domingo 4 de abril de 2010

La muerte de la princesa

Se apaga el sol en tus ojos de arena.
Vienes a mí con tus labios de otoño.
Buscas el fuego de mi corazón sangrado.
Sólo quedan cenizas en tu piel de quimera.
El invierno ha menguado
la sangre de mis deseos.
Te inclinas con tu última llama
y en pavesas termina tu corazón de piedra.
En la llanura la luna
es sólo un recuerdo,
y las ranas
no entonan
nuestra canción de amor.
Nada tiene de mala
tu angustia infinita,
ni tu gracia
de profunda tristeza.
Este mar ya no arropa
las olas inconstantes.
Los barcos pierden el rumbo antes fijado.
La última gaviota huye de su morada
y nuestro albatros gris
queda tendido sobre la playa.
Se apaga el sol en tus ojos de arena.

1 comentarios:

media luna dijo...

Sin duda eres el poeta con el ritmo acordado de una orquesta. Tus palabras son como esa música que consigue toda la atención. Esa música que nos abre los oídos y consigue que captemos cada isntrumento, de uno en uno, y sin embargo, todos suenan al tiempo con el ritmo acordado. Un poema lleno de poesía de la buena. De esa que se clava en el alma y no olvidas. De esas, que desearías que acabaran con el sol volviendo a iluminar esos ojos de arena.
Un beso.
Con todo mi cariño.