sus amigos y estropear el mutismo con el que había llegado aquél verano. Todavía no tenía ganas de verlos. Supuso que seguirían frecuentando el bar, y que incluso él podría acudir allí, porque era jueves: siempre había preferido los jueves porque era más improbable que se hubieran encontrado con personas que le conocían. La idea la incomodó de repente. Se le aceleró algo en el pecho y sintió el eco de la palpitación en las sienes, pero siguió adelante.&lt;br /&gt;El mar acompañaba sus pasos; a su lado lo podía seguir con la vista. Estaba sosegado, empujando en silencio las olas rosadas desde apenas unos metros hasta la orilla. De vez en cuando, se pronunciaba con una ola fugitiva más grande que las otras, una ola perdida que aterrizaba en la arena levantando espuma. Entonces el mar parecía rugir en un suspiro, como si se tratase de un animal de corazón profundo.&lt;br /&gt;Por un momento Magdalena se encontró pensando que aquella era una noche perfecta para tener sexo con un desconocido. Se le erizó la piel de la nuca cuando imaginó hacerlo sin más con un guiri de los que encontraría a montones en la zona del Náutico: alto, rubio, con la cara angulosa y con olor y sabor a nada. Era una idea tan absurda que sonrió sin querer, a sabiendas de su dificultad para acostarse con alguien sin un empujón del corazón. Pero ahora el corazón era otro. Una víscera recién estrenada: sin histórico, sin manías ni costumbres torpes. Le pareció que lo podía tomar como parte del entrenamiento y notó una urgencia cálida en su sexo al pensar en los detalles. Le gustó la reacción de su cuerpo, sin mojigaterías, despojado en la madurez de cualquier prejuicio juvenil. “Tu vida normal”, recordó en las palabras de la doctora. Apretó el móvil a través de la tela del bolso y volvió a pensar en él. Aunque le jodiese, lo extrañaba. Echaba de menos tener ganas de él, pasarse el día entero excitada preludiando lo que vendría por la noche. Esa inquietud bastante parecida a la felicidad. Pero esta vez no sintió nada. El pulso estaba en su sitio. Aflojó la presión en el teléfono y se quedó tranquila por no tener que molestar a la cirujana tan pronto. Tal vez lo del corazón había funcionado. Recordaba a la doctora Elorriaga en la puerta del hospital hablando por la televisión, orgullosa de haber dirigido el primer trasplante de corazón del país.&lt;br /&gt;La tarde culminaba. Con el sol ya oculto en el monte que se erguía frente a ella, se le vino a la cabeza todo lo sucedido en los últimos seis meses. Parecía la proyección de un cortometraje de su vida. A principios de año notó los ahogos. Un mes después estaba lo suficientemente preocupada como para consultar con un médico. Pensó que sería un síntoma añadido a la cadena de desalientos que le había provocado una relación turbia con un hombre casado. Se habían amado durante más de tres años con franqueza y desesperación, pero finalmente él había decidido dejar de darle esperanzas y le había planteado que siguieran viéndose como hasta entonces. Furtivamente. Le había confesado que no podría vivir sin ella, pero había admitido que lo mejor que tenían eran sus encuentros a espaldas de la gente, incluida su esposa y sus hijos, más allá de cualquier futuro incierto. Magdalena no acudió—como las otras veces— a la cita de fin de año en la vieja casa al borde del acantilado donde se solían encontrar, y que habían ido rehabilitando ellos solos con más cariño que acierto, para lograr que tuviera un aspecto parecido a un lugar para vivir. Ese día no se despertó pensando en la noche. A media tarde, cuando el país entero preparaba las uvas de la suerte, ella permaneció tumbada en la cama con el móvil en la mano, dormitando, con la esperanza vaga de recibir una llamada en el último instante.&lt;br /&gt;El año había comenzado mal. Remitieron su caso a un cardiólogo, quien, después de interminables pruebas, le explicó que tenía malformaciones congénitas en las válvulas del corazón.&lt;br /&gt;—Siento hablarle con tanta franqueza—concluyó el especialista bajando la mirada—no me lo explico con su edad, pero tiene usted el corazón destrozado.&lt;br /&gt;Magdalena se había hundido en la silla de la consulta—frente a las pantallas de luz blanca y grave procedente de las radiografías de su tórax—incapaz de procesar la idea de que necesitaba algo así como una reconstrucción de corazón. El médico había introducido con toda tranquilidad una alternativa que la desconcertaba todavía más. Un transplante. Por lo visto no había nada que salvar en un órgano que parecía haber vivido cien años. Pensó en lo irónico del asunto. Es su vida había jugado muchas veces a imaginarse un cartelito junto a su corazón que dijese: “cerrado por derribo”, a modo de advertencia para evitar futuros amores contrariados. Incluso a él le repitió esas palabras, pero su amor ya caminaba solo y ella misma sabía que era demasiado tarde para advertencias. Sin embargo nunca pensó que aquello pudiese tomar cariz de premonición.&lt;br /&gt;El invierno había dejado paso a una primavera de paso lento y angustiante para Magdalena. Al comienzo del verano le confirmaron que la operación se llevaría a cabo. Un domingo que estaba sentada en la cama leyendo los papeles del consentimiento informado para la operación, sintió que el verano había llegado. Por la ventana vio que la tarde comenzaba a caer. Los altos chopos cabeceaban a lo lejos, cerca de un río que nunca—ni siquiera en la época de más lluvias— daba señales de vida, por la falta de caudal. Los árboles estaban desnudos, ramosos y cimbreaban con la brisa. Los escuchaba silbar a la manera de las jarcias de los barcos en un puerto. A pesar de estar tierra adentro le pareció sentir la presencia del mar.&lt;br /&gt;Tenía miedo. Un miedo frío que la dejaba situada en una soledad con la que siempre contó, pero que nunca le había parecido una amenaza. Trató de concentrarse en la lectura que le advertía de los riesgos de la operación. Había porcentajes que prefirió no analizar y cerró los ojos. Inspiró con fuerza tratando de evocar el olor salado de un amanecer en la playa. Casi podía oír el aleteo de las gaviotas; la caricia del agua en la arena, las manos cálidas que la despertaban cerca del acantilado. Él llegaba con el recuerdo del mar invariablemente. Abrió los ojos y miró el móvil en la mesita de noche.  Le hubiera querido decir que alguien se tenía que ocupar de volver a darle pintura al exterior de la casa. Que hacía poco, quién sabe por qué, se había acercado con la bici y se había quedado mirándola junto a la cerca del jardín. Que el color espejo— así le habían  bautizado porque en los días claros era fiel al mar—de las paredes se había caído  dejando huecos blancos con dibujos caprichosos y ligeramente tristes.&lt;br /&gt;Recordó la primera vez que se habían amado, a hora de la siesta en el recodo de una cala, empujados por una urgencia casi adolescente. La ensenada estaba oculta entre dos salientes afilados de la costa; la habían encontrado paseando, en su afán por esconderse del mundo entero. Poco después habían regresado de pura melancolía. Nunca se atrevieron a repetirlo y menos cuando comprobaron—ya desde la serenidad—que no estaba tan escondida como parecía aquel día. Sin embargo, en esa ocasión, absortos en el perfil del acantilado, habían descubierto a lo lejos una casa colgada de la montaña que casi desafiaba la ley de gravedad.  Tardaron meses en dar con el dueño: un viejo marinero jubilado que vivía en una residencia de ancianos anclada en plena meseta. Aceptó vendérsela sin apenas recordar que había sido su dueño durante más de una década, por una cantidad que seguramente estaba muy por debajo de su valor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Magdalena llegó al puerto, ya casi había oscurecido por completo. Quedaban unas manchas alargadas color remolacha en el horizonte, y el viento se había parado definitivamente. Desde los bares llegaba un murmullo animado: una mezcla de música con risas y voces sin dueño. En el ambiente crecía la amalgama de olores veraniegos propios de la noche: colonias recién puestas, pescado frito y aceite estancado de motor de barco. Magdalena recordó que llevaba todo el día sin comer pero sólo le dieron ganas de tomar cerveza. El Speedy quedaba al final del paseo, delante de los puntos de amarre que daban a la pequeña carretera asfaltada entre el mar y la zona de restaurantes y tiendas. Al acercarse a las primeras terrazas con gente, aceleró el paso. Siguió caminando con la mirada puesta en el suelo y avanzó sorteando los norays donde se amontonaban los cabos gruesos de las amarras de los barcos.&lt;br /&gt;Cuando estaba llegando a la caseta de la entrada al puerto, casi de forma imperceptible le pareció escuchar su nombre: “Ma”. Sabía de sobra que esa forma de nombrarla sólo podía tener un dueño.&lt;br /&gt;Desde hacía meses, no había pasado ni una noche hasta el día de la operación en que Magdalena no se hubiera revuelto en la cama sin poder conciliar el sueño, asaltada por aquella voz penetrante que repetía esa versión escueta de su nombre entre susurros una y otra vez. A menudo, cuando dormían juntos, él la nombraba en mitad de la noche y lo sentía buscándole la espalda y agarrándose por detrás a sus pechos. Milagrosamente la persecución de su voz había cesado con el trasplante. Su recuerdo parecía haberse esfumado, lo que le había dejado una ausencia incierta, a medio camino entre la esperanza y la soledad.&lt;br /&gt;La segunda vez le oyó con más claridad: estaba justamente detrás. Casi no podía creerlo, por un momento aflojó el paso, tenía curiosidad ¿sería él realmente? Pero volvió a agachar la cabeza y cruzó la carretera hacia los bares. Pensó que abandonaría pronto esa actitud arriesgada de seguirla en plena calle, llamándola en voz alta; mucha gente le conocía en el Club por ser el dueño de un Oceanis 42 que había ganado cuatro veces consecutivas el Trofeo Federación. Nunca le había resultado fácil pasar desapercibido.&lt;br /&gt;Le separaban unos metros del Speedy y echó una ojeada a la barra de fuera con el afán de encontrar alguna cara conocida para acercarse a saludar, pero a simple vista no vio a nadie.&lt;br /&gt;El local simulaba una cantina mexicana, en el exterior estaba decorado con murales de paisajes estereotipados de desiertos y cardones gigantes. Dentro pasaban música de Juan Perro. Casi a punto de entrar se volvió y lo vio muy cerca de ella levantando la palma de la mano como pidiendo que lo esperase. En esa primera visión le pareció percibir a una mujer detrás de él agarrada a su bolso con una mano y tirando de un niño pequeño para cruzar la calle&lt;br /&gt;No le dio tiempo a abrir la puerta, lo siguiente que escuchó fue “mi amor” seguido del calor de una mano asiéndole por debajo de la axila que le hizo girarse y encontrarse con sus ojos claros, entre sorprendidos y cansados.&lt;br /&gt;Lo encontró cambiado. Tenía la barba a medio crecer y la piel tostada por el sol. La mayoría del tiempo habían vivido su amor en la penumbra del contraluz de la casa. Se encontraban al abrigo de las estrellas y veían los amaneceres desde la cama. Después, él se marchaba hasta el próximo aviso. Llevaba el cabello un poco más largo en la nuca que la última vez que lo vio. Justamente como cuando ella lo disfrutaba hundiéndole los dedos en sus rizos mientras le mordía los labios con la entrega de una primera novia. Ahora, delante de ella, el flequillo le caía sobre la frente dando saltitos a la altura de la nariz por la respiración agitada.&lt;br /&gt;Hasta ese momento Magdalena hubiera pensado que había vencido. Su pulso estaba intacto. El corazón respondía. Bendijo a la doctora Elorriaga por su experimento, y pensó que al día siguiente se despertaría con un hombre en su cama y con ganas de más. Pero justo en ese instante el viento roló. Se levantó una ligera brisa proveniente del oeste. La misma brisa que ellos dos conocían por separado. La misma que había empujado sus velas y los había llevado a navegar en solitario buscando en las olas lo que nunca encontraron en tierra firme hasta que se conocieron. Muchas veces habían hablado de ello: compartir una navegada que les hiciera adentrarse en el mar lo suficiente como para ver la costa desde lejos. Y en la montaña la casa azul, y detrás todo lo demás.&lt;br /&gt;La corriente de aire le trajo su olor. Y en la mínima distancia que los separaba se le vino encima como un ejército de recuerdos.&lt;br /&gt;—¿Dónde has estado? —balbuceó él tirándole un poco del brazo, acercándosela con la mirada quieta en sus labios.&lt;br /&gt;Magdalena advirtió —en un desvío momentáneo de los ojos— que la mujer que había visto sin duda estaba con él y esgrimía algo que parecía una protesta. Pero él no le prestó ninguna atención, y tampoco la soltó a ella. Magdalena le dejó hacer.&lt;br /&gt;—Te he buscado, te lo juro. Te llamé mil veces. —las palabras le salían con tropiezos, como quien improvisa algo.&lt;br /&gt;Por fin ella reaccionó y se soltó bruscamente. “Déjame” alcanzó a decir antes de entrar en el bar y correr a encerrarse en el baño. Permaneció allí bastante rato. Afuera escuchó una voz de mujer mezclada con las de otras personas que se encontraban en el bar y el estribillo de una canción conocida. Sentada en el retrete se tapó la cara con las manos y se concentró en el pulso de sus muñecas, tratando de sosegarlo. Inspiró profundamente por la nariz y sacó el aire por la boca de forma repetida hasta que sintió que la taquicardia cesaba. Se levantó y pegó la oreja a la puerta unos minutos antes de abrirla. Al salir, se dio cuenta de que había estado llorando y vio a lo lejos—sobre los palos de los barcos— una luna creciente.&lt;br /&gt;Se dirigió a la calle. Las mesas de los restaurantes estaban casi vacías, y la música de los pubs había subido de volumen. En el horizonte, donde ya sólo había estrellas, observó el brillo rizado del mar donde el reflejo de la luna dibujaba una estela color de plata. Se acercó al borde del muelle y se sentó sobre un bolardo. Con una mano se tocó el bolso y estuvo tentada de llamar a la cardióloga; decirle que todo había sido en vano. Pero pensó que la historia era demasiado larga para comenzarla a esas horas. Al otro lado de la calle vio un grupo de chicos rubios que caminaban hacia al Speedy y decidió volver a entrar. El viento había vuelto a disiparse dejando una noche quieta y luminosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4985823642182383237?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4985823642182383237/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4985823642182383237&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4985823642182383237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4985823642182383237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/03/cerrado-por-derribo.html' title='Cerrado por derribo'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/ScQ0JCZFM7I/AAAAAAAAAFs/F554X0y3eO4/s72-c/coraz%C3%B3n+roto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4489443330913206014</id><published>2009-03-12T23:12:00.027+01:00</published><updated>2009-03-13T18:21:24.713+01:00</updated><title type='text'>Vuelos de mariposa...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0);font-size:130%;" &gt;Aunque tú no lo sepas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;De la mano del güey nos llovieron estos versos hechos canción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"Aunque tú no lo sepas" es un poema de Luis García Montero e inspirado en él Quique González compuso la canción con el mismo título.  Aquí la interpreta Enrique Urquijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la luz de un sueño,&lt;br /&gt;que no raya en el mundo pero existe,&lt;br /&gt;así he vivido yo&lt;br /&gt;iluminando&lt;br /&gt;esa parte de ti que no conoces,&lt;br /&gt;la vida que has llevado junto a mis pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto&lt;br /&gt;cruzar la puerta sin decir que no,&lt;br /&gt;pedirme un cenicero, curiosear los libros,&lt;br /&gt;responder al deseo de mis labios&lt;br /&gt;con tus labios de whisky,&lt;br /&gt;seguir mis pasos hasta el dormitorio.&lt;br /&gt;También hemos hablado&lt;br /&gt;en la cama, sin prisa, muchas tardes,&lt;br /&gt;esta cama de amor que no conoces,&lt;br /&gt;la misma que se queda&lt;br /&gt;fría cuanto te marchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,&lt;br /&gt;hicimos mil proyectos, paseamos&lt;br /&gt;por todas las ciudades que te gustan,&lt;br /&gt;recordamos canciones, elegimos renuncias,&lt;br /&gt;aprendiendo los dos a convivir&lt;br /&gt;entre la realidad y el pensamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espiada a la sombra de tu horario&lt;br /&gt;o en la noche de un bar por mi sorpresa.&lt;br /&gt;Así he vivido yo,&lt;br /&gt;como la luz del sueño&lt;br /&gt;que no recuerdas cuando te despiertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis García Montero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=7fe1a56" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="105"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4489443330913206014?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4489443330913206014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4489443330913206014&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4489443330913206014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4489443330913206014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/03/aunque-tu-no-lo-sepas_12.html' title='Vuelos de mariposa...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3200563936622042919</id><published>2009-03-08T22:58:00.005+01:00</published><updated>2009-03-13T10:14:23.103+01:00</updated><title type='text'>Sandalio, el baquiano.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No le cabía otro nombre en su cuerpo. Era ese y no podía ser otro: se llamaba Sandalio. Vivía en Samaria, un nombre que parecía coincidir con la tranquilidad engañosa del lugar. En los días fríos la cabecera del pueblo, arriba en la montaña, se cubría con un velo tenue de neblina. Todo parecía tranquilo, casi triste: las calles sin asfaltar se retorcían penetrando en la loma del cerro; la gallera para peleas sabatinas estaba vacía de público; la eterna plaza con paisanos que reposaban su vejez sentados frente a la estatua de algún héroe local. Reinaba un silencio de cementerio; irrumpido tal vez por el aleteo perezoso de un gallinazo que dibujaba su vuelo contra el cielo azul intenso, casi puro. La quietud sólo se rompía cuando de las escuelas del pueblo salían impelidos como ganado, los muchachos con camisa blanca y jeans y las muchachas con sus uniformes azules.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A Sandalio lo picó el tábano de la aventura y quería salir de Samaria en busca de un porvenir mejor. O —en caso de no lograrlo— regresar con un puñado de historias en los bolsillos para desatascar la imaginación de sus vecinos. Había llegado a la conclusión de que allí no hacía nada. Se podría decir también que se dejó contagiar por la fiebre de la emigración que estaban padeciendo los habitantes de Samaria, y más allá en todo el país. Muchos pensaban que todo lo mejor sucedía lejos del pueblo y que todo lo bueno estaba fuera de Samaria. Y que si alguien quería seguir viviendo en vida, había que dar el salto. Aunque la verdad, de Sandalio, precisamente de él, nunca nadie hubiera esperado esa sorprendente reacción.&lt;br /&gt;Era un hombre alto, flaco hasta en la cara y con el pelo grueso y negro. Visto de perfil era casi aplastado. Usaba de forma perenne un sombrero vueltiao y una ruana gris de lana, fuera cual fuera el clima de la montaña. Era conocido por todos y todos lo querían; por aquel tiempo remoto en que demostró ser un hombre emprendedor, laborioso y servicial; aunque a veces el óxido del tiempo parecía hacer mella sobre la memoria colectiva y su propio cuerpo, cuando los Samarienses le castigaban con el olvido.&lt;br /&gt;Sandalio vigilaba con atención el puesto de policía, que quedaba frente a la plaza. Preocupado tal vez —habían dicho en ocasiones algunos vecinos en tono de burla— de que estuviera en condiciones óptimas, para que la fuerza pública pudiese cumplir el papel que tenía asignado. Tendía sus manos de forma imperturbable al puesto de salud, del lado este de la plaza, aunque nadie o casi nadie lo utilizara. Pareciera que allí nadie se enfermara de cosas graves: las gripas las curaban con agua de panela caliente con limón; las grandes heridas las taponaban con café molido o con yerbas que mascaban antes de ponerlas como emplastos en la llagas; las heridas más leves, como rasguños, las bañaban con mertiolate que se conseguía en frascos de onzas en la farmacia de don Zacarías.&lt;br /&gt;Sandalio, sin embargo siempre le dio la espalda a los partidos de fútbol que se celebraban a cualquier hora en la cancha. Estaba en un filo, al lado de la escuela, y los chicos se volvían locos para que no tuviera la malla desbaratada y se escapara el balón montaña abajo. Esa era una de las diversiones de los jóvenes de Samaria. La otra era tirarles piedra a los pájaros.&lt;br /&gt;Se marchó sin despedirse de nadie. Convencido de que ninguno de los habitantes del pueblo entendería su ausencia repentina como una forma de recobrar la vida. Todos, los cercanos a él y los que apenas lo miraban hubieran pensado que permanecería en Samaria de por vida. Era lunes y amanecía. Se acomodó el sombrero. Se cubrió los hombros con los picos de la ruana para cobijarse de la brisa helada y escuchó gruñir las articulaciones de sus codos con un silbido metálico como el de un tren en plena arrancada. Él mismo quedó perplejo al ver que las piernas le respondían, las rodillas le crujieron cuando convencido, saltó de la peana sobre la que había sido estatua más de un lustro, y cayó como un yunque contra el piso.&lt;br /&gt;Entonces comenzó su marcha, camino abajo. Empujado o tal vez arrastrado por un espíritu indolente, quizás nunca olvidado, del hombre inquieto que fue. Tenía todo el mundo por delante.&lt;br /&gt;Desde ese día Samaria se quedó sin la estatua en la plaza dedicada a un hombre insigne como cualquier pueblo que se precie. Tras algunos atisbos de discusión después del fenómeno inexplicable, sus habitantes decidieron conservar —a pesar del absurdo— la placa que a los pies del monumento fantasma rezaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“A Sandalio Orozco del pueblo de Samaria. Por  llevar el nombre de nuestro pueblo a los confines del mundo.”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3200563936622042919?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3200563936622042919/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3200563936622042919&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3200563936622042919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3200563936622042919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/03/sandalio-el-baquiano.html' title='Sandalio, el baquiano.'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4347122251295317736</id><published>2009-03-05T23:40:00.037+01:00</published><updated>2009-03-07T19:21:19.876+01:00</updated><title type='text'>De otras plumas...</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;Ignacio Cisneros Aísa&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;table style="border: 1px outset ; background: rgb(17, 51, 85) none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial; color: rgb(255, 255, 255);" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td colspan="2" style="padding: 50px;"&gt;“Juerguista, manirroto y arrojado…” Así describe Ignacio Cisneros a su bisabuelo, en la síntesis de su libro “Don Pedrito”. También asegura que uno de los principios básicos de su existencia fue “no desperdiciar un solo minuto de esta breve vida”. Pues bueno, será porque la sangre manda, pero creo que ambas cosas también definen de un plumazo a nuestro querido Ignacio. Gran narrador de cuentos taurinos, tiene una prosa fluida y nunca desprovista de ese toque de humor con el que aliña cada cosa que toca, hace, dice o describe. Como una vez le dije en un encuentro Moleskine que marcó el comienzo de una bella amistad, defiende la alegría “como una trinchera”. Después de tanto que ha contado, sigue sosteniendo que no sabe escribir. Aún modesto, deja huella con un libro publicado y otro en proyecto. Además de dos relatos en los libros editados por la Escuela de Escritores de Madrid (“El Panteón” en “El Sueño del Gato”, mayo 2008; “Sidney” en “Arena en los Zapatos”, mayo 2007).&lt;br /&gt;Pasen y disfruten de él. Gracias por el regalito Ignacio.&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 0, 0); font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;La Cornada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tengo miedo, mucho miedo. Estoy cagado de miedo. Este toro me quiere matar. Se lo noto en su mirada. Ahora mismo, mientras me observa con atención, está calculando en qué parte de mi cuerpo me va a clavar esos puñales que tiene por cuernos. Ya en el tercio de capa me he dado cuenta de que es una alimaña, a pesar de ser un ejemplar precioso, cárdeno, de cinco años y más de quinientos kilos; además de propinarme un revolcón tremendo que me ha dejado muy dolorido; atropelló  todo lo que encontró a su paso. No entiendo por qué mi apoderado me ha obligado a brindarlo. Me dan ganas de salir huyendo y abandonar esta afición tan arriesgada, pero no  puedo hacerlo, ¡yo quiero ser torero! Además, voy a tener un hijo. ¡Qué estúpido soy, padre a los veinte años! ¡Venga, no seas cobarde, vamos allá! Tengo que aprovechar esta oportunidad que me han dado. Que sea lo que Dios quiera, pienso mientras le adelanto la muleta con mi mano izquierda. ¡Je, je! Le grito y se me arranca con violencia, pero clavo los pies en el suelo y le aguanto la  primera embestida, descompuesta; dos, tres, cuatro naturales y el de pecho. Se para y me mira sorprendido. Repito la serie otra vez, y una tercera más. Se vuelve a quedar parado y me mira todavía más  sorprendido. Seguro que no se explica cómo es posible que yo siga de pie, con esta tranquilidad que aparento, a pesar de sus acometidas terribles. No, si yo tenía razón: soy un apoderado cojonudo. Manuel no quería brindar el toro al público cuando se lo ordené, porque, según él, era ilidiable. Menos mal que me obedeció aunque fuera de mala gana; enfadado, me miró con cara de rencor y me dijo: “Vale, este toro me va a matar, pero usted es un hijoputa”. Bobadas producidas por el miedo, claro que lo entiendo porque este bicho tiene mucho peligro; pero le ha aguantado —tal como le recomendé— las tarascadas que le ha tirado el cornúpeta en las primeras series, y ahora lo tiene completamente dominado. La verdad es que mi apoderado tenía razón; me la he jugado, pero ahora le voy a cortar las orejas. ¡Je, toro, je! Le adelanto la muleta hasta el morro, se me arranca, ya más suave, y tiro de él, lento, lento, muy lento, y le pego un natural muy largo;  le doy tres más y luego el de pecho. Así, otras cuatro series, a cual mejor. Las astas del toro me rozan la seda de la taleguilla cada vez que su enorme cabeza pasa pegada a mis muslos. Mi traje de luces, blanco, está manchado de rojo intenso por la sangre que el animal deja sobre él al pasar su cuerpo rozando mi cuerpo. El público está enloquecido, casi sin creer lo que está viendo. Los olés se suceden sin parar. Yo ya no siento nada, ya no estoy en la realidad, estoy en un sueño, estoy en el cielo y las ovaciones del público, en pie, me suenan como un aleluya interpretado por un coro de ángeles. ¡Es la gloria! Bien, este chico puede ser un gran torero, tiene mucha clase y si se deja aconsejar por mí le voy a hacer famoso y millonario. Antes de un año se comprará su primer “Mercedes”. No sé muy bien por qué confié en él desde el principio; tal vez me impresionó su firmeza cuando me aseguraba que quería ser torero; tal vez porque es un muchacho que cae bien enseguida; en fin, qué más da, el caso es que parece que no me he equivocado. Pero, basta ya de dar pases, el toro está totalmente dominado y no tiene más faena. A matar, ahora a matar, le indico con un gesto de mi mano. Mi apoderado quiere que entre a matar; voy a cambiar el estoque simulado por la espada de verdad. Cuando llego al callejón, me dice: “Mira, Manuel, dale unos ayudados por bajo, lo cuadras y te vuelcas encima; tienes las orejas en la mano si aciertas a la primera”. Me voy andando, despacio, hasta el astado; le doy tres ayudados por bajo, lentos, muy lentos, arrastrando la muleta por la arena y se me cuadra. No lo dudo, saco la espada, le apunto al morrilo, le lanzo el pico de la muleta al hocico para provocarle la embestida, se me arranca con fuerza, doy un salto y caigo sobre su lomo y le hundo el estoque en las agujas hasta la empuñadura. Lo he matado, lo he conseguido, pero yo también he caído al suelo. Siento un dolor intenso. El toro me ha clavado el cuerno en el muslo y he notado cómo me rasgaba la carne y ascendía hasta penetrarme en el abdomen. La sangre me sale a borbotones; cada latido de mi corazón se convierte en un surtidor de sangre que brota de mi muslo a presión. La gente grita aterrorizada y mis compañeros vienen y me cogen para llevarme a la enfermería. Mi mozo de espadas ve que el toro me ha partido la femoral y con una cinta me hace un torniquete en el muslo y también mete en el agujero de la herida su puño con un pañuelo con el que presiona fuerte para contener la hemorragia. Llegamos a la enfermería. Ya me esperan los médicos alrededor de la camilla de operaciones. Me cortan la taleguilla con unas tijeras y queda la herida al descubierto. Viene mi peón de confianza y me trae las dos orejas que me ha concedido el presidente. Le sonrío. Me ponen una inyección y enseguida me invade un sopor y me duermo. ¡Vaya herida, puede ser mortal! Vamos a hacerle una transfusión, piensa el cirujano jefe, ha perdido mucha sangre. Mal aspecto tiene la cornada, pero le salvaremos. Vamos allá.&lt;br /&gt;¡Qué mala suerte!, con lo bien que ha toreado y matado al toro Manuel, pero estas cosas ocurren en este oficio. El chico me ha obedecido y ha triunfado. Ahora veremos cómo reacciona cuando se cure. Los toreros no siempre superan síquicamente estas cornadas tan grandes. En fin, ya veremos. Si lo supera y no coge miedo, le haré un triunfador.&lt;br /&gt;Despierto con la visión borrosa;  me duele mucho la pierna y también el vientre. ¿Qué me ha pasado? ¡Ah, ya recuerdo! Me ha herido el toro. Pero estoy vivo, noto que alguien tiene mi mano agarrada: es María que está sentada al lado de mi cama. Gracias, Dios mío, ya despierta, por favor que se salve. Le quiero tanto, y además nuestro hijo necesitará a su padre aunque no sea rico ni famoso; es tan guapo y tan bueno…, le quiero tanto…Ya saldremos adelante. Claro que Manuel tenía tanta ilusión por ser figura del toreo…Yo no quería, pero él se empeñó; llevaba ya tres años entrenándose, acudiendo a capeas en las fiestas de los pueblos hasta que se vistió de luces por primera vez en una novillada sin picadores; quedó bien y le dieron más oportunidades. Un día su apoderado actual lo vio torear y decidió hacerse cargo de su carrera. Hoy ha tomado la alternativa y casi le mata el toro. El médico de la plaza me ha dicho que se ha salvado de milagro, que la operación ha sido muy complicada, que ha perdido mucha sangre, pero que cree que se repondrá sin problemas. Que se salve, y después Dios nos ayudará. Ella está aquí conmigo, y mi hijo dentro de su vientre. Cuando entré herido en la enfermería creí que iba a morir, que no los volvería a ver. La fama y el dinero son muy golosos, pero creo que será mejor que deje esto de los toros; prefiero ser un padre anónimo, pero vivo, que un padre famoso, pero muerto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4347122251295317736?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4347122251295317736/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4347122251295317736&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4347122251295317736'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4347122251295317736'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/03/de-otras-plumas_05.html' title='De otras plumas...'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-8922844512808970301</id><published>2009-02-26T23:09:00.016+01:00</published><updated>2009-03-05T22:57:47.765+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>El beso del kraken</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacT_2bmM-I/AAAAAAAAAEA/4zadI3hZJGE/s1600-h/kraken.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 148px; height: 223px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacT_2bmM-I/AAAAAAAAAEA/4zadI3hZJGE/s320/kraken.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307232673543369698" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Skuld, la mujer blanca, ha sido abandonada en una isla diminuta y abultada. A su alrededor el basto mar  se agita embistiendo contra la superficie crustácea que tapiza el suelo. Las olas crecen y se estrellan contra la ínsula, pero luego siguen del otro lado; como si la atravesaran, como si más abajo no hubiera nada, sino agua. Como si realmente la fuerza del océano fuera capaz de moverla. Un viento callado hiela de pronto el corazón de la princesa. Ella lo sabe. Pero no los que vendrán. Los marinos, los piratas, los hombres de carne y hueso no lo sabrán. Y el pedazo de tierra ansiado tras meses de humedad constante, y su cuerpo joven y sus pies descalzos y tentadores y su cabello dorado como el sol que los guía, serán el reclamo. Llegarán con sus barcos de cascos anchos y planos con las proas enroscadas en los extremos como el cuerpo de un caracol. Con la única vela cuadra llena de viento y atravesada por anchos caminos del color de la sangre que derramaron en batallas pasadas. Y caerán. Se acercarán al archipiélago de islas rocosas mansamente y vislumbrarán aquella, la más grande, esa que ahora Skuld mira de cerca con el corazón agitado bajo sus pechos blancos. Siente que no está sola, que bajo el mar late otra vida, acompasada, cadenciosa, fría. Es el Kraken; y la isla donde ella mora apenas uno de sus tentáculos que flota en la superficie del agua, asomando un pedazo. Está dormido. Duerme y mientras duerma no existirá el caos. Y mientras los dioses le procuren alimento permanecerá en paz. Pero si Odin le declara la guerra a Loki se enzarzarán en la batalla del fin del mundo y mandarán despertar al Kraken, en su único despertar. Y con él todos los seres sin alma caerán al fondo del océano.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero la mujer blanca es joven y curiosa. Otros hombres le dijeron que el leviatán es macho y tiene sexo, como cualquier animal marino. Que lo alberga en el interior de su boca negra, localizada en el centro meridiano de su cabeza. Que tiene forma de lengua humana y es larga y fría como la piel de un muerto. Ella teme pero quiere intentarlo. Está aburrida del mandato de los dioses. Desea tocar ese apéndice viril por encima de todos sus otros caprichos. Se sabe hermosa y posee algo que todo hombre anhela y por eso Odin la dejó allí, descalza, para que los navegantes erráticos se sintieran atraídos por el olor de una hembra intacta. Jamás poseída.&lt;br /&gt;Skuld los ha visto desembarcar, mientras sus ansias se avivaban, con la esperanza de que alguno lo lograse: llegar a sus pies y tenerla; deshacerse así del hechizo que la mantiene mitad hembra mitad diosa. Por fin ser enteramente de uno de los dos mundos. Venidos de cualquier lugar del mundo: mestizos, con el cabello rojo, blancos, con los labios y  la piel bajo los ojos manchados de gris, el torso hirsuto o las piernas chuecas: siempre desembarcaban. Empujados tal vez por un viento favorable urdido por Thor—cómplice y dios del viento— Olfateando quizás, incluso a sotavento, el poderoso tesoro virgen albergado en esas islas imaginarias.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Sin embargo el sol empieza a caer. Hoy ya es tarde para la llegada de ningún barco. Skuld sabe que es su oportunidad. El calamar gigante va a desperezarse. Es el momento de buscar su punto débil: la boca. El centro de sus deseos. De pronto, la tierra bajo el mar parece temblar, y todas las islas, numerosas rodillas, se agitan sobre la espuma salina. Y de entre los abultados apéndices emerge la cabeza grotesca y viscosa del Kraken. Skuld camina sobre el agua, pisando y resbalándose con las babas del calamar. Ya cerca de la cabeza vislumbra el ojo como un bulto, vítreo, vivo. Se mantiene de pie con dificultad, se quita el vestido y lo lanza al mar. Siente la brisa helada en su vientre desnudo, en los muslos, en los cabellos que se agitan como las olas. El Kraken se inclina hacia atrás sumergiéndose y dejando a la vista la boca que se encuentra en el extremo posterior, de donde florecen todas las patas pobladas de ventosas, como una raíz profunda. Skuld puede ver el pico, el abismo negro, en cuyo interior cree distinguir otra forma homogénea, alargada, creada para mantenerse dentro del animal, y salir para buscar la cópula. Entonces ella está muy cerca, estira las manos hacia arriba en posición de espera, separa las piernas y deja caer el cuello hacia atrás, abandonándose. Cierra los ojos y escucha el silbido certero de esa lengua que se lanza hacia ella.&lt;br /&gt;Entonces la mujer blanca oye la voz masculina a su espalda:&lt;br /&gt;—Silvia, ¿vamos? Está oscureciendo.&lt;br /&gt;Ella recupera la postura y abre los ojos. Tiene los dedos húmedos y abajo, al juntar las piernas, siente también la humedad conocida.&lt;br /&gt;—Sí. —responde.&lt;br /&gt;—¿Qué? ¿Está fría? Mira que el agua de este mar es otra cosa, no es como la del Mediterráneo.&lt;br /&gt;La chica vuelve a asentir. Pero retira las manos antes de que él se las pueda tomar en un ademán de calentárselas. Le pasa el brazo por la cintura y se alejan caminando por la orilla de la playa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-8922844512808970301?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/8922844512808970301/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=8922844512808970301&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8922844512808970301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/8922844512808970301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/02/el-beso-del-kraken.html' title='El beso del kraken'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacT_2bmM-I/AAAAAAAAAEA/4zadI3hZJGE/s72-c/kraken.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-2402424062645499602</id><published>2009-02-26T22:56:00.012+01:00</published><updated>2009-03-06T20:34:03.044+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>La secretaria ideal</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rosario, casi siempre, llegaba a la oficina más temprano que los demás. Más temprano de lo que establecía su contrato. Sin embargo renegaba porque se quedaba más de lo normal, ya que su jefe tenía la mala costumbre de llegar tarde a la oficina (y podría llegar antes, pero prefería quedarse en su casa haciendo sus ejercicios para bajar de peso en la bicicleta estática o en la caminadora). El trabajo que requería la presencia del jefe se amontonaba y esperaba en su escritorio y la lista de llamadas recibidas era grande. Para cada llamada Rosario había encontrado la misma fórmula para excusar a su jefe: está en una reunión. Al principio Rosario se quejaba un poco con el jefe, pero él estaba hecho de piel de armadillo y siempre le daba la misma respuesta ‹‹ya lo arreglaremos››. Luego Rosario llegaba con el mismo lamento a donde sus compañeros (que casi nunca tenían que quedarse). Con ellos era con quienes más se desahogaba, pero sus quejas sonaban más a reproches. Nadie decía nada, pues en últimas, ella era la secretaria del jefe, y el jefe se había acostumbrado a la forma de ser de Rosario, o más bien Rosario se había ido amoldando a sus manías.&lt;br /&gt;Muchas veces se vio a Rosario llorar de rabia, dar alaridos de histeria o ponerse roja de la ira porque su jefe llegaba casi a la hora en que los demás se iban; como si trabajaran por turnos con él. Claro, menos Rosario. Ah, pero también la vieron poner cara de alegría cuando la elogiaba por su trabajo.&lt;br /&gt;Rosario propuso establecer un sistema de turnos para que no le tocara quedarse siempre a deshoras. La mayoría, cuatro de sus seis compañeros estuvieron de acuerdo a regañadientes (los que no lo estuvieron, aludían que tenían compromisos impostergables). Pero cuando se lo comunicaron al jefe, éste no dijo que no, pero tampoco dijo que sí y la propuesta quedó en un limbo que nadie supo defender, ni siquiera la propia Rosario.&lt;br /&gt;Fue por aquel entonces cuando Rosario empezó a quejarse del dolor en las manos, en los brazos y en el cachete derecho. Al principio aludía estos dolores al chiflón que se colaba por las rendijas de la ventana. Y fue entonces cuando empezó con su retahíla contra el administrador encargado de los arreglos de la oficina. Incluso llegó a decirle al jefe que su enfermedad provenía del hilo de aire que se filtraba por su ventana. Esto dio para un llamado de atención al funcionario que se ocupaba de vigilar los daños en la oficina. La reprimenda lo dejó mal parado y fortaleció la confianza del jefe con Rosario.&lt;br /&gt;No cabía duda que los achaques de Rosario se derivaban de la mala salud que había tenido siempre y su manera sedentaria de vivir; pero era el administrador, un joven resoluto y todero, quien pagaba los platos rotos. Y cuando no había motivos para tomarlas con él, era con los demás compañeros de trabajo con quien Rosario reñía.&lt;br /&gt;Nadie supo en qué momento sus dolores se concentraron en una pierna y le fueron bajando hasta acomodarse en la pantorrilla y terminaron por incrustarse en el tobillo. Y había días que el dolor era tan agudo que incluso cojeaba, o al menos esa era otra manera de expresar su dolor. Todos en la oficina tenían que aguantarse la cantaleta de sus dolencias y de las llegadas tarde de jefe. Cuando se le veía llorar, nadie sabía diferenciar entre el llanto producido por el dolor o por un berrinche cualquiera de Rosario.&lt;br /&gt;El jefe se empeñaba en que Rosario era quien mejor lo entendía, quien mejor realizaba las tareas de secretaria, quien le preparaba el café como a él le gustaba, con la cantidad de leche y azúcar en la medida exacta; en pocas palabras, era la secretaria ideal, como lo dijo en alguna ocasión cuando Rosario estaba de vacaciones y la reemplazaba una de sus compañeras.&lt;br /&gt;Una mañana cuando todos llegaron a la oficina notaron en la cara de Rosario una sonrisa de felicidad. Ellos mismos reconocían que estaban un poco hartos de su quejumbroso estilo de recibirlos cada mañana, unas veces hablaba del dolor, otras del jefe y otras de las dos cosas. A tanto llegó con su tema de padecimientos que se ganó el sobrenombre de María Dolores.  En los últimos días no sólo hablaba del dolor en el tobillo sino que rengueaba para ganarse la compasión de sus compañeros y además hacía mucha bulla con los tacones.&lt;br /&gt;Aquella mañana cuando llegó hasta la oficina dónde estaban los demás, nadie sintió el trastabilleo ni el ruido febril de sus tacones. Todos se miraron sorprendidos cuando la vieron sonriente, al frente, informándoles que ese día el jefe no iría al trabajo porque había amanecido con un dolor muy fuerte en el tobillo y que si alguien necesitaba su firma tendría que ir hasta su casa.&lt;br /&gt;‹‹En cambio yo››, dijo sin amargura y con jactancia ‹‹hoy no tengo ningún dolor en el tobillo&gt;››&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-2402424062645499602?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/2402424062645499602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=2402424062645499602&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2402424062645499602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/2402424062645499602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2009/02/la-secretaria-ideal.html' title='La secretaria ideal'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-598241215868316831</id><published>2008-10-26T18:27:00.018+01:00</published><updated>2009-02-26T23:22:41.536+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>Aplastamiento</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El día antes de cumplir los cuarenta y seis años, en una mañana opaca de noviembre, Rosa de Lima amaneció muerta de tristeza. La que la mató no fue una tristeza corriente; era de tal magnitud, con un volumen tan desproporcionado y una densidad tan aparente, que la encontraron aplastada contra el cabecero de su cama, bajo una marina del Mediterráneo que Gastón—su esposo—le había regalado el día en que llegó para quedarse, con la firme promesa de amarla para siempre.&lt;br /&gt;Días atrás él le había reprochado:&lt;br /&gt;— ¿Se puede saber qué te pasa?&lt;br /&gt;Parecía exasperarle el hecho de que ella, nada más despertarse, corriese a abrir todas las ventanas y puertas de la casa. Entornaba la del jardín, abría las cancelas que dividían los largos pasillos y los armarios quedaban con las portezuelas batiendo, mostrando sus interioridades, como si les hubiese sorprendido una mudanza a destiempo. Vivían en una casa grande. Demasiado quizás para el matrimonio y las dos chicas del servicio. Había por tanto un sin fin de puertas. Puertas simples para entrar y salir de las habitaciones. Puertas de roperos y guardarropas. Mamparas de ducha. Portalones que daban a la bodega. Cierres de baúles y arcones. Compuertas en el garaje y en la verja de la entrada. Trampillas que conducían a la bohardilla. Correderas de vidrio en el salón y en las salas. Rosa emprendía la religiosa tarea de abrir cada una de ellas todos los días desde hacía semanas, antes de desayunar, por lo que el aspecto de la casa con la luz del día, era lo más parecido al interior de un inmenso barco escorado, incapaz de mantener la verticalidad.&lt;br /&gt;Las empleadas invertían más de una hora diaria en la tarea de dejar cerrados todos y cada uno de los espacios que habían resultado aireados, y en recomponer las cosas desbaratadas.&lt;br /&gt;Cuando Gastón iba a la cocina se encontraba los altillos abiertos de par en par, y a menudo los paquetes de arroz o de café volcados en la encimera. Le molestaba especialmente que a su paso por una de las escaleras que conducían al sótano, la puerta estuviera entreabierta. La oscuridad que se adivinaba por el hueco negro le traía recuerdos turbios de la infancia y en esos momentos le costaba mantener la calma e incluso controlar su agresividad hacia ella. La situación tocaba fondo los sábados por la mañana, cuando su esposa modificaba un poco su pauta compulsiva. Después de abrir todo, regresaba a la cama, y se acostaba a su lado con cuidado de no rozarle. Por los ventanales del salón—orientados al norte— se colaba el viento helado como un cuchillo fino que llegaba hasta los pies de la cama. Pero hacía mucho que entre sus formas de calentarse, Rosa de Lima no estaba en sus planes.&lt;br /&gt;Se había casado con Gastón de segundas nupcias, después de más de una década sola, tras un primer matrimonio fracasado, convenido entre familias y siendo ella apenas una mujer. Durante esos años de clausura, el único contacto con el sexo masculino que había tenido eran las visitas de los albañiles rumanos y los operarios que habían trasegado su nueva casa hasta quedar totalmente terminada. El nuevo amor se había cocinado a fuego lento. Contra todo pronóstico, había alcanzado un punto de inflexión bastante parecido a la felicidad, donde ella había comprendido lo que significaba amarse en todo el sentido amplio de la palabra. Gastón había ido desenredando, con paciencia de relojero, cada uno de sus miedos, empezando por la noche en que, al deslizarle por primera vez la mano entre los muslos, se había tropezado con uno de ellos en forma de temblores fríos.&lt;br /&gt;El día de la víspera del cumpleaños de Rosa de Lima, cuando regresaba él de su trabajo, se había encontrado la puerta automática de la parcela abierta. En la entrada de la casa se amontonaban los coches de la empresa de seguridad con las sirenas revoleando luces naranjas en el cielo. Sin duda, nadie se había acordado de desconectar la alarma antes de abrir la puerta.&lt;br /&gt;Aquello le pareció suficiente excusa como para retomar una cita que—por algún motivo que ni él mismo entendía—había suspendido para quedarse esa noche en casa.&lt;br /&gt;Su mujer había tratado de explicarle—una vez tras otra—por qué no podía dejar de hacer aquello.&lt;br /&gt;—Tengo que darle espacio a mi tristeza.&lt;br /&gt;Decía tener una pena que le oprimía el pecho más allá de los síntomas normales de este mundo. Una pena que venía creciendo a un ritmo vivo, acelerado. Una amargura densa y viscosa que se arrastraba por la casa con tal volumen, que cuando ella la encontraba en el pasillo, tenía que hacerse a un lado entrando en un cuarto para dejarla pasar.&lt;br /&gt;Pensaba, y así se lo había explicado a Gastón, que abriendo todo, la gordura de su desdicha se desparramaría por los huecos practicados, y quedaría más aire para respirar. De este modo, sostenía la esperanza de aliviar su ahogo. Tenía además la certeza de que en algún momento el estado pacífico de esa masa se alteraría, y arremetería contra ella, acabando con su vida.&lt;br /&gt;—Y si es un problema de espacio ¿por qué no te largas?—le había preguntado él una madrugada al llegar a casa.&lt;br /&gt;Ella, incapaz de contestar, sabía muy bien que no tenía ningún otro lugar a donde ir.&lt;br /&gt;Aquella noche, Rosa lo vio salir de la ducha. Desnudo, se paró delante del espejo con forma de pez en el que se reflejaban los borreguitos de la marina colgada sobre la cama. Las gotas de agua brillantes dibujaban caminitos sobre la piel aceituna de su espalda.&lt;br /&gt;Gastón, secándose el pelo negro y áspero le había dirigido a Rosa una mirada rápida por encima del hombro. Ella estaba sentada tímidamente sobre una esquina de la cama con los ojos perdidos en el dibujo de la colcha. Y entonces, por un ridículo instante, Gastón se había acordado de los días en que esas alarmas súbitas de melancolía—urdidas, pensaba él, para llamar su atención—le habían espoleado como a un potro en celo, logrando espantarlas, desintegrarlas a golpe de amor.&lt;br /&gt;Rosa de Lima, en silencio, paseando la palma de la mano por encima del dibujo calado de la colcha, parecía haber advertido los pensamientos del que todavía era su hombre. Porque recordó las ocasiones pasadas en las que habían aparecido tristezas de menor tamaño en su vida. En cómo él había sabido reconocerlas. En el cajón de los calcetines donde ya no guardaban los preservativos, o en el vaso de los cepillos de dientes del cuarto de baño. Rosa sintió que se le abría una leve sonrisa al pensar en cómo sofocaron juntos esta última, aplastándola con los mangos de los cepillos contra el fondo del vaso y riéndose como dos niños.&lt;br /&gt;Al levantar la vista se dio cuenta de que él se estaba ajustando el nudo de la corbata italiana y comprendió. Le dieron ganas de preguntarle, de saber si se acordaba de aquello. Se vio tentada incluso de averiguar por qué ahora no era capaz de ver algo tan inmenso. Sin embargo, con voz premeditadamente dulce, apenas alcanzó a decir:&lt;br /&gt;—No sabía que salieras hoy…&lt;br /&gt;—No salgo. Trato de mantener vivo un cliente. Aquí todo está muerto.&lt;br /&gt;Lo vio marcharse con un halo de un perfume que no le conocía, sin atreverse a pedirle nada que no pareciese ya una súplica.&lt;br /&gt;Gastón, antes de salir, pasó por el cuarto de servicio y ordenó a una de sus empleadas que le diera a su esposa el doble de la dosis habitual de bromazepam. Para que durmiese hasta tarde, argumentó. La mujer amagó una protesta recordándole que el doctor había dicho que fueran rigurosos con la medicación. Pero un “haga lo que le digo” del señor de la casa fue suficiente para atajar la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el forense del equipo de atestados que asistió al extraño levantamiento del cadáver de Rosa de Lima—incrustada literalmente contra el cuadro—, no fue difícil aventurar el motivo de la muerte. Sus antecedentes de consumo de antipsicóticos y ansiolíticos, el informe del psiquiatra, y la declaración que prestó su esposo a la policía—reafirmada por la mujer con la que se encontraba aquella noche— fueron suficientes para despachar el caso como un suicidio.&lt;br /&gt;Sin embargo las empleadas de la casa, que creían más en el poder emocional de la señora que en los hechos científicos, quedaron compungidas durante semanas. Con sentimiento de culpa y sin dejar de pensar si aquella mañana no deberían haberse encargado ellas —mientras Rosa de Lima dormía hasta tarde— de abrirle todas las compuertas de la casa a esa tristeza descomunal. Aunque no les perteneciera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-598241215868316831?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/598241215868316831/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=598241215868316831&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/598241215868316831'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/598241215868316831'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2008/10/aplastamiento.html' title='Aplastamiento'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-7069093012161117784</id><published>2008-10-25T22:00:00.005+02:00</published><updated>2009-03-04T21:32:39.860+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Juegos inocentes</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De niños, ella y yo, nos repartíamos las estrellas y la luna. El sol no entraba en el juego porque era demasiado candente y a esa edad no nos permitían jugar con fuego. Después a ella las estrellas le parecieron poca cosa por su tamaño y nos quedó sólo la luna. La mitad era mía, la otra mitad era de ella. Y ahí empezaron nuestros conflictos porque ella nunca quiso entender, que por temporadas su mitad desapareciera de un momento para otro, aunque la mía también desaparecía un tiempo después. Pero ella me lo achacaba como un descuido. Se enojaba, pero nos volvíamos a contentar cuando la luna volvía a aparecer.&lt;br /&gt;Ya de grandes se enfadó conmigo la primera vez que retomamos el juego y desapareció su mitad. Nunca más me volvió a dirigir la palabra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-7069093012161117784?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/7069093012161117784/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=7069093012161117784&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7069093012161117784'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/7069093012161117784'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2008/10/juegos-inocentes.html' title='Juegos inocentes'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-4625693127273313224</id><published>2008-10-24T23:32:00.004+02:00</published><updated>2009-03-04T21:32:24.247+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ N.L.'/><title type='text'>Mariposas Amarillas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto volvió a sentir ese deseo que dormía desde hacía tiempo. Llevó siempre entre sus cosas un libro para que se lo firmara el Maestro, por si lo encontraba. «Las oportunidades pueden estar colgadas en el aire», pensaba. Pero había desistido de aquella empresa porque a cada paso la oportunidad se la llevaba el viento. Y se le despertó cuando vio al Maestro en la televisión, leyendo, en Cartagena de Indias, el discurso en homenaje a su obra cumbre, esa que permanecería al lado de El Quijote.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Sacó el libro que tenía guardado con mucho esmero. Las hojas estaban amarillentas y percudidas: era la edición peor editada de esa novela. Tal mal hecha que Amaranto había tenido que pegar varias veces sus hojas cuando lo estaba leyendo por tercera vez y aún así las hojas seguían desprendiéndose como si les hubiese llegado el otoño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;En la Ciudad Amurallada, donde suceden muchas de sus obras, no tuvo acceso al Maestro por la seguridad tan alta que habían dispuesto las autoridades locales y no se sabía si era por la presencia del escritor o por la llegada del Rey y la Reina de España, o por la presencia de un ex presidente de los Estados Unidos (quien acudió especialmente para estar con el novelista) o por las tres cosas a la vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto supo que las efemérides conmemorativas, que se prolongarían hasta finales de marzo y en las cuales estaría el Maestro, serían la ocasión que esperaba para obtener el autógrafo para su libro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Supo que el escritor haría un viaje a su tierra natal en un tren que todo el mundo insistió en llamar el tren amarillo, pero que resultó ser tan blanco como el algodón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;— Este es el momento que esperaba —pensó Amaranto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;El día que llegaba el tren, Amaranto madrugó más que de costumbre y se estacionó donde supuso que el Maestro se bajaría. En un líchigo de cabuya llevaba el libro y un lapicero y se recostó en una pared recién pintada para la visita y no parpadeó durante las horas que duró la espera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Minutos antes de que llegase el tren a la estación, todo el mundo sabía que estaba cerca porque la algarabía se hacía más intensa y la gente se apeñuscaba para ver llegar el tren con su pasajero más célebre, quien hacía muchos años no pisaba la tierra que lo vio nacer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto se dio cuenta que no podía llegar hasta el tren porque venía acompañado de un corrillo que había estado creciendo desde los pueblos aledaños y que hacía imposible acercarse. En un último relámpago de viveza corrió y se acomodó a un lado de la senda roja por dónde tendría que pasar el Maestro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Lo alcanzó a divisar cuando se apeaba del tren. Venía vestido de blanco con su liquiliqui como cuando recibió el Premio Nobel de Literatura veinticinco años atrás. Lo vio acercarse con pasos de elefante y el aire se detuvo y para atravesar cada centímetro se requería de un esfuerzo descomunal. Venía sonriente y levantaba la mano derecha para saludar a la multitud que salió a su encuentro. Todo el mundo lanzaba las manos para tocarlo o para que el Maestro los tocara. El cerco de hierro recién pintado que los separaba, crujía bajo el peso de la muchedumbre que quería manosear al Maestro. Amaranto se arriesgó a extender su mano con el libro. El Maestro como si entendiera el deseo de Amaranto, tomó el libro y se detuvo. Con elegancia sacó su pluma del bolsillo de la camisa. El bullicio cesó por un instante. La gente quedó congelada como si el escritor hubiese sacado una varita mágica. El Maestro se percató del estado en que se encontraba su obra y lo abrió con diligencia por la primera página y garabateó las líneas de rigor.  El Maestro levantó la mirada buscando al dueño del libro y se lo extendió.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto con los ojos  redondos de incredulidad y sin parpadear seguía el movimiento de su libro. Su cara se cubrió con una sonrisa de oreja a oreja. Sólo se escuchaba la respiración pesada del Maestro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;La gente había desplazado a Amaranto unos centímetros en el momento en que el escritor le iba a entregar el libro firmado. Cuando el Maestro tenía el libro aún en alto, lo soltó y todas las hojas se fueron desprendiendo y empezaron a volar como mariposas amarillas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-4625693127273313224?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/4625693127273313224/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=4625693127273313224&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4625693127273313224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/4625693127273313224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2008/10/mariposas-amarillas.html' title='Mariposas Amarillas'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6073882047465856446.post-3669251626208856581</id><published>2008-10-24T23:29:00.008+02:00</published><updated>2010-02-06T23:10:55.000+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TOMITÚ C.M.'/><title type='text'>La Ciudad Magnética</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="right"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Relato publicado en "Lugares de Paso" (II libro de la Escuela de Escritores de Madrid. 2006)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="right"&gt;&lt;span style="font-family:Trebuchet MS;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify" align="right"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Vivo en un pueblo a veinte kilómetros de Madrid. Cada tarde vuelvo a casa en mi coche. Soy como una pieza más en la procesión de la hora punta. Al llegar al desvío apenas alcanzo a ver el sol que se oculta detrás de la fábrica de cerveza. Cuando me doy cuenta de que atardece, ya es demasiado tarde para ver su movimiento. Yo sé que si no le quito ojo podría ver cómo se desliza detrás de la torre de ladrillo. Pero nunca llego a tiempo. Abajo, las luces se prenden interminables en los focos de los coches. En los farolillos de los mesones en hilera pegados a la carretera. Rutilantes, no me dejan ver las estrellas que pronto aparecerán.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;“¡Sí!, Ahora veo algo luminoso que cruza el cielo sombrío”... Pero sólo es un avión que sale de Barajas con rumbo impredecible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Me acabo el día tendida en la cama con un libro recién empezado, y me distrae una pregunta. Alguien—quizá en el trabajo— me lo volvió a decir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;—¿De dónde eres?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Esa pregunta que nunca soy capaz de contestar de una vez. Sin rodeos. Y se van emborronando las páginas del libro en mi retina que se va cerrando. Pero esas palabras ya han calado en mi memoria y se quedan reposando con la paz que trae el sueño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Cuando sale el sol en la Ciudad Magnética los viajeros se sienten atraídos por una fuerza en apariencia física. La corriente marina empuja las naves. Los vientos favorables propician su rumbo. Los caminos de arena sortean las pifias alargadas hacia el sol como queriéndolo tocar. Y caen hacia la orilla del mar, que mece la ciudad. La gravedad tira de los hombres que los transitan. En lo alto el aire frío arrastra hacia abajo el vuelo de las Craspedophoras de pico puntiagudo, las liras y las Aves del Paraíso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Es, ese lugar rodeado por las Islas de las Siete Ciudades, un sumidero. De Robinsones del pasado. De Drakes prófugos de alguna justicia. De Kon-Tikis abandonadas, que como una fantasmagoría, salen de entre la bruma del amanecer, y se acercan al puerto con los remos rendidos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Los seres de paso tampoco podemos escapar a su influjo. Desde la popa de la barcaza veo despuntar el perfil de la costa. Aflojo la escota de la vela cangreja, que mansa, se infla y se acomoda cayendo a la banda de estribor. La madera cruje bajo mis pies. Y la brisa refresca y nos empuja de empopada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;No estoy sola. Donde se pierde el cielo me acompañan Apus y Crux. Las constelaciones australes que durante toda la noche me han guiado. Mi barco no tiene brújula ni sextante. No son necesarios. Sólo necesito dejarme llevar y las puertas de los puertos de la Ciudad Magnética estarán abiertas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;La quilla corta el mar de cristal y el rumor de una tonada me llena de sosiego. Me invento un amarre para soltar la escota y camino hasta la proa. En los pies desnudos siento la tibieza del sol que calienta el maderamen y acaricia mis hombros. Me asomo por la borda: los cetus y las sirenas bailan con la espuma de sal, que salpica el casco cuando avanza. Pienso en el Kraken. Dicen los muertos que se ha tragado barcos enteros. Que la sombra de sus tentáculos se extiende en el fondo como una gran mancha. Dicen que al despuntar el día se acerca a la ciudad desde el más allá.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Respiro hondo... y sigo con detalle el vuelo de una gaviota argéntea. Tras de sí queda el perfil de la costa, y me descubre la silueta blanca de las casas bajas salpicadas con puertas y ventanas añiles. La ciudad despierta y en alguna de esas casas alguien me estará esperando. Lo sé, con la certeza del que está inmerso en un sueño y sabe que, al menos durante un tiempo, no despertará.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;La vela flamea y la falta de brisa me advierte la cercanía del puerto. Hay dos faros rayados que muestran la entrada. Uno es de jade y otro de nácar. Al cruzarlos todo es desorden: un gran fondeadero donde se mezclan los vivos y los muertos. Hay un galeón varado, acostado sobre las rocas. En lo alto veo a un marinero subido a la cofa del trinquete; los jirones de piel vieja que cuelgan de los huesos de su mano. Sostiene un catalejo dorado, acaso curioseando mi insignificancia viva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Con las velas hinchadas se acerca un clíper, elegante. La cubierta está llena de sombras que se mueven con rapidez arriando la vela del palo mayor. Tiran del trapo con sus manos de hielo y tensan drizas. El capitán debió de ser una luz que ahora se apaga al salir el sol.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Avanzo hasta la orilla y mi barca choca con la arena. Enseguida estoy caminando por el puerto de dónde me llega el olor del pescado fresco. Veo las redes en el suelo moviéndose, llenas de mújoles y castañuelas negras. Un viejo del mar está sentado en una silla tomando mate, y observa a los muchachos vaciar una barca recién llegada. M A R I S M A. Los trazos rojos están pintados con desgana en el costado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;De pronto el puerto se convierte en una calle larga que discurre junto al mar con las casas blancas al otro lado. En el suelo hay baldosas que conforman el dibujo de una hydra; mis pies juegan con sus líneas pintadas en el suelo. Acelero el paso, mi casa está cerca. Lo intuyo. Levanto la cara y me dejo embriagar por los olores del verano. El pan recién hecho. Los melocotones reventones de los vendedores ambulantes. Olores salados de mar, de viento de levante que llega de lejos. El aroma que se escapa de los jazmines que tapizan las balaustradas de las casas de playa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;La calle no se acaba y me inquieta llegar al final. Allí debe de haber una casa más alta de ladrillo rojo, que es la mía. En la vereda una fila de adelfas con flores blancas y rojas. Las rodeo zigzagueando y a mi derecha se abre, de repente, un callejón entre casas que me conduce de nuevo al mar. Me ofrece su espacio de contraluz. Me invita a pasar. Lo cruzo tocando con las yemas de los dedos las paredes encaladas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Al salir veo un quiosco de madera sobre la arena plateada. Está cerrado. A pocos metros hay un tocón de palmera con un pedazo que parece un respaldo. Las aves del paraíso sobrevuelan la playa desierta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Está atardeciendo. Busco el sol. Veo cómo se arrastra detrás de una torre de ladrillo dejando su brillo ígneo tras de sí, como el rastro de un caracol. La única condición para no ser expulsado de la Ciudad Magnética es querer quedarse. El turista, el Kraken, los Corsarios, se alejarán cuando anochezca. Los arrastrará una fuerza, en apariencia física.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Yo sumerjo mis pies desnudos en la arena caliente y camino hasta el tocón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;—¿De dónde eres?—Reverbera en mi memoria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic;font-family:trebuchet ms;" &gt;Me siento. Prefiero quedarme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6073882047465856446-3669251626208856581?l=cienmariposasamarillas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/feeds/3669251626208856581/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6073882047465856446&amp;postID=3669251626208856581&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3669251626208856581'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6073882047465856446/posts/default/3669251626208856581'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cienmariposasamarillas.blogspot.com/2008/10/la-ciudad-magntica.html' title='La Ciudad Magnética'/><author><name>tomitú</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18425839507257732219</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_4UXG95wJzao/SacdWSDbTNI/AAAAAAAAAEc/8HCKlWu9R6c/S220/IMG_0669.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
