viernes, 24 de julio de 2009

Juegos de azar

Roque se sentó y sacó una cajita amarilla. La puso sobre la mesa donde acostumbraban a jugar a las cartas o a los dados. Siempre llegaban nuevos tahúres.
Sonreía con sorna y mostraba un colmillo dorado. Expulsaba bocanadas de humo, en forma de círculos, a la cara de los demás jugadores. Nadie se percató de la ausencia de Juaco.
Cada cierto tiempo, en medio de la juerga, Roque se pasaba de copas y revelaba el contenido de la cajita. Allí llevaba el hueso de un muerto para la buena suerte. No faltaba quien intentara hacerse con ella. Aquella vez fue “Greñaldo” quien la sustrajo.
La siguiente noche, Roque llegó con una cajita color marrón y la puso sobre la mesa. Nadie se percató de la ausencia de “Greñaldo”. Esa misma noche llegó un hombre de barba pulida y mirada sombría. Los presentes lo miraban con reverencia. Se sentó y sacó una cajita roja.